Abismos

Capítulo segundo

ESCRIBE VÍCTOR

 

 

¿Por qué bebes?

A las diez de la mañana de aquel lunes que daba el pistoletazo de salida a la semana, la voz de la conciencia de Joel parecía tan nítida y clara que resonaba en todos los rincones de su cabeza.

Mejor dicho, más que de su cabeza, de todo su interior.

A pasos ralentizados, seguía a duras penas la marcha.

Ese día se dedicaba en parte a efectuar largas caminatas, de esas que una resaca mal llevada puede hacerte odiar con todas tus fuerzas.

La falta de horas de sueño unida a sueños turbios hacía que los latidos del corazón de Joel se sintiesen fuertes y pesados mientras algún tipo de taquicardia aspiraba a abrirse paso hasta alcanzar un colapso en su movimiento.

 

¿Por qué bebes?

De nuevo su conciencia despertando en su interior.

El mismo interior de donde nacían los problemas que, precisamente, le empujaban a los brazos de ese mundo alcohólico que tan bien conocía.

Los psiquiatras, uno tras otro, llevaban diez años taladrándole con información acerca de las defectuosas conexiones que sostenían su red de neurotransmisores, pero eso para él era un ínfimo temblor en las profundidades del océano de su interior.

Observando por el rabillo del ojo el mar sin oleaje a la derecha del grupo que seguía con su camino, sintió como se venía abajo al asaltarle la visión de unas profundidades marinas sumidas en una negra noche.

Ese pequeño temblor provocado por el trastorno bipolar provocaba mareas terribles, que solían desencadenar en mar picada que desgastaba su energía y su ánimo a marchas forzadas.

 

¿Por qué bebes?

Esta vez tenía una respuesta para su conciencia.

Bebía para aplacar el oleaje y descansar en el islote que suponía la repetición hasta la extenuación de su música tranquila, sedante, curativa y siempre acompañada de una invitación a la reflexión.

Aunque en ocasiones, cuando la ira no podía ser aplacada, bebía para alimentar esas aguas profundas sumidas en la negra noche. Bebía para hacer crecer paulatinamente el oleaje, hasta, convertido o transformado en su propio némesis, poder arremeter contra todo y todos quedándose a solas con sus heridas. Con su dolor. Con su condena.

Con su enfermedad.

Ese ínfimo temblor que, entre otras cosas, le tenía caminando como una maldita oveja de un rebaño lisiado.

 

– Estás muy pensativo hoy... – La terapeuta que cerraba la marcha puso su mano sobre el hombro de Joel. Obtuvo un gran consuelo, básicamente por el gesto, por el hecho de que alguien allí quizá entreviese no solo que algo andaba mal en su interior... Sino que estaba devastado por avalanchas del pasado. No ese odiado pasado reciente en el que lo únicos momentos buenos se contaban por descompensaciones de una enfermedad con tendencia a la escalada anímica; sino un pasado ya casi enterrado pero con infinitas heridas aún por cicatrizar.


Miró al grupo, replegado un buen número de metros más adelante, castigado por un sol de justicia.
Escudriñó el caminar de cada uno de los integrantes.

Paula, la chica de la máscara de la simpatía que le había saludado nada más llegar la semana anterior, lideraba la marcha.

 

Arremolinados, un buen montón de chicos jóvenes parecían moscas alrededor de Aida y su amiga, que quedaban engullidas por la situación.

De pronto cayó en la cuenta.
¿Laura? ¿Remedios?
No recordaba el nombre, pero sí tenía grabada en su memoria esa chica misteriosa que parecía querer hacerse invisible. Había estado mirándole fijamente cuando tomaba un refresco en la taberna del hospital.
No había ni rastro de ella.

En cualquier caso, se sintió mal por haberse referido, ni que fuese mentalmente, como rebaño de lisiados a sus compañeros.

Agarró la mano de la terapeuta y le devolvió la caricia.

Se sonrieron y apretaron la marcha tal como Joel hizo una seña invitándola a acelerar.

 

¿Por qué bebes?

Un súbito apretón de puro fuego. Esa voz de ultratumba no era la de su conciencia. 
Se trataba de la invitación del día.
Del recordatorio de que habría oleaje esa noche.
Olas inmensas en cuya base uno olvida todo lo que promete y asevera de día.



#12154 en Thriller
#6939 en Misterio
#4958 en Suspenso

En el texto hay: psiquiatra, psicosis, saludmental

Editado: 08.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.