—Nadie merece ser infeliz por toda su vida, Sanemi— dije mientras miraba al frente y caminaba con su ayuda— Después de un momento te acostumbras o aprendes a lidiar con eso, no puedes vivir en el pasado para siempre.
—No entiendes— dijo mientras me sostenía con firmeza.
—No, no lo entiendo— lo miro— Y no planeo mentir con eso— miro al frente de nuevo y suelto un suspiro— Sanemi, escúchame. No debes confundirte nunca entre saldar cuentas y torturarte a ti solo por acontecimientos que sucedieron porque sí— le dije y siento cómo su corazón comienza a palpitar con más fuerza.
—Podría haber evitado muchas cosas— dijo esta vez en un susurro al notar la presencia de sus compañeros detrás de nosotros.
—Yo también podría haberlo hecho— susurro igual que él y lo miro de nuevo— Recuerdo todo lo que sucedió el día que fui transformada y no es nada lindo. Sin embargo, tuve que aprender a lidiar con mis problemas y con lo que sucedió.
—¿Tú los mataste?— preguntó y supe perfectamente a lo que se refería con esa pregunta.
—A mi hermano menor— dije sin dudarlo y trago saliva ante su mirada penetrante— Cuando entré en razón, tenía su cadáver en mis brazos.
La imagen completa pasa por mi cabeza y no puedo evitar estremecerme con tan solo recordarlo, pero luego muestro una sonrisa forzada y me obligo a relajar mi cuerpo para dejar que él me maneje con más facilidad. Miro hacia adelante y entrecierro los ojos, siento la picazón en mi nariz y poco después siento cómo mis ojos comienzan a arder en un claro deseo de querer romper en llanto ahí mismo.
La mano de Sanemi se aprieta en mi cintura y me acerca más contra él. Al dejar mi cuerpo más flojo, él lograba moverme y moverse con más facilidad con mi peso sobre uno de sus costados.
Siento su mirada momentánea en mí y rápidamente bajo la cabeza, provocando que mi pelo cayera a los costados de mi rostro y me cubriera de su mirada. Parpadeo un par de veces seguidas para intentar disminuir las lágrimas que se acumulan en mis ojos, pero lo único que consigo es que estas comiencen a caer.
Aprieto los dientes y me obligo a mantenerme relajada mientras sigo recuperando fuerzas de a poco mientras camino con ayuda de él, pero una mano toca suavemente mi espalda y me muerdo el labio cuando siento que mi pelo es apartado de mi rostro para quedar expuesto ante los ojos reflexivos del pelirrojo.
—Si tienes que llorar, entonces llora— dijo suavemente el pelirrojo— Los demonios hacen cosas de las que se arrepienten— él deja caer mi cabello de nuevo— Sanemi-san puede que se torture a sí mismo como dices, pero tú te torturas a tu manera también.
Siento una mano en mi cabeza y no puedo evitar querer llorar aún más al recordar que mi hermano solía molestarme revolviendo mi cabello, sabiendo que eso me molestaba mucho en ese momento, pero debo admitir que ahora extraño esa acción.
—Hacer como si nunca hubiera pasado no te ayudará— la voz de Rengoku retumba en mis oídos.
La verdad es que no entendía por qué me ayudaban tanto, ellos no me conocían y no sabían si yo querría comerlos en veinticuatro horas, pero aun así estaban ahí, intentando consolarme.
—No lo entiendo— dije con la voz quebrada— ¿Por qué me ayudan tanto?
—No lo sé— Rengoku respondió honestamente— Tal vez la llegada de Nezuko nos ayudó a entender que no todos los demonios son monstruos.
—Aparte, Tamayo y Yushiro son demonios también— dijo Tanjiro y yo lo miro.
—Tamayo, ¿eh?— dije rápidamente mientras miraba al frente aún con los ojos ardiendo mientras contengo mis lágrimas— Hace mucho que no escucho ese nombre.
—¿La conoces?— preguntó Tanjiro con una cara de asombro, mientras que su hermana menor me mira atentamente en espera de una respuesta.
—Solo la vi un par de veces— dije siendo honesta— No suelo hablarme con otros demonios, mayormente son desconfiables incluso si tú eres igual que ellos— miro a Tanjiro y sonrío, por fin mis ganas de llorar habían desaparecido por completo— Prefiero ahorrarme más problemas de los que ya tengo.
—Muzan...— él se queda callado por un momento, intentando encontrar las palabras adecuadas— ¿Por qué estaba aquí?
—¿No lo saben? Pensé que todos los cazadores de demonios estaban al tanto de las acciones de Muzan— dije sorprendida.
—¿Saber qué cosa exactamente?— dijo Rengoku, su típica sonrisa amistosa había desaparecido por completo.
—No estoy muy al tanto porque me he mantenido lo más lejos posible de él, sin embargo...— me suelto de Sanemi y comienzo a caminar por mi cuenta, algo lento, pero estable— Él ha transformado a varios humanos en demonios para ver si alguno puede subsistir bajo el sol— los miro mientras camino más estable— Él posiblemente me estuviera buscando a mí o posiblemente a Nezuko.
—¿¡A Nezuko dices!?— dijo Tanjiro sobresaltado.
—Estábamos al tanto sobre las transformaciones y del motivo, pero no que él estaba detrás de esos demonios— dijo Rengoku mirándome mientras me ve caminando con normalidad por fin.
—A los que no le sirven los ejecuta— dije secamente mientras lo miro de reojo— Estoy intentando no ser la próxima y tenemos que intentar que Nezuko tampoco sea la próxima— recuerdo lo que dije anteriormente— Y, en sí, arreglando un poco lo que dije de ejecutar, no es tan así. Es decir, los lanza al sol para ver si son capaces de resistirlo.
—Mierda...— Sanemi queda con expresión atónita.
—¿Te sorprende?— pregunté mientras lo miro de reojo también— Muzan es capaz de todo para obtener lo que quiere— miro al frente con las cejas fruncidas— Pero lo que no sabe es que yo soy igual que él y, por el momento, no tengo la intención de morir— miro hacia ellos nuevamente— Tanto sea en sus manos o en las de un cazador.
Los cuatro me miran, pero no dicen nada ante mi comentario. Está claro que ellos saben que no estoy bromeando con lo que acabo de decir.
—¿Y qué pasará si Ubuyashiki-sama decide lo contrario?— preguntó Sanemi mientras me mira caminar delante de ellos.