Acompañante nocturno

CAPITULO 6

Después de unas buenas horas de sueño, aún sin ser de noche, me mantengo encerrada en mi habitación, escondida de la luz del sol. A mi lado, sentado en el suelo y con la cabeza apoyada en la cama, está Sanemi, sumido en un sueño profundo todavía.

Mis dedos se mueven y se frotan entre sí, mostrando la enorme energía que tengo en el cuerpo. La verdad es que tengo ganas de ir y prender la luz para por fin dejar la oscuridad, pero eso despertaría a Sanemi y parece que realmente necesita dormir, ya que debajo de sus ojos hay tremendas ojeras.

Suavemente acaricio su cabeza y este se mueve ligeramente. Ciertamente, lo había hecho a propósito, aunque parecía que necesitaba las horas de sueño, yo estaba realmente harta de estar en la oscuridad y durmiendo.

Sanemi abre los ojos, emitiendo un sonido de fastidio por ser despertado. Sin embargo, él se relaja ante mi toque.

—Voy a prender la luz, ¿sí?— le informé mientras este disfrutaba de mis caricias.

Siento cómo este asiente, aún medio dormido, y me levanto de la cama. Prendo la luz. Sanemi frunce las cejas y cierra los ojos, emitiendo un sonido. Este se impulsa con los brazos y se sienta en la cama, aún con los ojos cerrados, intentando adaptarse a la luz.

—¿Estás bien?— le pregunté con voz burlona.

—¿Puedes dejar de molestarme de una vez?— preguntó con los ojos entreabiertos, luchando por tenerlos abiertos.

Suelto una carcajada y la sonrisa de Sanemi se extiende por su rostro. La verdad es que mi risa solía ser bastante contagiosa, incluso para mí misma.

Sanemi se recuesta en mi cama y me mira, pero yo no logro evitar quedarme quieta en mi lugar. Camino o doy pequeños saltos, intentando deshacerme un poco de mi energía.

—¿Quieres ayuda para deshacerte de tu energía?— preguntó rápidamente con una sonrisa burlona.

Detengo abruptamente mis pequeños saltos al captar su doble sentido. Mi cabeza se gira hacia él con rapidez y mi boca se abre con asombro. Se me había hecho muy sorprendente que Sanemi dijera algo de ese estilo. Siempre estaba con cara de fastidio e ignoraba todos los comentarios de doble sentido y se quedaba en su molde. Sin embargo, esta vez había dicho algo subido de tono por cuenta propia y no pude evitar sorprenderme ante su comentario repentino.

—Qué raro— dije aún aturdida, y la sonrisa de Sanemi aparece de nuevo, claramente divertido ante mi reacción— ¿Estás bien?— pregunté burlona mientras me acercaba a él.

Él por fin comienza a reírse y yo sonrio sin poder evitarlo. Mi risa se une a la suya y él tira de mí, tirándome a la cama junto con él. Yo me río un poco más fuerte y le doy con la almohada, haciendo que este se queje.

Sanemi se apoya en un codo y se abalanza hacia mí. Su boca se abre cuando acerca su rostro a mi brazo y no puedo evitar soltar un pequeño grito mientras me retuerzo e intento alejarme para que no me muerda.

—No te he mordido yo y me vas a morder tú— chilló mientras me hago una bolita.

La risa de Sanemi se escucha y este se apoya en mi brazo, completamente tentado. Su risa no cesaba y se me contagiaba mientras intentaba mantenerme seria, pero obviamente era imposible.

—No puedes decir eso y esperar a que no me ría— decía entre risas mientras intentaba calmarse.

—Pero...— la risa me gana y comienzo a reír junto con él— No pensé que te reirías así.

~~~~~~~~~~~~~~

Horas después, por fin logro salir de la habitación sin que el sol me dé y me desintegre en pedazos. Cuando camino por los pasillos, todos se van por otro lado o, incluso si pasan por mi lado, pasan prácticamente corriendo para alejarse lo más rápido de mí. La verdad, no me importaba en lo absoluto porque, si yo fuera ellos, también lo haría. Sin embargo, también debo admitir que me hace sentir ligeramente triste.

Ignorando el comportamiento de todos a mi alrededor, me dirijo al patio y las estrellas me reciben cuando salgo a la superficie.

Respiro el olor de las flores. Sin embargo, el olor a glicinias me hace fruncir las cejas.

Miro a mi alrededor sin intenciones de encontrar las asquerosas glicinias, pero el sonido de alguien tocando los cristales para llamar mi atención me hace girar hacia atrás.

—¿Te molesta el olor a las glicinias?— pregunta mientras se sentaba en el suelo.

—Por fin dejaste de verme con mala cara— dije mientras lo miraba desde mi lugar.

—Tengo mis motivos para desconfiar de los demonios, T/n— dijo mi nombre como si nada, mientras que su mirada me escaneaba rápidamente.

—Primero que nada, ¿cómo sabes mi nombre?— dije levantando un dedo— Y segundo— levanté un segundo dedo— yo también tengo motivos para desconfiar de ti y, aun así, no te he mirado de mala gana.

Este se queda callado por un momento, sabiendo bien que yo tenía la razón. Sin embargo, suelta un suspiro y asiente con la cabeza, sin negar la realidad.

—Supongo que tienes razón en eso— dijo sin poder negarlo— No lo voy a negar.

Uno de los Hashira pasa por al lado del que me está hablando. Él se para al instante al verme en el patio y me mira de arriba abajo y sonríe. Sin embargo, no sé distinguir bien si su sonrisa era verdadera o falsa.

—¿No te hace mal el olor a las glicinias?— pregunta aún con su sonrisa amable.

—Cuando era humana, y por lo poco que recuerdo, he sido sometida a todo tipo de venenos, haciendo que mi cuerpo tenga cierta inmunidad— la miro mientras me acerco a ella— No sé exactamente si seré inmune a las glicinias si entran a mi sistema, pero desde que me convertí soy capaz de acercarme a ellas sin problemas.

—Shinobu— ella mira hacia atrás con un poco de sorpresa, intentando procesar la información que le di— ¿Por qué le preguntas eso?

—Nada serio, solo tenía curiosidad— señala una parte específica del patio, seguramente donde se encontraban las glicinias— Mayormente, los demonios normales no podrían salir al patio.

—Pues, tus preguntas dan de qué pensar— dijo rápidamente mientras por fin lograba verlo, gracias a que por fin se pone en mi campo de visión— Tú no sueles preguntar cosas sin más, ¿Qué tramas?



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En el texto hay: #amor, #demonios, #kimetsunoyaiba

Editado: 02.10.2026

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