Acordes de pasta y soju

Animandome a hablarle

— Nunca te escribí.— la interrumpe. — Ni te llamé.— sigue, cómo si estuviera aceptando toda la culpa. — Fue mucho tiempo, apenas me acuerdo de mi infancia acá… — intenta sincerarse mientras agarra una escoba y arranca a barrer el escenario. — a veces me vienen imágenes, me acuerdo de que hacíamos casas con sábanas y acolchados…— quiere ser sincero con lo que dice pero no quiere incomodarla, si ella no lo recuerda él quedaría como un imbécil. — jugábamos, qué sé yo… no me acuerdo mucho pero sí sé que te extrañé cuando me fui. — intenta amortiguar la honestidad de las anécdotas que se acuerda pero resulta ser más honesto todavía al admitir que la extrañó.

— Me acuerdo que lloraste — dice Ales, divertida, ya no se siente incómoda. Ambos ríen con melancolía. — Yo tampoco te escribí nunca. — admite, no permitiendo que él se adjudique toda la culpa. — No sé por qué… asumía que seguías acá por la cantidad de veces que mi familia hablaba de vos y me contaban cosas… ¿Tal vez fue eso? No sé.— se justifica.

Igual no pretendo que seamos amigos ni tengamos el vínculo que decís que espera el resto. No te sientas presionada. — dice Luca intentando restarle importancia al asunto, pero eso hizo que Alessandra se decepcionara un poco.

— Ah, no, yo tampoco, no te preocupes. — miente, ella si esperaba que intenten re vincularse.Ella esperaba tener una emoción nueva, no sabía cuál, tal vez melancolía o diversión, pero sí quería indagar en eso. Le decepcionó que a él no le interese tanto, que sólo esté ahí. Existiendo.

Pero Luca sí siente, si recuerda… y mucho, él se prohibió a sí mismo hablarle cuando se fue del pueblo, sentía que se iba a obsesionar con ella si no podía estar ahí. Fué intencional el querer distanciarse, pero ahora que volvió… sí le importa recuperar el vínculo del que acababan de hablar, pero no sé lo va a decir directamente, no la quiere asustar.

Matteo se acerca a dónde se encuentran ambos barriendo el lugar.

— ¿Qué hacen? Barrer es lo último! todavía quedan muchas cosas que van a generar más mugre…— dice sin entender porque se pusieron a barrer.

— Ay es verdad — dice Ales sin darse cuenta cuándo fue que empezó a barrer… — Ahí vamos entonces, toca el baño? — dice con ganas de arrancar a limpiar.

— Si, vengan que son muchos inodoros…— dice con cara de cansado y todavía ni siquiera arrancó a limpiar.

Los tres se dirigen hacia el baño, al entrar se encuentran con suciedad acumulada de un par de meses y los tres hacen cara de asco. Pero entra Basilio a la salvación. — Ales, podés ir a la ferretería de acá a tres cuadras? Es un segundito.— le pide directamente.

— Eh! ¿Por qué ella? — pregunta Lambar, queriendo zafar de la limpieza de inodoros.

— ¡Si pa yo voy! — Dice emocionada, tapándole la boca a Lambar. — ¿Qué compro? —

— Tarugos nuevos y una pinza. — hace una seña con la mano — más o menos de este tamaño y que sean 12 unidades. — explica.

— ¡Voy yo! Que seguro ella no sabe ni qué son los tarugos…— dice Lambar, chicaneando la.

— ¿Eh? Lo decís porque soy mujer? — dice exagerando para que cierre la boca. — ah, listo, no sabía que eras TAN misógino pero bueno… siempre se aprende algo nuevo. —

— ¡Nooo! ¡Callate! No soy así. — se defiende y Ales sonríe.

— Ahh, me pareció. — sacude su pelo suelto y sale de ahí.

— Si sabes qué son los tarugos, ¿no? — le susurra Basilio mientras la acompaña hacia la puerta.

— Si pa… vos tranquilo, ya vengo! — dice confiada. Realmente ella sí sabía qué eran los tarugos, solo la estaban molestando.

Alessandra sale del local y va directo a la ferretería a pedir los tarugos y la pinza. Muy contenta de haberse liberado de la limpieza de los baños.

Alessandra caminaba por la vereda principal con la bolsita de la ferretería haciendo ruido en su mano. Estaba cruzando la calle cuando un motor potente la hizo frenar de golpe. Un SUV negro, con los vidrios tan polarizados que parecían espejos, estacionó justo frente al "Neon-Seoul".

De la parte de atrás bajó un hombre de traje impecable, de esos que no tienen ni una arruga a pesar del calor. No parecía un turista. El señor miró el local de sus padres con una frialdad que le dio escalofríos a Ales, y por un segundo, sus miradas se cruzaron. Fue un instante, pero Alessandra sintió que ese hombre estaba contando hasta los ladrillos de "Mangiamo". Antes de que pudiera procesarlo, el hombre entró al bar coreano y ella apuró el paso, entrando al suyo con el corazón a mil.

— ¡Llegué! Sobreviví a los tarugos —anunció, tratando de sacudirse la sensación de recién.

El resto de la tarde fue un caos de rodillos, olor a pintura fresca y Matteo quejándose de que el color "blanco tiza" no era lo suficientemente "tiza". Luca, en cambio, trabajaba en silencio y sonreía a los comentarios de Lambar, también se acercaba mucho a Ales, queriendo interactuar pero no encontrando el momento, trabajó con tranquilidad pero con una eficiencia que Alessandra no podía dejar de mirar. Para cuando el sol empezó a caer y los tres terminaron de pintar la última pared del salón, estaban agotados. Andrea llega al bar y aplaude fuerte.

— Arriba arriba! que llegaron los muebles!— dice emocionada y todos corrieron hacia la puerta para levantar packs de mesas, mesadas, sillas, sillones, taburetes, heladeras, cajas y cajas y cajas…

— No doy más, me duelen músculos que no sabía que existían —dijo Matteo, tirándose en el piso todavía húmedo de haber pasado el trapo. Quedó todo impecable, solo faltaba acomodar los muebles en su lugar.

Basilio salió desde la cocina con unas gaseosas frías y vio a los chicos destruidos. — Se ganaron el descanso. Che, Ales, bajame la guitarra criolla que dejé en el baúl, aprovechemos y dejemosla acá, no?— Ales asiente con la cabeza, sacudiendo sus manos ya cansadas y llenas de polvo.

Alessandra fue, trajo la guitarra y se la dio a Matteo, pero él se la pasó a Luca. — Dale, mostrá si en la gran ciudad aprendiste algo además de acomodar cajas —lo chicaneó Matteo.



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En el texto hay: mafia, coreano, enemiestolovers

Editado: 02.05.2026

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