Abril [30] || Abril Ramez.

PRIMERA PARTE.

Siempre había odiado la escuela.

Nunca encontraba el sentido de levantarse en la madrugada para ir a encerrarte más de 7 horas con un salón conformado por gente que detesto. Incluso si mis amigas están ahí, nunca supe el por qué era necesario.

 

Eso fue, hasta que lo noté.

 

 

Siempre había sido una fanática de los deportes. Y al estar en esta nueva escuela, decidí darle una oportunidad al handball. Un deporte nuevo, pero parecido al que estaba jugando antes.

Estaba este chico, mi ex-novio. Mi "primer amor" real. Él tenía demasiados amigos, y realmente, nunca le presté atención a ninguno de ellos.

Pero un día simplemente lo noté.

Lo noté saliendo de un entrenamiento. Yo estaba con una amiga, esperándola, (pues se había tardado más de lo normal en guardar sus cosas), fue entonces que giré mi cabeza hacia un costado. Un acción la cuál ni siquiera tuve que haber hecho, porque al lado mío no había nada que me pudiera interesar.

Sólo estaba él. Tenía esta piel canela, que a lo lejos se veía sumamente suave. Una mochila color azul colgando de su hombro. Estaba riendo, mostrando sus lindos hoyuelos en las mejillas.

Yo siempre había odiado mis hoyuelos en las mejillas, pero los de él me encantaban.

Habían también otros dos chicos, a los cuáles no presté atención.

¿Cómo les prestaba atención si tenía al chico más lindo del universo frente mío?

Aquel chico estaba parado de forma extraña. O bueno... un tanto peculiar.

Su cabello, dios... estaba revuelto, y en ese tono oscuro que me cautivó de inmediato.

Me sonrojé internamente, y sentí unas inmensas ganas de saltar hacia él, abrazarlo fuertemente y llenarlo de todo el amor que pudiera darle.

 

"¿Abril?" Oí a mis espaldas.

 

Volví a girar mi cabeza. Era mi amiga. Quién me veía de manera extrañada.

Oh, no tenía ni idea del por qué mi sonrisa.

"¿Qué pasa?" Le pregunté, pues sinceramente no había oído ninguna palabra de lo que me había dicho.

"Te dije que ya vámonos." Me repitió. "¿Por qué estás como tonta mirando hacia allá?" Preguntó, y miró por detrás mío. Encontrándose con esos 3 chicos todavía bromeando y riendo.

Ella me miró, y sonrió. Sabía lo que estaba pensando.

"Ya vámonos." Dije, mientras me daba la vuelta y comenzaba a caminar lejos de la cancha.

Mi amiga se acercó corriendo a mí, riendo. "Te gusta Reynaldo, ¿verdad?" Preguntó.

Okey, claro que conocía los nombres de los chicos. Al fin y al cabo, eran amigos de mi ex.

También sabía el nombre de ese chico. Del que me había quedado mirando.

"¿Qué? Dios. No, no me gusta." Respondí. Y era cierto, no me gustaba Reynaldo. Sino su amigo.

"¿Entonces a quién veías?" Volvió a cuestionar mi amiga.

Dudé un momento en decirle. ¿Sería correcto? No. Quizás era mejor opción esperar un tiempo, pues suelo enamorarme de la gente muy fácilmente, y este podía ser otro se esos casos; así que decidí no decirle.

"Los veía a los 3. Se estaban riendo como monos, ¿no los escuchaste?" Contesté, soltando una risa, como si me estuviera burlando.

Mi amiga sonrió. "Tienes razón, se ríen como caballos."

 

Podía oír sus pisadas detrás de las de nosotras. Además de que seguían sin poder callarse con esas risas. Pero yo solamente podía oír su risa.

Escuché que se irían en un microbús. Aunque no sé cuál de los 3 era el que se iría en él.

Llegamos a la puerta de la escuela. Me senté en una banca, pues tenía que esperar a mi madre.

Vi como los 3 chicos salieron de la escuela, giraron y siguieron caminando. Hubiera deseado poder salir, pero es que no me dejaban. Además, tampoco podía seguir al chico así como así.

Suspiré.

Hace mucho no me ponía nerviosa por alguien.

Después de varios minutos. Llegó mi mamá. Salí junto a ella, y para cuando me asomé, los chicos ya no estaban en la parada de microbuses.

En todo el camino, estaba con la cabeza perdida en mis pensamientos, sólo pensaba en ese maldito chico.

¿Qué me estaba haciendo?

Cuando llegué a mi casa, me bañé y cambié de ropa. Tirándome encima de mi cama, comenzando a navegar por Tiktok.

Fue entonces cuando comenzó a sonar.

 

Que se quede el infinito sin estrellas.

O que pierda el ancho mar su inmensidad.

Pero el negro de tus ojos que no muera...

Y el canela de tu piel se quede igual.

 

No pude evitar pensar en él.

Y ahí caí en cuenta.

Quizás me estaba gustando Marcos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.