Acordes De Guerra

4-ANTES DE LA FAMA

Gael Navarro tenia nueve años la primera vez que entendió que el cantar podría traerle silencio.

No aplausos

Silencio.

Su casa nunca fue tranquila. No había golpes, pero había palabras que dolían más. Su padre no gritaba; sentenciaba. Su madre no discutía, soportaba.

-El talento no sirve si no te hace mejor que los demás -le repetía su padre mientras afinaba la guitarra que tenía en el comedor.

Gael no quería ser mejor.

Quería que dejaran de discutir.

La primera vez que canto en publico fue en el festival de la escuela. No por pasión. Canto solo por aumentar su calificación.

Canto una balada vieja que su madre escuchaba mientras hacia aseo de la casa.

Y cuando termino…

Hubo algo que no existía en casa.

La gratitud.

Una gratitud limpia, sin reproches, sin compasiones.

Su padre lo miro diferente desde ese dia.

No con cariño.

Con calculo.

-Tienes algo -dojo.

Eso fue el inicio.

No de un sueño, de una expectativa.

A los catorce ya tenía maestra de canto.

A los dieciséis, casting tras casting.

A los dieciocho, contrato.

Pero no fue suficiente.

Si quedaba en segundo lugar en un ranking, su padre le enviaba la captura de pantalla.

Si una canción debutaba en el puesto tres, preguntaba porque no era número uno.

Gael aprendió algo antes que su técnica vocal.

Que perder no era una opción.

Porque perder significaba volver a esa casa donde vivió una infancia muy incómoda.

Por eso odiaba a Emilia.

Porque ella no competía.

Ella cantaba como si no necesitara ganar.

Y eso lo desquiciaba.

La noche después del mensaje anónimo, Gael no fue al estudio, fue a casa de sus padres.

No aviso.

Su madre abrió la puerta con la misma sonrisa contenida de siempre.

-Pensé que estabas grabando.

-Lo estoy -dijo Gael.

Su padre estaba en la sala, viendo las noticias de espectáculos.

La pantalla mostraba el hashtag del momento.

#LaGuerraSuena.

-Buen movimiento de marketing -dijo sin mirarlo. -Pero cuidado.

-Esa chica tiene carácter fuerte.

No dejes que te opaque.

Ahí estaba, la palabra.

OPAQUE.

Gael apretó la mandíbula.

-No compito con ella.

Su padre alzo la vista y le dijo.

-Siempre compites, no me digas estupideces.

Al llegar Gael a su departamento, abrió el archivo del nuevo sencillo.

Escucho la parte donde sus voces se juntan.

Por primera vez en años no pensó en rankings.

Penso en cómo se sintió.

Inestable.

Vulnerable.

Real.

Y eso le dio escalofrió.

Porque para él, ganar siempre fue sencillo. Pero sentir no.

Al día siguiente, la disquera confirmo el streaming en vivo.

Emilia respondió con un simple:

“Perfecto”

Sin emojis, sin nada más.

Gael sostuvo el teléfono varios segundos antes de escribir.

“Ensayamos mañana.”

Ella tardo tres minutos en contestar.

“No llegues tarde.”

Sonrió sin darse cuenta.

No porque fuera amable.

Si no porque fue la primera vez que alguien en la industria no lo trataba como solamente una marca un objeto.

Y eso, más que cualquier crítica, lo desestabilizaba.

Camino hacia donde estaba el piano, y empezó a tocar, en vez de buscar un acorde menor inestable, agrego una nota más.

Gael empezaba a entender que no estaba luchando contra Emilia.

Estaba luchando contra su idea de no ser el mejor. Por primera vez.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.