Ada Y Evan

35. NUNCA DIJE NOSOTROS

Rita se preocupó al verme; me examinó e hizo muchas preguntas, pero al final del chequeo se veía más tranquila.

—Creo que ya sé lo que puede ser —dijo con una sonrisa—, pero voy a confirmar primero.

Me extrajo algunas muestras de sangre y fue al laboratorio a procesarlas. Cada vez le costaba más moverse; hasta me daba un poco de pena haberla hecho llegar al hospital.

Mientras esperaba, intentaba no pensar, pero seguía viendo en mi mente esas estúpidas cajas: la de mi papá, la de Peter y ahora la de Evan. Era la tradición: entregar una caja vacía y esperar a que el hombre colocara en ella un anillo para sellar el compromiso.

Yo nunca tuve una caja propia; Angie había usado la de papá para proponérselo a Douglas, y para mí fue como una señal, de cualquier manera, sentía que no tenía nada que ofrecer.

¡Estúpido Evan! Debió decirme que aún no había terminado con Isabel.

Él entró a la habitación. Mis entrañas se retorcieron de rabia. No estaba lista para escuchar sus mentiras, excusas, disculpas o lo que fuera que iba a decirme. Sentía que iba a estallar en llanto, en insultos, o en ambos.

—Hola —murmuró—. ¿Estás bien?

No respondí. Caminó hacia mí con cautela mientras decía:

—Ada, lo siento tanto. Yo no sabía que Isabel iba a estar allí y mucho menos que pensaba...

—No importa —lo interrumpí.

—Dejame hablar, por favor —rodé los ojos, pero a él siguió—Te juro que todo es un malentendido. Yo no sabía que mi mamá la había invitado. Nosotros ya habíamos terminado

—¿Ah, sí? ¿Y entonces por qué Isabel y toda tu familia pensaban lo contrario? ¿Por eso me pediste que no les dijera nada sobre nosotros?

—¡No! Te juro que ya había hablado con ella. Le dije que era mejor separarnos, que necesitaba tiempo

Una carcajada irónica y exagerada brotó de mi garganta.

—"Tiempo" —repetí burlona—. Entiendo. Peter también me pedía "tiempo", ¿sabes? Estuvimos juntos tantos años que a veces se aburría o le daban ganas de salir con otras personas, entonces nos tomábamos un "tiempo".

—No es lo mismo —dijo, ofendido.

Rita entró con la vista fija en una hoja de papel. Nosotros guardamos silencio.

—Qué caras tienen. Tranquilos, al fin llegó el momento de la verdad.

Ella me entregó el documento y de inmediato procedí a leerlo: un logo, un encabezado, mis datos... Lo pasé todo superficialmente hasta que llegué a las palabras: "embarazo" "positivo". Sentí un golpe seco en la entraña, en la cabeza y en el pecho. Rita sonreía de oreja a oreja esperando que dijera algo, pero yo estaba paralizada.

—¡Felicidades! —dijo ella abrazándome.

Me apretó fuerte y me meció en sus brazos por unos segundos. Yo seguía en shock. Entonces abrazó a Evan.

—Felicidades, Evan —le dijo—. Sé que vas a ser un gran papá.

—¿¡Qué?! —exclamé, confundida—. ¡No, no, no, no! Evan no es el papá.

—¿Qué? —dijo Rita, divertida—. Yo misma puse su esperma en tu óvulo, así que estoy bastante segura de...

—Exacto. Él solo es el donador. De donde yo vengo, el donador y el papá son dos cosas muy distintas —declaré.

Ellos seguían sin entender lo que intentaba decirles.

—Rita, en mi casa, los padres son los adultos autorizados para recibir y criar al bebé. Los donadores solo proveen el material genético —expliqué.

La doctora me escuchaba atenta. Mis palabras tenían lógica, pero carecían de sentido para ella. Traté de ser más clara:

—En donde yo vivo, ni siquiera importa si los donadores ya están muertos. Lo único relevante es que el producto, el bebé, sea perfecto y que el receptor sea un adulto capaz. Yo soy ese receptor, yo soy la mamá. Pero Evan no tiene nada más que ver. Él nunca habló sobre ser el papá.

Rita seguía renuente a aceptar mi explicación, así que volteó hacia donde estaba Evan para ver que respondía. Él me miraba con la frente arrugada.

—No lo estás diciendo en serio. Solo estás enojada —dijo, como para sí mismo.

—Estoy hablando muy en serio, Evan. Tú sabes cómo son las cosas de donde yo vengo. No intentes reclamar algo que no te corresponde.

—¡Sí me corresponde! —respondió molesto—. ¿Qué te pasa? ¿Crees que podés hacerme a un lado, así nada más? No estamos en tu agujero.

Empecé a sentirme violenta, y creo que Rita lo notó, porque se interpuso entre nosotros para separarnos un poco.

—Cálmense —dijo ella—. Son solo pequeñas diferencias. Bueno, no tan pequeñas. ¡Evan, me dijiste que habían hablado!

—Sí, lo hablamos —afirmó Evan—. Yo te pregunté si querías que lo hiciéramos y dijiste que sí. Era obvio que hablaba de nosotros, de los dos.

—¡No! No es obvio —espeté furiosa—. Tal vez así lo entendió tu primitivo y diminuto cerebro, pero tú en ningún momento dijiste que serías parte del paquete. Yo nunca he pronunciado un "nosotros", nunca... y lo sabes.

Su semblante se fue apagando a medida que hacía memoria. Lo que acababa de decirle era cruel, pero cierto. ¡Ah, mierda! Yo tampoco sabía hablar claro. Le dolía, lo podía ver en su rostro. Pero él también me había lastimado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.