Blue Velvet dudo en ver atrás, pero lo negó, no era su orgullo si no su razón hablando «eres una chica que enfrenta peligros todo el tiempo, no tienes tiempo para el amor. Incluso no sabes lo que es querer, solo sabes los puntos débiles de un hombre apenas los ves a los ojos». Sacudió su cabeza un par de veces, tenía que alejar eso de su mente, era pura realidad, pero no quería alimentar ese dolor.
No todos los que perdemos deben de ser una pérdida necesariamente.
Es un bien que duele.
Una vez frente a la puerta, Blue Velvet hizo que sus dedos se estremecieron, se agitaran con tal velocidad que parecía que una energía luchaba por salir de sus dedos.
El suelo se estremeció cuando el gigantesco Aberrante pegó un salto llegando al laboratorio, no había bajado los peldaños, los había saltado uno por uno. El hombre a duras penas podía entrar por el corredor de lo grande que era.
Blue Velvet dio un paso atrás y este gruñó. Comenzó a correr en su dirección y Blue Velvet comenzó a lanzarles rayos en su cuerpo. Sabía que no le hacían ni una pizca de daño, pero era lo único que podía hacer.
Esta vez sus pies rozaban el suelo, estaba volando, apenas unos centímetros del suelo. Sobrevolaba el aire sin parar de lanzar los rayos. El monstruo gruñía con más potencia lleno de ira, esta vez aceleró el paso y Blue Velvet voló por los pasillos no podía lanzar rayos, no iban a funcionar, nada lo haría. Excepto...
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Guyana escuchaba como los pasos se hacían más fuertes y vivaces, el suelo se agitaba con cada paso. Aceptaba que tenía algo de miedo, pero no por estar en peligro él mismo, si no por ella. Si esa gran explosión de electricidad no logró hacerle daño, pocas cosas lograrían atravesar su coraza.
Guyana logró ver a Blue Velvet a duras penas de la velocidad en la que volaba.
—¡35, ahora! —gruñó Blue Velvet.
Guyana apuntó en dirección a la criatura que corría embestida y a su vez Lebanon, desde la otra habitación, logró activarlo. Una niebla de humo a presión emergió de la manguera haciendo que incluso Guyana se tropezara por la magnitud de aire que liberaba. La manguera se sentía fogosa, sin embargo, Guyana podía apostar que estaría hirviendo de no ser por los guantes que cargaba. Blue Velvet se encontraba flotando a sus espaldas observando como el plan resultaba a la perfección.
Se acercó un poco para estar a la misma distancia que Guyana. Ambos intercambiaron miradas llenas de esperanza e iluminados de que todo estaba a punto de terminar.
Una mano emergió de la niebla y tomó a Blue Velvet del torso, la criatura logró lanzarla por los aires provocando que se magullara contra la pared, cayó al suelo.
Algunos mechones de cabello azul se habían escapado de su coleta de caballo. Esta vez su mirada era diferente, no era diversión ni temor, era ira.
—Guyana, la otra estación ¡Ya! —Ordenó.
Incluso antes de que lograra terminar la oración ya Guyana había corrido para el otro corredor. Blue Velvet se puso de pie y esta vez disparó rayos de electricidad más grande y de una manera más veloz que la última vez. Era difícil lograr interceptar las luces de lo veloces que eran, la única manera de lograr observarlas era cuando brillaban al golpear al Aberrante.
Ambos iban renuentes a dejar que el otro ganara esta batalla. Una vez que ambos estaban a dos metros de distancia Guyana los interceptó con la manguera en la mano.
—Ahora —exclamó Blue Velvet sin parar de lanzar los rayos.
Guyana comenzó a prestar atención a la situación. Esto era lo que ella quería. No sabía qué era lo que sostenía o que contenido cargaba, pero estaba seguro de que la iba a matar. Estaba muy cerca, demasiado cerca como para salir herida.
—Blue Velvet, pero... —murmuró Guyana.
—¡Ahora! —vociferó esta.
Guyana tenía el arma apuntando. Lebanon podía escuchar todo y decidió encenderlo. Esta vez un aire gélido emanó de la manguera y la niebla los envolvió a ambos.
—¡No! —increpó Guyana.
Apartó la manguera, pero ya era demasiado tarde, la niebla se había vuelto densa y no podía distinguir qué era lo que había ocurrido. Quería adentrarse, pero el frío le quemaba la piel en las áreas descubiertas.
—¿¡Qué hiciste!? —rechistó Guyana por el comunicador.
—Lo que tenía que ser hecho —balbuceó Lebanon.
El corazón de Guyana golpeaba contra su pecho con fuerza por la ira que se acumulaba en su interior, no sabía cómo descargarla No podía culpar a Lebanon por más que quisiera, solo fueron órdenes; la única persona que podía ser culpable era Blue Velvet.
« ¿Cómo pudo ir con esa idea tan estúpida?» pensaba.
Logró ver con más claridad esta vez. Vio la enorme silueta del monstruo con las manos extendidas tratando de atrapar algo que estaba en el aire. Sin embargo, no logró alcanzarlo antes de ser congelado. La enorme criatura de bronce había sido congelada por la mezcla entre el frío y el calor. Era una buena mezcla e idea, pero absurda.
—¡Blue Velvet! —Gritó él con la esperanza de recibir una respuesta—. ¡Lissa!