El polvo y el aliento
Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida. Así nació Adán, el primer ser humano. Dios plantó un huerto en Edén, lleno de árboles hermosos y buenos para comer. En medio del huerto puso dos árboles especiales: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios puso a Adán en el huerto para que lo trabajara y lo cuidara.
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Editado: 08.07.2026