Aberrantes

Capítulo 33 - Una App

Cooper traía en sus manos dos platos de Cinnamon Roll. Se sentó en un extremo del sofá y dejó uno de los platos frente a Lissa y el otro en su lado de la mesa.

Se encontraban en la mansión de los hermanos Jacob. Jay se había tomado la molestia de preparar el dulce mientras ellos salían a buscar a Lebanon. Todo el grupo se encontraba en la sala: Lissa sentada en el sofá, mientras Lebanon no apartaba la mirada de la ventana, observando el sol levantarse.

Cooper se sentó en el otro extremo del sofá y Jay permaneció de pie, cambiando los canales en la televisión de pantalla plana.

—¿Qué haces? —preguntó Cooper mientras partía un poco de su rollo de canela y lo introducía en su boca.

Lissa se mantenía centrada en su teléfono móvil. Sus dedos se agitaban velozmente y no apartaba su mirada de la pantalla.

—Buscando noticias en las redes sociales —respondió Lissa—. Todo es mejor, no es censurado.

—Bueno, eso es cierto —dijo Cooper y se encogió de hombros.

Cooper y Lebanon se habían dado una ducha para deshacerse de los disfraces. El cabello tintado y la ropa húmeda por el sudor. Cooper usaba una camiseta negra con un efecto de ondas color blancas. Lissa admitía que era una camiseta demasiado hermosa, pensaba en quitársela algún día.

Mientras que ella optó por un suéter gris, un jean negro ajustado a sus delgadas piernas y unas zapatillas blancas. Decidió estar abrigada por el clima frío que comenzaba a aparecer.

—¿No piensas comer algo del Cinnamon Roll, Jeff? —preguntó Jay observando a su hermano.

Ambos se encontraban a una espaciosa distancia. Desde que había llegado a casa lucía más acongojado, más frío. Antes era calculador, ahora parecía un hombre que había sido traicionado miles de veces. No había dicho ni una palabra.

—No tengo hambre —respondió Jeff sin apartar la mirada de la ventana. El sol reflejaba los cabellos de Jeff, incluso Jay logró notar como algunos mechones se tornaban blancos por las canas.

—Claro que tienes hambre —intervino Cooper—. No eres un robot, eres humano, debes comer y dormir. Ahora toma un bocado.

—No tengo hambre —repitió con la misma frialdad.

—¡Encontré algo! —Exclamó Lissa.

Ella se puso de pie y con su dedo índice arrastró su pantalla del teléfono hasta el televisor de gran tamaño. Todo lo que se hallaba en el teléfono, todo lo que lograba ver en su pequeña pantalla lo había arrastrado hasta el televisor. Los tres hombres mantuvieron sus rostros inmóviles cuando en realidad se encontraban sorprendidos por las habilidades de Lissa.

—No puedo creer que Twitter brinde más información que las noticias en vivo —dijo Cooper y mordió su pedazo.

—Cállate —ordenó Lissa y reprodujo el vídeo.

Era el presidente. Era una conferencia de prensa. El hombre de cabello rubio se encontraba detrás de una mesa de madera rodeada de cámaras y periodistas con teléfonos y grabadoras en sus manos.

—El día de hoy declaro que los Estados Unidos de América se encuentran en un estado terrorista —Se formó un silencio sepulcral mientras los flashes de las cámaras disparaban en su rostro—. Se ha demostrado que estos últimos días se han destruido arquitecturas y lugares públicos a manos de los Aberrantes. Anteriormente, llegamos a pensar que se trataban de accidentes, o quizás de hombres que intentaban dar una lección a las personas normales, sin embargo, al caer la iglesia, hemos podido afirmar que los Aberrantes han caído bajo con nosotros.

»Quieren que el mundo caiga a sus pies y eso no va a pasar. No podemos permitir que los hombres se creen mejores solo por ser diferentes. Por tener más poder que un hombre no lo hace un líder. Lamentamos las trágicas muertes que han sucedido. Cientos de personas heridas, más de diez muertos. No podemos soportarlo.

»Es por eso por lo que el día de hoy, decreto que se haga la ley. Y cito “Todo aquel que sea Aberrante o muestre algún tipo de Aberración en el ojo público deberá ser arrestado”.

Lissa intercambió miradas con Jeff. Ambos parecían anonadados ante tal noticia. Cooper había dejado de comer y mantenía la mandíbula abierta de la impresión. Bajó los cubiertos con lentitud y dejaba el plato encima de la mesa de cristal sin apartar la mirada de la pantalla. No estaba de acuerdo, ninguno lo estaba.

Por más peligrosos que fueron los Aberrantes, eran personas ¿Qué harían con los niños que no podían controlar sus poderes? ¿Los condenaría a cadena perpetua?

—Es por eso por lo que el día de hoy también se ha creado una aplicación —continuó hablando el presidente—, una App que está disponible para todo teléfono inteligente.

El presidente comenzó a sacar su teléfono táctil en vista de todas las cámaras, ninguno movía ni un dedo, ningún camarógrafo ni vigilante, todos parecían estatuas. El único movimiento que se registraba a través del vídeo eran los flashes golpeando contra el hombre. Miles de fotografías están siendo captadas.

—Pero una App lleva meses en crearse —comentó Cooper.

—Porque ellos ya la habían creado antes —dijo Jeff con su característica voz tan circunspecta—. Solamente esperaban un momento exacto para sacarlo a la luz. Un momento donde el pavor carcomía la razón de las personas.



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En el texto hay: poderes, peleas, aberrantes

Editado: 18.03.2026

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