Academia Noctis

La carta que nadie debía recibir

Primera parte: Los hilos invisiblesCapítulo 1La carta que nadie debía recibir

La lluvia caía con la paciencia de los inviernos eternos sobre el pequeño pueblo de Valdoren. Las calles, estrechas y silenciosas, parecían olvidadas por el tiempo. Las fachadas de piedra, cubiertas de hiedra, apenas conservaban el color bajo el cielo gris que anunciaba otra noche de tormenta.

Elara observaba el mundo desde la ventana de la vieja librería donde trabajaba desde hacía tres años.

Siempre había sentido que no pertenecía a aquel lugar.

No sabía explicar por qué, pero desde niña tenía la extraña sensación de que el mundo escondía algo justo delante de sus ojos. A veces veía destellos dorados cruzando el aire. Finos hilos luminosos que aparecían durante apenas un segundo antes de desaparecer.

Cuando hablaba de ellos, todos sonreían con lástima.

—Tienes demasiada imaginación —le repetía su abuelo.

Con el tiempo dejó de mencionarlos.

Aquella tarde la lluvia había mantenido vacía la librería. Solo el tic tac del enorme reloj de pared rompía el silencio mientras Elara ordenaba antiguos volúmenes cubiertos de polvo.

Fue entonces cuando ocurrió.

Tres golpes.

No fueron fuertes.

Ni rápidos.

Fueron precisos.

Como si quien llamara conociera exactamente el ritmo que debía seguir.

Elara abrió la puerta.

No había nadie.

Solo la lluvia.

Y, sobre el felpudo de piedra, descansaba un sobre negro.

No tenía sello.

No tenía remitente.

Ni siquiera estaba mojado.

Lo recogió con cuidado.

El papel era extraño, suave como la seda y más frío que el hielo. En el centro, un sello de cera plateada mostraba el dibujo de un telar rodeado por una constelación de estrellas.

Cuando rozó el emblema con la yema de los dedos, un escalofrío recorrió su espalda.

El sello se abrió por sí solo.

Dentro solo había una hoja.

Ninguna dirección.

Ninguna explicación.

Solo unas palabras escritas con una tinta que parecía cambiar entre el plata y el oro.

Elara.

Has visto los hilos desde antes de aprender a caminar.

Ha llegado el momento de comprender por qué.

La Academia Noctis te espera.

No respondas a esta carta.

Simplemente síguela.

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

Jamás había contado a nadie lo de los hilos.

A nadie.

Le dio la vuelta al papel.

Estaba completamente en blanco.

Entonces ocurrió algo imposible.

Un fino hilo dorado surgió lentamente del borde de la carta.

Flotaba en el aire como si no obedeciera a ninguna ley conocida. Se movía con delicadeza, iluminando la habitación con un resplandor tenue.

Elara retrocedió un paso.

El hilo avanzó.

Parecía invitarla a seguirlo.

En ese instante, el viejo reloj de la librería dejó de sonar.

El viento cesó.

La lluvia desapareció.

El mundo entero quedó suspendido en un silencio absoluto.

Solo existía aquel hilo.

Y una voz, apenas un susurro, que parecía llegar desde muy lejos.

—El destino lleva demasiado tiempo esperándote.

La campana de la puerta sonó de repente.

Todo volvió a la normalidad.

La lluvia golpeaba otra vez los cristales.

El reloj marcaba las siete.

El hilo había desaparecido.

Pero la carta seguía entre sus manos.

Y, por primera vez en toda su vida, Elara comprendió que aquellos destellos que había visto desde niña nunca habían sido fruto de su imaginación.

Eran una llamada.

Y acababa de responder a ella, aunque todavía no hubiera dado un solo paso.




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