Academia Sol y Luna

Enfrentamiento

¿Qué era lo que se necesitaba para nunca relacionarse con una persona en específico?

Simple.

Alejarse de esa persona, obviamente.

Pero en un lugar donde tendrán que pasar los siguientes cinco años relativamente juntos... claramente no es posible.

Eso es algo que tanto Luna como Lucius sabían. Por lo que solo pudieron hacer una cosa.

Tener el mínimo contacto y fingir que el otro no existía.

Sabían que solo tenían que negar el matrimonio al final, algo demasiado fácil.

Pero... tenían miedo de algo.

Un miedo que fue inculcado en sus corazones años antes.

Sus madres, desde chiquitos, les contaban historias de como un chico y una chica que se odiaban al principio, se enamoraban al final.

Y no fue una sola voz.

Cada noche, antes de dormir, sus madres les contaban una historia diferente... aparentemente.

No importaba si la historia era dulce o perturbadora. No importaba si hablaba de reinos felices o de tragedias sangrientas.

En serio, incluso les contaban cosas explícitas como desmembramientos y torturas insanas.

Pero aun así, la historia siempre terminaba con dos personas que antes se odiaban y al final se amaban. Para luego vivir felices para siempre, de alguna manera.

También los protagonistas siempre tenían alguna clase de diferencia de algún tipo.

Plebeyo y duquesa.

Princesa y un ogro.

Víctima y su verdugo.

... Ya no se me ocurren más ejemplos, pero esa es la idea.

Pero lo realmente curioso es que tanto Lucius como Luna nunca escucharon ese tipo de historias teniendo de protagonistas a un humano y un demonio.

Con toda la curiosidad del mundo, ambos les habían preguntado a sus madres la razón de eso.

Pero ninguna de ellas respondió directamente.

En vez de eso, preguntaron...

"¿Tú crees que es posible que un humano y un demonio puedan amarse al final?"

Ambos, con ojos grandes y brillantes, llenos de inocencia infantil, respondieron...

"¡No! ¡Humanos y demonios son enemigos jurados! ¡En especial esa Luna que dice que me quede con ella pero no quiere jugar conmigo!"

"¡No! ¡Demonios y humanos son enemigos jurados! ¡En especial ese tonto de Lucius que solo quiere jugar y no me presta atención!"

Ambas madres suspiraron con resignación... y algo más.

Curiosamente no los corrigieron en absoluto.

Aunque Morgan y Mona ya no les cuentan historias, porque según ellos ya están grandes... aún recuerdan muchas de ellas.

Y temen tener ese tipo de final.

Por eso decidieron por sí mismos no hablar con el otro, no mirarlo ni mencionarlo. Y, si obligatoriamente se encuentran, solo tienen que fingir que son otras personas.

Y así, por cinco años.

Es un buen de tiempo, lo tienen claro. Pero eso solo hace que sus voluntades sean más fuertes.

Además, que las probabilidades de estar en la misma clase son bajas. Y estaban seguros de que el director no quiere que los dos que ocasionaron problemas el primer día volvieran a causar aún más problemas al estar en la misma clase.

Luna caminaba por los pasillos rodeada de sus seguidores.

"La señora Luna se ve muy hermosa hoy"

"Es una pena que no estemos en la misma clase"

"¿Por qué tenemos que compartir lugar con esos humanos?"

"Según para llevarnos mejor, qué estupidez"

"Sería mejor tener la academia solo para nosotros"

"Esperemos que ese príncipe no esté en la misma clase que nuestra princesa"

"Jajaja, ¿te imaginas?"

La academia se divide en cursos y clases.

Los cursos van del E al A, siendo el A el último año.

Y cada curso tiene cinco clases.

La clase de Luna era la 3, en otras palabras, E3.

Luna estaba confiada, las probabilidades estaban a su favor. Y dejando de lado a ese imbécil... tenía un objetivo.

Vencer a su madre.

Claro que lo que quiere es ser la reina demonio, pero por derecho propio.

Para lograr eso, se propuso derrotar a su madre. Si no puede hacerlo, entonces no tiene derecho de ser reina y se lo ofrecería a su hermano menor.

Mientras pensaba, llegó a su clase. Sus seguidores se inclinaron antes de alejarse. Ahora, completamente sola, abrió la puerta con una mirada seria.

Y al abrirla, sus ojos temblaron. Dio un paso atrás para ver la placa que decía cuál clase era.

E3.

No había equivocación.

Entonces...

'¡¿Qué hace ella aquí?! ¡¿Cuáles son las probabilidades?!'

Los ojos temblorosos de Lucius se encontraron con los temblorosos de Luna. Incapaces de reaccionar por unos segundos, hasta que ambos pensaron en la respuesta.

Sus madres.

Ellas debieron decidir esto desde el principio.

'¡Esas brujas!', ambos pensaron al unísono.

Por favor, no hablen o piensen mal de sus madres. Claro, estas se lo merecen, pero solo un poquito. No sean malos con mis reinas.

Antes de reaccionar de manera violenta, ambos recordaron el plan que habían hecho para sí mismos.

Lucius alejó su mirada de ella y siguió pensando en ceder su puesto de futuro emperador a su hermana menor. Para él, alguien muy ocupado, ser emperador era todo un fastidio, así que estaba pensando en una manera creíble y conmovedora de hacer parecer que quiere y merece el puesto, pero luego pasa alguna tragedia trágica que impide eso. Haciendo que la gente llore por él.

Y no importa como lo piense, fingir su muerte era la única manera correcta de hacerlo.

Pero para llegar a eso, tiene que preparar muchas cosas.

Parece que estará muy ocupado durante todo este tiempo.

Una sonrisa astuta se dibujó en su cara, hasta que se dio cuenta del silencio que había en el lugar. Se dio cuenta que todos miraban en su dirección de manera tensa.

Sin saber qué sucedía, sus ojos rodaron y captaron algo a su costado.

A su lado, estaba una joven de la misma edad, cabello negro, ojos rojos sangre y orejas puntiagudas. En su cabeza destacaban dos cuernos carmesíes, así como una cola con punta de flecha del mismo color.




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