Imagina una sociedad donde la perfección no es una aspiración, sino un requisito. Mientras los ciudadanos "perfectos" son exaltados, los "defectuosos" son rechazados. La muerte voluntaria se celebra como un acto de responsabilidad social. Los recursos son solo para quienes "vale la pena" mantener vivos.
Ese es el mundo de Ada. Y aunque intenta adaptarse, la felicidad no forma parte de su vida. Al menos, no todavía...
Entre los siglos XXI y XXII, todo colapsó. Guerras y desastres naturales devastaron el planeta. El agua limpia se volvió escasa, los polos se derritieron, y las armas nucleares envenenaron todo a su alrededor. Las pandemias terminaron de hacer lo que las bombas no lograron. La Tierra quedó herida de muerte.
Grandes corporaciones y los gobiernos más poderosos se enfrentaron hasta que destruyeron el patrimonio material de la humanidad. Los recursos naturales también se redujeron al mínimo.
Cuando la Tierra agonizaba, los poderosos escaparon a Marte y fundaron Nueva Sion, su paraíso privado. Pero para quienes quedaron atrás, levantaron algo muy distinto: las Colonias. Cuatro fortalezas, una en cada continente, donde vivir era posible, pero la libertad no.
Con los años, los colonos mutaron. Se adaptaron a la noche, al encierro y al deber. Desarrollaron ojos más grandes para ver en la oscuridad, piel pálida y pulgares alargados por el uso constante de tecnología. La obediencia se convirtió en su forma de sobrevivir.
Nuestra historia comienza en el siglo XXII, en la Colonia Norteamericana: un inmenso complejo llamado La Catedral, bautizada así en honor a los termiteros que inspiraron su diseño.
Seis edificios formando un rectángulo. Veinte pisos sobre el desierto y otros veinte enterrados en la arena. Más de cien mil personas viviendo con reglas estrictas, bajo la mirada fría de Marte.
En medio de ese mundo sin esperanza, una joven marcada por el dolor está a punto de descubrir que, afuera, aún existen caminos que vale la pena recorrer.