Actuando Con El CorazÓn || T.S #1

XXIX

EVOLET

Inhala y exhala.

Recuerda cómo se respira porque te estas poniendo morada, y por favor deja de caminar.

Te vas a marear, y esto no terminará con una posible noche de pasión desenfrenada, si no en tu vomitándole encima por los nervios que sientes al escuchar que te quería en su vida.

Porque si, Evolet de perpetuo Socorro Wri… Stewart.

Te quiere como un todo en su vida, asi que, date una cachetada de realidad y regresa al presente.

Debes de enfrentar a ese hombre, y haznos un favor chiquilla deslenguada, que cierra el pico cuando no se deba.

Esta vez háblale con la verdad.

—¿Ya estas lista? —le preguntó recostado en la columna de su cama con dosel, mirándola sin parpadear.

Y, a decir verdad, ella se escapaba de babear.

Se había quitado el saco y desecho del pañuelo, quedando solo con el chaleco y con la camisa remangada hasta los codos, dejando al descubierto sus antebrazos del cual brotaban unas bonitas venas, que hacían un camino perfecto hasta sus hermosos y gruesos dedos.

—Concéntrate, Evolet —se pegó con la palma abierta en la frente —. Por lo menos no te has fijado en cómo se le marcan las piernas con ese espectacular pantalón que lleva, y ni hablar de su derrier —suspiró sonoramente —. Tiene más que tú.

—Deja de pegarte, y por un momento préstame atención —¿En qué momento sus narices quedaron pegadas, y entrelazó sus manos?

¿Y cómo no lo había notado, cuando todos los vellos de su cuerpo se le erizaron?

—Desde que te conozco te robaste toda ella, ya no tengo más que ofrecerte Archi —y de nuevo se excedió, pero no le importaba, estaba demasiado sobrepasada para regular lo que decía, menos cuando nunca lo hacía.

—Se que, dentro de ti, loquita, tienes demasiado por ofrecerme y no quieres darme —se mordió el labio bajando la mirada, sintiendo como su rostro se calentaba —.  Y yo ya no quiero odiarte sin éxito —dijo con tono cansando —. Dime que es lo que te detiene para intentarlo, y porque me hiciste eso, cuando los dos sabemos que, con el tiempo al estar tan perdido por ti, hubieses terminado siendo mi esposa —se zafó de su agarre para darle la espalda, pasándose las manos temblorosas por la cara —¿Es que… lo de quererme de verdad fue efímero? —se tensó —¿Duró más, pero de igual manera pasó como lo de Rider?

—¿Estás diciendo tonterías para que mi lengua vuelva a cobrar vida? —dijo girándose para enfrentarlo —. No creo que seas tan ciego como para no notar, que me muero por decirte mil veces al día que te quiero —su lengua era una gran enemiga.

—¿Entonces porque no eres de una buena vez sincera para que puedas hacerlo sin reservas? —quería, pero… —. Te lo pregunté hasta el cansancio esa noche, y no quisiste abrir la boca dejando que asumiera —la tomó por los hombros —. Y ya no planeo imaginar, ni dejarte salir con la tuya cuando nada de ti me puede disgustar —se le entrecortó la respiración —. Habla de una maldita vez o asi me toque desenterrar todo tu pasado, y hasta lo que ni siquiera tu misma sabes me enteraré por mi cuenta, y ahí no sabré si podamos recuperar lo que pudo haber entre nosotros —silencio rotundo, el cual al parecer hizo que dejara de insistir, porque la soltó dedicándole la misma mirada de esa noche que le partió el corazón.

Se giró dispuesto a cruzar esa puerta que conectaba con su habitación, haciendo que su pecho se llenara de pánico, porque sentía más que nunca que esa vez si no tenía oportunidad de un futuro, de ese algo que su silencio estaba acabando sin siquiera haberlo iniciado.

Tenía que hacer algo, pese a que no lo merecía no podía perderlo.

Lo quería con su vida.

—No te vayas, esposito de mi corazón —dijo tan rota que lo tensó —. Suelta esa manija, y no me dejes —la apretó con fuerza, cuando llegó a él abrazándolo por la espalda —. Esa noche no quería comprometerte, pero…

«—Hoy por fin será el día en que atrape a Lord Stewart antes de que la insípida de Evolet, sin siquiera proponérselo me lo arrebate —escuchó por casualidad que le decía Emily a su abuelita, cuando le había llevado el exuberante almuerzo, que necesitaba con urgencia depositar en la mesita de centro de su habitación, antes de que se quedase sin antebrazos.

Ya no los sentía.

No sabía a donde es que se le iba a esa señora la comida.

Lo único que tenía claro es que no tenía fondo, porque en ella no aplicaba lo de barriga llena corazón contento.

—Todo está planeado, y corremos con la suerte de que la reunión sea en nuestra casa —una que llevaba preparando días sin ayuda, y no se había desmayado de milagro.

Puso uno de los filos de la charola contra la pared para ayudarse con esta, mientras escuchaba atentamente lo que decían, agradeciendo que su torpeza estaba extinguida en esos momentos.




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