Pasaron dos días de aquella cachetada.
Cuando al mismo tiempo vibro y sonó el celular de ambos.
Cita para una video llamada a las once am para un asunto importante del disco.
La disquera no estaba pidiendo paciencia, estaba pidiendo resultados.
Ocho canciones estaban listas. Grabadas.
Mezcladas, faltaban solamente dos.
Solo dos.
Pero una de ellas sería el sencillo principal. La que abriría el disco. La que llevaría sus nombres juntos en cada plataforma.
Y no la tenían.
-No podemos seguir retrasando esto -dijo el productor en la video llamada-. El escándalo nos está dando números. Hay que aprovecharlo.
Gael nos respondió.
Emilia tampoco.
-Se van tres días -dijo en presidente -.
Mazamitla. Sin prensa, sin distracciones. Entregan las dos canciones o la campaña cambia.
Eso sonó a amenaza.
Dos horas después estaban en carretera.
El cielo estaba gris, la niebla aparecía entre los árboles. El frio por los bordes de la ventana, aunque estuviera cerrada.
No hablaron mucho en el camino.
No estaban peleados.
Pero tampoco estaban cómodos.
La cachetada no había sido mencionada otra vez.
Y eso pesaba.
Mazamitla los recibió en silencio.
Calles empedradas, casas blancas con techos rojos, kiosco en la plaza. Pinos altos alrededor como si protegiera el lugar del resto del mundo.
Era otro ritmo, nada que ver con la ciudad.
Se instalaron en una cabaña a las afueras del pueblo, madera oscura, chimenea, ventanas grandes, varias habitaciones dentro.
El productor dejo el equipo básico y se fue.
-Los recojo en tres días -dijo antes de subir a la camioneta. -Manden algo antes de mañana en la noche.
Y los dejo solos.
El frio se sentía más fuerte cuando cayó la tarde.
Gael encendió la chimenea.
Emilia dejo su libreta sobre la mesa.
Ocho canciones.
Faltaban dos.
- ¿Empezamos? -pregunto él.
-Si.
Trabajaron un par de horas.
Acordes, ideas sueltas, nada sólido.
La presión no ayudaba.
-No me gusta escribir con fecha límite -murmuro Emilia.
-A nadie.
-Entonces ¿Por qué siempre lo haces parecer tan fácil?
-Gael levanto la vista.
-Porque si no lo hago, todo se cae.
No era una discusión.
Era la verdad.
El hambre los obligo a parar.
-Vamos al pueblo -dijo Emilia -Necesito aire.
La plaza estaba tranquila.
Un par de familias caminando, un señor vendía pan dulce en una canasta.
Entraron a un pequeño local junto al kiosco.
Mesas de madera, manteles sencillos. olor a café recién hecho.
- ¿Que van a pedir? – pregunto la señora que atendía.
-Carne en su jugo -dijo Emilia.
Lo mismo que ella dijo Gael.
- ¿Café?
-Café de olla por favor -respondieron casi al mismo tiempo.
Se miraron un segundo.
Pequeño gesto nada más.
El café llego primero, humeante, dulce, con canela.
El frio de afuera hacia que el calor del vaso se sintiera mas fuerte en las manos.
Las carnes en su jugo llegaron después, cebollitas, cilantro y unos frijoles refritos con elote, sencillos. Perfectos.
Comieron en silencio unos minutos.
No era incomodo, era descanso.
-Aquí nadie nos mira -dijo Emilia.
Un señor los reconoció desde otra mesa, se acercó con calma.
Ustedes son los de la tele, ¿verdad?
Gael asintió.
-Si.
-O que sorpresa, mi hija los escucha.
No pidió foto.
No pidió ni saludo, ni autógrafo.
Solo sonrió y regreso a su lugar.
Emilia se quedo viendo a su plato.
-Extraño esto.
- ¿Qué cosa?
-Ser solo alguien que canta, no ser famosa.
Gael no respondió de inmediato.
-A veces también lo extraño.
Terminaron de comer y caminaron un poco por la plaza antes de regresar a la cabaña.
El aire estaba frio, pero limpio con olor a pino.
Algo en el silencio del lugar les bajo el ritmo.
Al llegar a la cabaña, Emilia abrió de nuevo su libreta.
Y se le ocurrió no hacer algo nuevo, busco mejor algo viejo que tuviera en su libreta.
-Hay una canción que nunca grabe -dijo.
Gael levanto la mirada.
- ¿Por qué?
-Porque era demasiado personal.
- ¿Sobre qué?
Emilia dudo.
-Sobre mi primo.
Gael espero.
-Murió cuando éramos adolescentes. Yo escribí esto después.
Era una canción que casi nadie sabía.
Emilia acomodo la guitarra en sus piernas.
La sala estaba en silencio, solo el sonido leve de la madera de la chimenea.
Empezó a tocar.
Acordes suaves, voz limpia.
No exagerada, no dramática.
Honesta.
No hablaba de muerte directa.
Hablaba de ausencia.
Cuando termino no levanto la mirada.
El silencio fue largo.
Gael trago saliva.
- ¿Por qué no está en el disco?
Emilia levanto los ojos.
-Porque no es comercial.
-Eso no importa.
Ella negó.
-Si importa.
Gael se acercó un poco más.
-No. Lo que importa es que es real.
Emilia sostuvo la guitarra con fuerza.
-Es muy personal.
-Eso es lo que la hace fuerte.
Gael tomo la libreta con cuidado.
-Esta es la décima canción.
Emilia lo miro sorprendida.
- ¿Que?
-Es la que faltaba, y no la cambies, no le quites nada.
Ella dudo.
-No es sobre nosotros.
-No tiene que serlo, es sobre quién eres.
Emilia sintió algo distinto en el pecho.
Una especie de alivio.
Gael no estaba intentando convertirla en algo vendible.
-Esta hermosa -dijo el, casi en voz baja.
Y esa frase no sonó profesional.
Sono sincera.
Emilia bajo la mirada, tratando de esconder la emoción.
-Gracias.
Trabajaron en la canción el resto de la tarde.
Gael agrego una segunda voz en el coro, su tono grave acompañaba la suavidad de ella sin quitarle espacio.
Editado: 19.02.2026