Acordes de pasta y soju

Una fogata y el enfrentamiento

Luego de haber hablado con Luca y haber dejado en claro que todos iban a formar parte de la banda e iban a ensayar duro y con cotidianidad para presentarse formalmente ante la gente del pueblo... Matteo los interrumpió para decirles que con sus amigos habían planificado una fogata...

— ¿Es el momento ideal para conocer a la competencia, invitamos a Joon-ho?— pregunta ansioso.

—¿No parecerá raro?— duda Ales.

—¿Quién es Joon-ho?— pregunta Luca.

—El dueño del bar de enfrente... Baba nos contó que también hay una banda que toca en vivo y tenemos que analizar bien a la competencia si es que queremos crecer profesionalmente. —les cuenta Lambar a Dante y Luca, quienes lo escuchan atento.

— Si pero también baba menciono que tengamos cuidado...—agrega Ales, recordándole a Lambar aquella conversación que tuvieron en el auto, donde Basilio dijo que había cierta... oscuridad. Luca y Dante abren los ojos, sorprendidos de haber escuchado que debían “tener cuidado”.

— Solo digo que intentemos conocerlo, nada más…— aclara. —Dale mirá, ahí está, vamos a hablarle? — insiste y Ales niega con la cabeza.

—¿Te da miedo? — pregunta Luca, también asustado por la reacción de ella.

Ales no quiere dar a entender nada enfrente de sus amigos, todavía ni sabe de qué se trata esa “oscuridad”, no quiere sacar conclusiones y mucho menos quiere que sus nuevos amigos saquen conclusiones de un desconocido que puede resultar ser útil para el crecimiento de la banda.

—No, no! —aclara Ales. — Posta que no. — Ella alza una ceja y, segura, camina hacia él. Directamente. Muy directamente.

Allí estaba Joon-ho, sentado en una baranda de la cancha de atletismo, leyendo un libro que Ales no llego a identificar. El sol se filtraba entre las hojas y le daba un aire casi irreal, resaltando los rulos oscuros y la postura perfecta de quien parece no pertenecer del todo al caos de la secundaria. Alessandra se quedó inmóvil al llegar. Para ella, Joon-ho seguía siendo ese "crush" intocable de la infancia, una figura que admiraba desde lejos pero que ahora, con diecisiete años, le despertaba una curiosidad que la ponía a la defensiva. Lo veía como un chico educado, quizás un poco solitario por la responsabilidad de manejar el bar de su familia, pero nunca habría imaginado el "peligro" del que hablaba su padre.

Él se percató de su presencia y sus miradas se cruzaron directamente. Por primera vez la veía a los ojos. Fue un instante de reconocimiento mudo. Joon-ho la observó con una atención que Alessandra no esperaba; parecía estar tratando de descifrarla. El aire se volvió pesado, cargado de una tensión que Alessandra no sabía cómo nombrar.

— ¡Eh, Joon-ho! —la voz de Matteo estalló como un petardo, rompiendo la burbuja. Y menos mal, porque ya habían pasado unos cinco segundos de silencio y mirada intensa.— Te presento a mi amiga, ¿la tenías de vista? — arranca a centralizar la conversación en ella, haciendo que su rostro se ponga completamente colorado. Matteo, con su habitual falta de filtro, los presentó formalmente. Joon-ho cerró el libro con un movimiento elegante y les dedicó una inclinación de cabeza, manteniendo esa cortesía impecable que lo caracterizaba. Alessandra atinó a saludar, sintiéndose de repente muy pequeña frente a él.

— Esta noche armamos un fogón atrás de la estación, una guitarreada tranqui —siguió Matteo, ajeno al colapso interno de su amiga — Sé que te copa la música, venite con tus amigos, ¿te parece? — le propuso.

Joon-ho pareció procesar la invitación. Miró a Matteo, luego a Alessandra, fijamente. — Puede ser —respondió con una voz suave pero distante—. Quizás nos demos una vuelta. — dice antes de inclinar su cuerpo un poco hacia abajo para saludarlos a ambos y luego alejarse hacia el buffet con pasos tranquilos.

El corazón de Ales le latía a mil y no entendía por qué… apenas dijo cinco palabras y ya la tenía muda. No puede echarle la culpa a su Papá que le dijo que su familia es pesada… antes de siquiera saber nada de él, se escondió detrás de la camioneta… algo le generaba, algo de lo que Ales nunca quiso hacerse cargo ni pensarlo.

El fuego crepitaba en el descampado detrás de la vieja estación de tren, lanzando chispas que se perdían en el cielo negro de Viamonte. El aroma a madera quemada y el sonido de las risas juveniles creaban una atmósfera que, a Ales le encantaba, siempre creció rodeada de compañeros de la escuela, por suerte siempre se llevaron bien entre todos, no todos eran amigos pero si era gente simpática de compartir tiempo y espacio. Ella estaba sentada sobre un tronco caído, sintiendo el calor de las llamas en las mejillas, cuando Luca se le acercó con dos latas de cerveza fría.

Luca se sentó a su lado, pero su mirada no estaba en el fuego, sino en Dante, que a unos metros estaba haciendo reír a un grupo de chicas con sus anécdotas de boliches en la ciudad. Claro, en Viamonte no hay boliches, hay bares, y los jóvenes se entretienen en fogones, o juntadas.

— Ales... —empezó Luca, dudando mientras jugaba con la chapita de la lata—. No le hagas caso a Dante con las cosas que te dice, si? Pasa que se cree que, cómo nadie lo conoce, tiene el derecho de andar tirando dardos a todos lados. Si te molesta, decime y lo ubico.— comenta algo nervioso

Alessandra lo miró de reojo. Luca tenía la mandíbula tensa y los nudillos algo blancos. Ella pensó un segundo antes de contestar; le divertía la protección de su amigo, pero también sentía una honestidad nueva en su propio pecho.

— No me molesta, Luqui —confesó ella con una sonrisa pequeña—. Al contrario, qué sé yo... me hace sentir mirada. Hacía bastante tiempo que nadie me halagaba así. Me… levanta el ánimo.— admite con una sonrisa avergonzada.

Luca se quedó mudo. Esas palabras le pegaron como un cachetazo frío. Miró a Alessandra, realmente la miró, notando cómo el brillo del fuego resaltaba sus pecas y la curva de su risa. Sintió una punzada de arrepentimiento que le recorrió la espalda. ¿Cómo pude ser tan boludo de no habérselo dicho yo?, pensó con amargura, se arrepintió muchísimo de su vergüenza y de aquel pensamiento que lo hace creer que incomoda decirle que está linda. Se pasó el resto de la noche procesando que, por haber querido ser respetuoso, quizás se había auto catalogado como… ¿Solo un amigo? Él no sabía si quería ser eso…



#301 en Joven Adulto
#1581 en Otros
#296 en Acción

En el texto hay: mafia, coreano, enemiestolovers

Editado: 02.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.