El descanso terminó, dos semanas completas.
No hubo anuncio, ni fecha marcada con emoción. Solo un mensaje del equipo, un itinerario nuevo… y la sensación de que algo había pasado, aunque nadie lo dijera en voz alta.
Emilia lo sintió primero.
Estaba en el aeropuerto de Guadalajara, con una mochila ligera y su guitarra colgando del hombro. Había decidido viajar casi sin equipo, como si eso la ayudara a seguir conectada con ella misma, con lo que había vivido esas últimas dos semanas: calles, cafés, canciones sin escenario gigante.
Miró su celular.
Nada.
Ni un mensaje nuevo de Gael.
No era raro… pero tampoco era normal.
Antes, aunque fuera poco, siempre había algo. Un meme, una nota de voz, una queja del cansancio, cualquier cosa. Ahora había pausas largas. Respuestas que parecían no darle importancia.
Como si hablar ya no fuera tan fácil.
Se acomodó en la silla, cruzó los brazos y dejó escapar el aire lentamente.
Pensó en Vale.
En la cafetería.
En esa noche en el Foro Independencia donde nadie la reconoció, pero igual cantó y la gente se acercó, no como fanáticos… sino como personas.
Y luego pensó en Gael.
Y ya no se sentía igual.
—Vuelo a Ciudad de México, abordaje en puerta 12 —anunció la bocina.
Emilia se levantó.
Solo caminó.
Gael estaba en Los Ángeles, sentado frente a una consola llena de luces.
El estudio olía a café y cables calientes. Lena estaba del otro lado del vidrio, moviendo perillas con una tranquilidad que a él le daba confianza.
—Otra vez desde el coro —dijo ella por el micrófono.
Gael asintió.
Se acercó al micrófono.
Cerró los ojos.
Y empezó a cantar.
No era su canción era un cover de Camilo Sexto.
Era “Tarde o temprano”, pero en su voz sonaba diferente. Más lenta. Más pesada. Como si cada palabra se hubiera quedado atorada en algo que no terminaba de salir.
Cuando terminó, no dijo nada.
Solo se quitó los audífonos.
Lena entró al cuarto.
—Tienes algo ahí… pero no lo estás soltando —le dijo, sin rodeos.
Gael se pasó la mano por el cabello.
—Sí lo estoy cantando bien.
—No hablo de cantar —respondió ella—. Hablo de sentirlo.
Silencio.
Gael miró hacia el piso.
No le gustaba que le leyeran así.
—¿Qué te está frenando? —preguntó Lena.
Y ahí estaba.
La pregunta que había estado evitando.
Gael no contestó de inmediato.
Pensó en el beso en Guadalajara.
Pensó en cómo no lo hablaron.
Pensó en cómo todo siguió… pero no igual.
—Nada —dijo al final—. Solo estoy cansado.
Lena lo miró unos segundos más.
Como si supiera que no era cierto.
Pero no insistió.
—Vamos otra vez —dijo—. Pero ahora olvida que es un cover.
Hazla tuya.
Gael volvió a ponerse los audífonos.
Cerró los ojos.
Y esta vez… no pensó en la canción.
Pensó en Emilia.
—
El reencuentro fue en Ciudad de México.
No hubo cámaras.
No hubo fans.
Solo el lobby de un hotel grande, con gente entrando y saliendo como si fuera cualquier día.
Emilia llegó primero.
Se registró.
Subió a su habitación.
Dejó la guitarra en la cama.
Y se quedó de pie unos segundos, mirando el cuarto.
Todo era perfecto.
Demasiado perfecto, pensó ella.
Nada se sentía como en Guadalajara.
Tocaron la puerta.
Su corazón dio un pequeño salto de emoción.
No sabía por qué.
Caminó despacio.
Abrió.
Y ahí estaba Gael.
Gorra, lentes, una sudadera gris.
Por un segundo… ninguno dijo nada.
No era incomodidad.
Pero tampoco era normal.
Era otra cosa.
Algo que ninguno sabía nombrar.
—Hola —dijo él.
—Hola —respondió ella.
Se miraron un segundo más.
