Acordes del Corazón (libro 1. зоrа)

Cap. 47 Dolido

Antes de llegar, Mihailo se había armado de valor y le había pedido a Dèjan que no hiciese subir a Jesse y que le permitiese hablar con él, algo a lo que naturalmente él accedió. Apenas entraron, Mihailo sintió un nudo en el estómago pues no veía a Jesse, y aunque lo usual era que estuviese agachado tras el vehículo que estuviese lavando, Mihailo no había olvidado que el día anterior había desaparecido y tuvo el horroroso pensamiento de que no fuese a volver. No obstante, si bien él no lo había visto, Jesse sí había visto el auto de Dèjan, y en cuanto el chofer estacionó Jesse abandonó lo que hacía y se plantó al lado de la puerta.

  • En serio que eres mentiroso jefe, porque dijiste que vendrías de vez en cuando y ahora tengo que verte casi a diario
  • Yo bien ¿y tú?  --  saludó Dèjan como era habitual
  • Aun me debes…  --  estaba diciendo, pero se detuvo al ver bajar a Mihailo, o al menos eso creía y emitió un silbido
  • Hola, Jesse
  • ¡Diablos!  --  exclamó el chico  --  ¡Mírate nada más! Casi no te reconocí y por un momento creí que eras Ajle
  • ¿Tan mal?  --  preguntó Mihailo y Jesse soltó una carcajada
  • Pareces uno de esos…
  • No lo digas  --  lo interrumpió Mihailo
  • Bien, pero lo sabes ¿no?

Dèjan y Ioan comenzaron a caminar hacia el elevador, pero Jesse detuvo al primero.

  • ¡Ey! Aun me debes los chocolates
  • Córtate el cabello  --  le dijo Dèjan sin volverse
  • Cretino  --  murmuró Jesse
  • Te escuché
  • Eso no lo hace menos cierto  --  replicó el chico y se volvió hacia Mihailo  --  ¿Y bien? Cuéntame ¿Cómo estuvo todo con Ajle?

Una vez que las puertas del elevador se cerraron Ioan miró a Dèjan.

  • Hay dos alternativas, o es muy buen actor, o realmente tiene un espíritu práctico y poco egoísta
  • Creo que es un poco de ambas cosas  --  dijo Dèjan en tono sombrío
  • Vamos hombre, al menos de momento parece bien y se presentó a trabajar echando por tierra tus pronósticos, así que me pregunto si eso invalida la orden que me diste anoche

El día anterior habían estado bastante ocupados, pues Dèjan había pautado una importante reunión con los ejecutivos de tres empresas que le interesaban, aunque Ioan aun no estaba muy seguro de para qué exactamente, pero lo cierto era que estos sujetos habían sido llevados a  Le Gavroche, un restaurant considerado por los expertos como el último bastión de la cocina francesa, donde un plato rondaba por los doscientos euros y las reservaciones había que hacerlas con unos dos o tres meses de antelación, de modo que sin duda Dèjan estaba especialmente interesado en esta negociación para haberse tomado tantas molestias. Durante la comida habían conversado de las cosas más inútiles y superficiales, algo que Ioan sabía que Dèjan detestaba con vehemencia, pero alguna razón debía tener para ello y la misma quedó demostrada una vez finalizada la comida, pues Dèjan todo lo que había hecho durante el tiempo anterior era estudiar y determinar las fortalezas y debilidades de sus acompañantes, así que una vez hecho esto y como de costumbre, Dèjan expuso el asunto y después que los tres sujetos se anularon entre ellos, él planteó su oferta y antes de una hora ya había cerrado la negociación.

En la noche habían acudido a la cita que tenían con unas encantadoras señoritas y hasta allí todo había marchado según lo previsto, pero si bien lo normal habría sido que la mencionada cita concluyese en los departamentos de cada uno, Ioan se sorprendió mucho cuando Dèjan se despidió diplomáticamente de la damita que lo acompañaba agradeciéndole la agradable compañía y disculpándose por no poder dedicarle más tiempo, aduciendo que tenía trabajo a primera hora. Se había despedido también de Ioan dándole libertad de continuar con la noche, pero Ioan estaba seguro que algo de seria naturaleza le sucedía o lo preocupaba, de manera que también se despidió de su acompañante, había llamado a su primo y después de informarse dónde estaba se había derecho hacia allá esperando que no le saliese con alguna absurda preocupación por Dàmir que era su tema recurrente. Sin embargo, a las dos de la mañana aun no había logrado averiguar qué demonios le sucedía, pues habían hablado de todo incluidos Mihailo y Jesse, pero de nada que le indicase a Ioan cuál era el problema, de modo que había llegado a la conclusión de que simplemente Dèjan no estaba de humor ese día para una cita que terminase en la cama, y aunque él siempre lo estaba, decidió olvidarse de eso y comenzó a molestarlo con el asunto de Jesse, pero a diferencia de otras ocasiones en las que Dèjan terminaba riendo, la pasada noche parecía realmente preocupado por el chico y era cuando le había dicho que sospechaba de la posible deserción, y había agregado que si eso sucedía, hasta ahí llegaría el respeto por la privacidad que habían conservado hasta ahora y que ordenase una investigación que los llevase hasta el lugar de residencia de los chicos, algo que Ioan había dicho muchs veces que era necesario y a lo que Dèjan se había negado. Por lo anterior era que Ioan le había dicho lo que acababa de decirle.

  • Ya veremos  --  le contestó Dèjan

 

Entre tanto, Jesse y Mihailo habían entrado al pequeño cubículo que les servía de lugar de descanso y Mihailo había iniciado su relato, pues sabía que Jesse no lo dejaría en paz hasta que le contase hasta el más mínimo detalle y así lo hizo. Jesse había reído mucho con las locuras de Ajle y con la incomodidad e incapacidad de Mihailo para decirle que no y para entenderlo, al menos la mitad del tiempo.

  • Tendrás que acostumbrarte de prisa, pero supongo que con la convivencia eso se resolverá pronto
  • Sí, supongo que sí y en cierta forma me recuerda a ti, porque parece imposibilitado para estarse tranquilo un momento
  • ¡Óyeme, que estoy tranquilo!




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