La Academia Sol y Luna
La historia del mundo podía resumirse en tres constantes:
la luz, la oscuridad… y las peleas entre humanos y demonios.
Durante siglos, ambas razas habían intentado aniquilarse con una dedicación casi admirable. Guerras, traiciones, invasiones, tratados rotos y promesas olvidadas llenaban los libros de historia. Sin embargo, con el paso del tiempo, algo inesperado ocurrió.
Se cansaron.
No de odiarse.
Eso seguía intacto.
Sino de perderlo todo una y otra vez.
Así nació la Academia Sol y Luna, una institución creada con un objetivo tan ambicioso como incómodo: enseñar a humanos y demonios a convivir.
La academia no distinguía razas. Enseñaba historia, magia, combate, política y supervivencia en el mundo moderno. En teoría, era un símbolo de paz.
En la práctica… era un campo de batalla con horarios de clase.
Las peleas entre estudiantes eran tan comunes que los profesores ya no gritaban “¡silencio!”, sino “¡no destruyan el ala oeste otra vez!”. Aun así, había dos nombres que siempre aparecían juntos en los reportes disciplinarios.
Lucius Valley y Luna Skay.
Representantes oficiales de sus respectivas razas de primer año.
Y enemigos declarados.
Lucius Valley era el príncipe del reino humano. Alto, elegante, de sonrisa impecable y con una confianza tan exagerada que rozaba lo insultante. Caminaba como si el mundo fuera suyo… porque, técnicamente, algún día lo sería.
Luna Skay, por otro lado, era la princesa del reino demonio. De carácter fuerte, mirada afilada y una paciencia peligrosamente corta. No creía en etiquetas humanas como “damisela” o “delicadeza”. Prefería los puños, las palabras directas y las victorias rápidas.
Desde el primer día en la academia, quedó claro que el universo no quería que se llevaran bien.
Discusiones en clase.
Competencias que terminaban en desastres.
Insultos disfrazados de comentarios educados.
"Los humanos son todos iguales", dijo Mona con los brazos cruzados, "Presumidos e inútiles"
"Curioso", respondió Lucius con una sonrisa, "Yo pensaba lo mismo de los demonios, solo que más ruidosos y sucios"
Pero el verdadero problema no era solo su rivalidad.
Era el compromiso.
Por una antigua promesa política, los padres de ambos...
El emperador de la humanidad y el rey demonio.
Habían acordado un matrimonio entre sus herederos. Una unión que simbolizaría la paz definitiva entre razas.
Cuando Lucius y Luna se enteraron, la reacción fue inmediata.
"¡Si quieren matarme díganlo directamente!"
"¡Preferiría estar en eterna tortura que estar con él!"
Sorprendentemente, sus padres no los obligaron.
En lugar de eso, les hicieron una propuesta.
Si al terminar la academia, los dos seguían rechazando el matrimonio, el compromiso sería cancelado sin consecuencias.
Pero si, por decisión propia, aceptaban… entonces el destino quedaría sellado.
Lucius estaba completamente tranquilo.
Luna lo mismo, igual de confiada.
Para él, ella era una chica grosera, violenta y cero femenina.
Para ella, él era un narcisista arrogante, mujeriego y desesperante.
No había forma alguna de que algo naciera entre ellos.
Mientras caminaban por los pasillos opuestos de la academia, ambos pensaron exactamente lo mismo, con idéntica convicción:
'Nunca me enamoraré de alguien como ella'
'Nunca me enamoraré de alguien como él'