Abismo: Devoradora de sombras

Capítulo 3: El debut del Halcón

[Aviso del Sistema: Evento 'Banquete de Presentación Oficial' iniciado.] Edad del Huésped: 10 meses y 3 días. Advertencia: Densidad de fluctuaciones de maná elevada en el Gran Salón. Múltiples firmas de energía detectadas.

El Gran Salón de la Fortaleza Vaelor nunca había lucido tan imponente. Las enormes antorchas de brea iluminaban los estandartes de la familia, mientras que largas mesas de roble crujían bajo el peso de asados de jabalí, fuentes de plata con frutas de invierno y copas rebosantes de vino especiado. Prácticamente toda la aristocracia del norte se había reunido allí. Condes, marqueses, jefes de clanes guerreros y magos de la corte se codeaban, moviéndose en un mar de susurros, joyas y dobles intenciones.

Todos querían ver a la misteriosa heredera que los secuestradores habían intentado robar un año atrás. Todos querían medir la debilidad de la casa Vaelor.

Qué decepción se iban a llevar.

En los aposentos principales, mi niñera acababa de ponerme un vestido de seda negra y gris, bordado con hilos de plata que formaban intrincados patrones de protección rúnica. Cuando mi padre entró a buscarme, ya no vestía su armadura de batalla, sino una imponente capa de piel de oso sobre un jubón de gala oscuro.

Se detuvo frente a mí y me miró con una reverencia silenciosa. El cambio en su mentalidad durante la última semana había sido radical. Ya no buscaba a un ángel rubio; me veía tal como era.

—Es hora, Calista —dijo, extendiendo sus brazos. Me subí a ellos, acomodando mi pequeño cuerpo contra su hombro. Mi cabello negro azabache estaba perfectamente peinado, y mis ojos grises reflejaban la luz de las velas con una fijeza sobrenatural.

Cuando las enormes puertas de doble hoja del Gran Salón se abrieron, el estruendo de las risas y la música de los laúdes cesó de golpe. Un silencio denso y expectante cayó sobre la multitud. Cientos de miradas se clavaron en nosotros mientras el Barón Vaelor avanzaba con paso firme hacia el trono del norte.

Activé disimuladamente mi [Percepción de Pulso Estándar].

Analizando entorno... Presencia hostil oculta detectada en la esquina noreste (Flujo de maná inestable, Rango D). Presencia maliciosa detectada en la mesa del Marqués de Grimwood (Rango C).

Vaya, vaya, pensé, conteniendo una sonrisa lobuna. Vinieron cargados de espías y asesinos. Qué divertido.

Mi padre se detuvo en el estrado principal y se dio la vuelta, encarándolos a todos. Me sostuvo con un solo brazo, permitiéndome quedar erguida frente a la corte.

—Nobles del norte —la voz de mi padre tronó, haciendo eco en las vigas del techo—. Les presento a mi única hija y legítima heredera de mis tierras, mis títulos y mi acero. Calista Vaelor.

En lugar de balbucear, llorar por el exceso de gente o chupar mi pulgar como cualquier bebé normal, me limité a recorrer el salón con la mirada. Mis ojos grises se clavaron directamente en el Marqués de Grimwood, y luego en el asesino oculto en las sombras de la esquina. Los miré con una frialdad tan cortante, tan madura y tan despectiva, que varios de los nobles más cercanos retrocedieron un paso, visiblemente perturbados. El murmullo que se extendió no fue de ternura, sino de pura sorpresa y temor reverente.

«Mírenla... tiene los ojos del Barón». «No es una presa fácil... es un depredador», susurraban.

Entre la multitud, una pequeña presencia llamó mi atención. Sentado junto al Conde de Sterling, el pequeño Caelum me miraba fijamente. Mientras el resto de los adultos sudaban frío ante mi mirada de "gato negro", Caelum me dedicó una sonrisa radiante, agitando sutilmente su manita en señal de saludo. Su maná, tan puro y brillante como siempre, actuó como un bálsamo que relajó la tensión de mis hombros.

Le devolví un casi imperceptible asentimiento con la cabeza antes de volver a concentrarme en las amenazas del salón. Si alguno de estos nobles estúpidos intentaba algo esta noche, mi sombra estaba lista para devorarlos enteros.

**20 minutos después**

El protocolo de los adultos era un dolor de cabeza, pero el de los niños de la alta nobleza era una tortura de proporciones bíblicas. Mi padre, pensando erróneamente que me aburriría en el Gran Salón rodeada de diplomáticos ancianos, decidió que lo mejor sería enviarme a una sala de estar contigua, un espacio más pequeño pero lujoso, destinado a que los hijos de los nobles jugaran y se conocieran.

«Haz amigos de tu edad, Calista», me había dicho con una sonrisa tosca antes de dejarme en una alfombra de felpa.

Si mis pupilas hubieran podido retraerse como las de un halcón o un gato de caza, en ese momento habrían sido tan finas como el ojo de una aguja.

La sala estaba repleta de niños de entre dos y seis años. Pero el problema no eran ellos, sino sus madres, las damas de la alta sociedad que se paseaban por el lugar como pavos reales, empujando disimuladamente a sus retoños hacia mi corralito de juegos. Sus intenciones apestaban a ambición política; querían forzar una interacción, lograr que la heredera de los Vaelor "eligiera" a uno de sus hijos como compañero de juegos para asegurar un puesto de influencia en el futuro.

—¡Oh, miren qué criatura tan... peculiar! —exclamó la Marquesa de Grimwood, arrastrando a su hijo de cinco años, un niño regordeto con un traje demasiado apretado—. Anda, Lysander, enséñale tu anillo de plata a la dama Calista. Seguro que le encanta.



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En el texto hay: magia, reencarnación, protagonista femenina

Editado: 11.07.2026

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