Academia de Asesinos Volumen 5

Capítulo XXII: El pasado prohibido

Impulsado por su curiosidad propia del amor por la historia, Kaizer se cubre con las sábanas y enciende la luz junto a su cama. Sostiene el libro y al abrirlo, entra en un mundo oscuro, brutal y belicoso acontecido hace muchos cientos de años.

Los textos son fáciles de leer por lo que cuando se da cuenta llega hasta la página cincuenta y una enorme ilustración entra por sus ojos y lo hace querer saber más. Es una ilustración de bestias atacando a lo que parecen ser asesinos luchando contra ellos.

Poco a poco va descubriendo algo que en las clases nunca mencionaron o explicaron:

—La noche, durante los ataques cubiertos de garras, aullidos y sangre, los todopoderosos señores de la guerra desataron todo su poder sobre el campo de batalla anunciando al bando unificado entre asesinos y mercenarios que el fin ha llegado. Los señores de la guerra superan por mucho a la coalición, pero la voluntad y fe con la que se mueven para confrontar a la amenaza del continente Frogcion, obliga a extender la matanza y no culminarla. La guerra es solo el tablero de juego para una amenaza incomprensible y descontrolada. La guerra busca ser un medio más que el final de algo. —lee Kaizer. —¿Qué significa esto? ¿hubo una guerra contra estos señores de la guerra? ¿Quiénes son? Diablos, son muchas dudas. Este libro contiene cosas que no puedo comprender. —murmura.

Su lectura es interrumpida por golpeteos en la puerta. Inmediatamente oculta el libro debajo de la almohada. Kaizer da un salto lejos de la cama y se acerca hasta la puerta. Traga saliva, nervioso.

Al llegar a la puerta, extiende su mano a la perilla y gira lentamente. Abre la puerta y ve a Doncaster frente a él con rostro serio. Está muy enojado como para dirigirse al chico con ánimo. Jamás imaginó que Kaizer fuera a infiltrarse a su oficina y robase algo que no debería saberse.

El director hace una mueca de que lo siga hasta el patio interno de la academia. Kaizer hace caso y lo sigue:

—¿Quién te ha dado permiso para que entres a mi oficina y robes cosas? —pregunta Doncaster deteniéndose en medio del patio de la academia.

Kaizer baja la cabeza con vergüenza:

—¿No vas a responder? —el director pregunta muy molesto.

—Yo…—suelta Kaizer con dudas.

—Entiendo. Tendré que suspenderte. Esas cosas no se hacen y no puedo dejar que vuelva a ocurrir. —dice Doncaster.

—¡Director, yo solo seguía esa sensación extraña! —exclama Kaizer.

—¿Huh? ¿Qué sensación? —pregunta Doncaster.

—Me desperté porque no podía dormir y fui a la cafetería a tomar algo. Cuando estaba regresando siento algo muy fuerte en el pecho. —explica el chico.

—¿Origen de la observación? Una percepción tan intensa que lo guía hasta la biblioteca. Eso es casi imposible. A menos que lo pudiera manejar con una intensidad enorme pero no parece ser consciente. Además, que lo guíe es difícil de creer. Ese nivel no puede existir. —piensa Doncaster.

—Director, ¿Qué me está pasando? —pregunta Kaizer con preocupación.

—No es nada por lo que debas preocuparte, pero por lo que dices, entraste a la oficina y encontraste la biblioteca. Debo pedir que no le digas a nadie sobre eso y por favor, entrégame el libro que tomaste. —pide Doncaster extendiendo su mano. —Por el momento, lo mejor es que no indague en su origen de observación y además…tengo que evitar que haya leído más de la cuenta.

Kaizer suspira. Se da media vuelta y encara de regreso a su cuarto en busca del libro. Sin embargo, se detiene y con firmeza le responde al director:

—No.

—¿No? —exclama Doncaster.

—Hay cosas que no nos dicen y en ese libro se menciona una guerra ancestral. Tenemos que saber porque no quieren decirnos. ¿Quiénes son los señores de la guerra? ¿Qué son las quimeras? ¿Por qué nos aliamos a los mercenarios? —pregunta Kaizer.

—Kaizer, entrégame ese libro o…no me quedará de otra que suspenderte de manera indeterminada. Caso contrario, voy a expulsarte. —advierte Doncaster con mucho dolor por tener que recurrir a eso.

Escuchar esas palabras golpea su pasión por la historia y los recuerdos que forjó en la academia durante casi dos años. Si entrega el libro, estaría traicionando su convicción y determinación por saber que se oculta de la historia, pero si no lo hace, dejará de pertenecer a la academia y sus amigos quedarán devastados.

Doncaster espera impaciente la respuesta del chico.

En silencio, el chico se aleja caminando en dirección a su cuarto. Busca debajo de la almohada el libro y lo toma con su mano. El director espera afuera de brazos cruzados y expresión dura pero internamente se arrepiente por haberlo amenazado con tal brutalidad, pero sabe que no se rendirá y que pronto buscará respuestas de una manera más osada digna de alguien de su edad por lo que estará listo para ello.

Kaizer sale con el libro en mano y se lo entrega en silencio:

—Sea lo que hayas leído, son cosas que aún no estás preparado. Nadie lo está. Te aconsejo que lo olvides…por ahora. —aconseja Doncaster.

—Director. —suelta Kaizer.

—¿Sí? —responde el director.

—Al menos dígame porque nos ocultan estas cosas. ¿Acaso no merecemos respeto? ¿somos tan poco confiables? Todos los días demostramos que somos capaces de dar más y más, pero aún así buscan evadir nuestras preguntas. Nos siguen viendo como niños y eso es frustrante. ¿Acaso no quieren que nos convirtamos en personas fuertes? —increpa con calma Kaizer.




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