Abyssborn

Capítulo 14

Seis años después.

El mundo ya no era el mismo.

Nosotros tampoco.

Eirian, Luke, Meridia y yo habíamos comenzado como una manada: cuatro jóvenes impulsados por la convicción de que la justicia podía conquistarse con valor y lealtad. Éramos inexpertos, sí, pero también indomables. Creíamos que bastaba con mantenernos unidos para resistir cualquier oscuridad.

Nos equivocamos.

La justicia llegó, pero no como la imaginábamos en nuestras noches de promesas y estrategias. No hubo celebración ni alivio, solo cenizas. La Academia, nuestro hogar, el lugar donde aprendimos a controlar nuestros dones y a confiar los unos en los otros, quedó reducida a escombros. Sus torres, que alguna vez tocaron el cielo, se desplomaron bajo el peso de la traición y la guerra. Los pasillos que habían sido testigos de risas y desafíos se llenaron de humo, sangre y gritos.

Muchos sobrevivieron.

Demasiados no lo hicieron.

La victoria tuvo un costo que jamás podremos pagar.

Después de aquello, dejamos de ser una manada. La palabra sonaba ahora ingenua, casi infantil. Las alianzas cambiaron. Los reinos reclamaron lealtades. Cada uno de nosotros fue llamado a servir donde su poder resultaba más útil. Eirian partió con su serenidad intacta, aunque en sus ojos siempre quedó una sombra. Luke escondió su dolor detrás de una sonrisa que ya no alcanzaba a convencer. Meridia regresó al océano, convertida en algo más que una princesa: en un símbolo.

Y yo.

Yo me convertí en el recuerdo incómodo de lo que sucedió.

En la decisión que dividió destinos.

En el nombre que susurran con desprecio cuando creen que no escucho.

Dicen que fui necesaria.

Dicen que salvé más vidas de las que perdí.

Pero no dicen mi nombre con orgullo.

Seis años después, seguimos siendo cuatro aventureros… solo que ahora caminamos en direcciones distintas, cargando coronas invisibles y cicatrices que no sanan. La justicia se logró, sí. Pero en el proceso perdimos algo más valioso que cualquier reino: la certeza de que volveríamos a estar juntos.

Y, aunque el mundo continúe girando, hay algo que jamás regresará.




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