Abyssborn

Capítulo 5

Las semanas transcurrieron con una lentitud tensa, como si el tiempo mismo supiera que algo se estaba quebrando entre nosotros.

Me mantuve alejada de Eirian todo lo que pude. En cada reunión de la manada encontraba una excusa distinta: entrenamientos pendientes, lecturas atrasadas, cualquier pretexto que justificara mi ausencia. Su sola presencia me irritaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. No era solo orgullo herido. Era algo más profundo, algo que me revolvía el estómago cada vez que nuestras miradas se cruzaban.

—¿Podemos hablar? —su voz sonó a mi espalda una tarde, firme pero cautelosa.

Me quedé inmóvil un segundo antes de responder.

—Se me hace tarde para estudiar.

Intenté seguir de largo, pero su mano se apoyó en el respaldo de la silla, cerrándome el paso sin tocarme realmente.

—Oye… sé que fui algo rudo.

Giré apenas el rostro, lo suficiente para que entendiera que lo escuchaba, pero no lo miré.

—¿Eso es una disculpa?

Él dudó.

—Es… un intento.

Solté una risa seca, sin humor.

—No la acepto. Solo somos compañeros de manada, nada más.

La palabra manada dolió al pronunciarla. Porque yo había creído que significaba algo más. Había creído que implicaba protección, lealtad, pertenencia. Y, sin embargo, con él, todo parecía reducido a una formalidad incómoda.

Tomé mis cosas y me dirigí a mi habitación sin esperar respuesta.

Quise convencerme de que hacía lo correcto. Que mantener distancia era lo más sensato. Pero por las noches, cuando el silencio cubría los pasillos y nadie podía escuchar mis pensamientos, los sueños regresaban.

El descampado.

El viento helado.

Sus ojos.

Siempre sus ojos.

Despertaba agitada, con el pulso acelerado y la sensación de que había olvidado algo crucial. Advertencias susurradas en un idioma que apenas comprendía. Sombras que se extendían a mis pies. Y él, siempre él, mirándome como si supiera algo que yo aún no estaba preparada para entender.

Intentaba arrancar esas imágenes de mi cabeza durante el día, pero era inútil.

Por suerte, el viaje a Eryndor estaba cada vez más cerca. Dos semanas lejos de todo aquello. Dos semanas en la tierra de faunos, elfos antiguos, hadas y troles. El lugar que había imaginado tantas veces cuando era niña, leyendo historias a la luz de una lámpara diminuta, soñando con bosques eternos y ciudades talladas en árboles milenarios.

Quizá cambiar de paisaje también cambiaría lo que me estaba ocurriendo.

Esa noche dormí con una emoción distinta, casi infantil. Me aferré a la idea de que el viaje sería una pausa necesaria.

No sabía que sería todo lo contrario.

A la mañana siguiente, durante la selección de asientos para el trayecto, el destino decidió burlarse de mí.

Mi compañero resultó ser Eirian.

Por supuesto.

Se sentó a mi lado con una determinación silenciosa. Sus hombros tensos, su perfil serio, pero sus ojos… inquietos.

—¿Ahora podemos hablar? —preguntó, más suave que antes.

Rodé los ojos.

—A ver, dime. ¿O tal vez piensas que no merezco sentarme junto a ti?

Él exhaló, frustrado.

—Yell, escucha. No quise decir lo que dije.

Lo miré por fin. Directamente.

—Pero lo hiciste. Y quizá tenías razón. Pensé que la manada sería mi familia… —mi voz se quebró apenas, pero me obligué a continuar—. Pero contigo no quiero nada.

Un silencio espeso cayó entre nosotros.

—Yell… —susurró.

Aparté la mirada hacia la ventana. Los árboles comenzaron a desfilar ante nosotros mientras el transporte avanzaba.

—Yell… Yell…

Su voz cambió.

Ya no era firme. Era urgente.

—Yell, ¿me escuchas?

Parpadeé.

El sonido se distorsionó. El murmullo de la manada desapareció. El traqueteo del vehículo se transformó en un rugido.

Y entonces el calor.

Un calor insoportable.

Abrí los ojos.

Bosque.

Fuego.

El aire estaba cubierto de humo espeso. Las llamas devoraban los troncos con un crujido brutal. El cielo, ennegrecido. El olor a madera quemada y sangre impregnándolo todo.

Mi manada.

Mi manada no estaba conmigo.

—No… —susurré.

Bajé la vista hacia mis manos.

Estaban cubiertas de sangre.

No salpicaduras.

No manchas leves.




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