¡acostúmbrate otra vez!

Capitulo 1 - El chico que amaba el fútbol

El sol de la tarde caía sobre el pequeño parque del barrio Sakuragaoka.

El lugar no era nada especial.
Un campo de tierra irregular, dos arcos hechos con caños viejos y una red rota que apenas colgaba.

Pero para un grupo de chicos de doce años, ese lugar era el estadio más grande del mundo.

—¡Pasala! ¡Kenji, estoy solo! —gritó uno de ellos.

El chico con la pelota no respondió.

Kenji Nakamura avanzaba con el balón pegado a los pies como si fuera parte de su cuerpo.

Un rival intentó quitársela.

Kenji movió el pie derecho.

Tap.

La pelota pasó entre las piernas del defensor.

—¡¿Qué?! —exclamó el chico sorprendido.

Kenji ya había pasado al siguiente.

Otro defensor corrió hacia él.

Kenji frenó de golpe, giró el cuerpo y cambió de dirección con una rapidez que dejó al rival mirando el polvo levantarse del suelo.

—¡Es imposible sacársela! —gritó alguien desde atrás.

Ahora solo quedaba el arquero.

Kenji levantó la mirada.

El arco era pequeño.
El arquero ocupaba casi todo el espacio.

Pero Kenji sonrió.

Boom.

El disparo salió bajo y rápido.

La pelota golpeó el palo interno y entró.

—¡¡GOOOOL!!

Los chicos del parque comenzaron a gritar.

—¡Otra vez Kenji!
—¡Siempre hace lo mismo!
—¡Es demasiado bueno!

Kenji se quedó quieto un segundo mirando el arco.

Luego respiró profundo.

Para él, ese momento siempre se sentía igual.

El sonido de la pelota golpeando la red.

Era su sonido favorito del mundo.

Uno de sus amigos se acercó.

—Oye, Kenji… en serio, algún día vas a jugar en un equipo profesional.

Kenji levantó la pelota del suelo.

—No algún día —respondió.

Sus ojos brillaban con determinación.

Seguro que voy a hacerlo.

Sus amigos se miraron entre sí.

No sonaba como una fantasía infantil.

Kenji hablaba como si fuera una promesa.

El chico que hacía de arquero se quejó mientras sacaba la pelota de la red.

—Si seguís así nadie va a querer jugar contra vos.

Kenji rió.

—Entonces tendrán que mejorar.

—¡Idiota!

Los chicos volvieron a colocarse en sus posiciones.

El partido continuó.

Pero alguien los observaba desde fuera del campo.

Un hombre de unos cuarenta años estaba parado junto a la reja del parque.

Vestía ropa deportiva y llevaba una carpeta bajo el brazo.

Había llegado por casualidad.

Pero ahora no podía apartar la mirada.

—Ese chico… —murmuró.

Acababa de ver algo que no esperaba encontrar en un simple parque.

Control de balón.
Equilibrio.
Lectura del juego.

Y sobre todo…

Instinto.

El hombre cruzó los brazos.

—¿De dónde salió?

En el campo, Kenji volvía a correr con la pelota.

Uno, dos, tres rivales.

Los pasó como si nada.

Pero entonces ocurrió algo diferente.

Uno de sus compañeros estaba completamente solo frente al arco.

—¡Kenji! ¡Estoy libre!

Kenji lo vio.

Durante un segundo dudó.

Pero en lugar de pasar la pelota…

Intentó otro regate.

El defensor le quitó el balón.

—¡Ah! —se quejó Kenji.

Su compañero levantó los brazos frustrado.

—¡Te dije que estaba solo!

Kenji se rascó la cabeza.

—Sí… lo vi.

—¡Entonces pasala!

El hombre fuera del campo suspiró.

—Talento increíble… —murmuró.

Luego cerró los ojos un segundo.

—Pero todavía es un niño.

Volvió a mirar a Kenji.

—Si alguien lo entrena bien…

Podría convertirse en algo grande.

Muy grande.

El partido terminó unos minutos después.

Los chicos se tiraron en el suelo cansados.

Kenji estaba mirando el cielo.

—Oye Kenji —dijo uno de ellos—.

—¿Qué?

—¿Por qué te gusta tanto el fútbol?

Kenji no respondió de inmediato.

Pensó unos segundos.

Luego habló con naturalidad.

—Porque cuando juego…

Giró la pelota sobre su dedo.

—Siento que puedo hacer cualquier cosa.

Sus amigos se quedaron en silencio.

Kenji se levantó y miró el campo una vez más.

La tierra.

Los arcos viejos.

El polvo en el aire.

Para muchos era solo un parque.

Pero para él…

Era el lugar donde empezaba su sueño.

Convertirse en el mejor futbolista de Japón.

Y aunque todavía no lo sabía…

El camino hacia ese sueño estaba a punto de cambiar completamente.



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En el texto hay: genios, futbol, prodigios

Editado: 09.03.2026

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