Y luego Gael sonrió apenas.
—Ya empezó otra vez.
Emilia soltó una pequeña risa.
—Sí… supongo.
Silencio.
Corto.
Pero pesado.
Gael dio un paso hacia adentro.
—¿Cómo te fue?
—Bien —respondió ella—. Tranquilo.
—Vi lo de la cafetería.
Emilia lo miró.
No esperaba que lo mencionara.
—¿Sí?
—Sí… estuvo genial.
No era un halago exagerado.
Pero era sincero.
Y eso… valía más.
—Gracias.
Otra pausa.
Gael caminó por el cuarto, como buscando algo que decir.
—Yo estuve en el estudio.
—Ya vi.
—¿Qué viste?
—Subiste una historia… con alguien.
Ahí estaba.
No era reclamo.
Gael se apoyó en la mesa.
—Lena. Es productora.
—Se ve.
El tono de Emilia no fue frío.
Fue ligero.
Fue… medido.
Gael lo notó.
—Solo estamos trabajando.
—No dije que no.
Silencio otra vez.
Pero ahora… diferente.
Más tenso.
Gael se cruzó de brazos.
—¿Y tú? —preguntó—. ¿Algo nuevo?
Emilia dudó un segundo.
Pensó en Vale.
Pensó en las tocadas.
Pensó en lo que estaba empezando a escribir.
—Sí —dijo—. Estoy haciendo cosas… distintas.
—¿Como qué?
—Más pequeñas.
—¿Más pequeñas?
—Más enfocadas en algo real.
Gael levantó una ceja.
—¿Lo de nosotros es real?
La pregunta salió más rápido de lo que pensó.
Emilia lo miró directo.
—No dije eso.
—Pero sonó así.
—Pues no era la idea.
Silencio.
Y ahí… algo se movió.
No fue una pelea.
Pero fue el primer roce desde Guadalajara.
Gael bajó la mirada.
—Solo… —empezó—. Han sido semanas raras.
Emilia asintió.
—Sí.
—Siento que… —Gael dudó—. Como que te alejaste.
Emilia soltó una pequeña risa, sin humor.
—¿Yo?
—Sí.
—Gael… tú estás en otro país, grabando con otra gente, haciendo planes…
—No son planes.
—¿Entonces qué son?
Gael no respondió de inmediato.
Porque no tenía una respuesta clara.
Y eso… era el problema.
Emilia lo vio.
Y entendió más de lo que él dijo.
—Exacto —murmuró.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue honesto.
Dolía un poco.
Pero la verdad
Gael suspiró.
—No quiero que esto se vuelva raro.
Emilia lo volteo a ver.
—Ya es raro.
No lo dijo con enojo.
Lo dijo como quien acepta algo que no puede cambiar.
Gael asintió lentamente.
—Entonces… hay que arreglarlo.
—¿Cómo?
Otra pregunta sin respuesta fácil.
Gael se acercó un poco más.
No demasiado.
Solo lo suficiente.
—Hablando.
Emilia sostuvo su mirada.
Pensó en el beso.
Pensó en todo lo que no dijeron.
Pensó en lo fácil que sería ignorarlo otra vez.
Pero ya no quería eso.
—Entonces hablemos —dijo.
Y por primera vez desde Guadalajara…
no huyeron.
—
Esa noche hubo concierto, pero había ensayó.
Se miraban más.
Se escuchaban más.
Se cuidaban… sin decirlo.
Pero también había algo nuevo.
Una distancia pequeña.
Como si ambos supieran que estaban caminando en una línea delgada.
Que un paso en falso…
podía cambiar todo.
—
Al final del ensayo, el equipo aplaudió.
Todo sonaba perfecto.
Profesional.
Listo.
Pero Gael no pensaba en eso.
Estaba viendo a Emilia.
Y ella… también lo estaba viendo.
Sonrieron.
No se acercaron.
Y en ese punto exacto…
donde no eran nada claro…
empezó algo más peligroso.
Algo que no tenía nombre todavía.
Pero que ya se sentía.
Y no iba a desaparecer fácil.
Editado: 28.03.2026