Adeline: El Mito De La Bruja Amatista

Capítulo 3

—¿William? No creo, ¿estás segura? Es bastante raro que él tenga miedo —digo encogiéndome de hombros.

Grecia me mira incrédula.

—Aura, hasta yo tengo miedo, creo que es normal que se instaure después de todo lo que ha pasado en el pueblo; quizá le dio una crisis —exclama mientras ordena la mesa

—Grecia, tengo algo que contarte. —Ella me mira nerviosa

—¿Estás esperando bebé? —dice mientras camina al sofá.

—No —río—. No sé si fue un sueño o no, pero alguien intentó meterse a mi casa por mi habitación. Al principio escuché ruidos; salí a ver qué era y solo encontré a un pajarito. Lo ayudé a volar. Sin embargo, esta mañana, al venir aquí, lo encontré muerto.
Después miré mi habitación desde afuera y vi pisadas.

—¿Qué? Pero, Aurora, eso es bastante grave, ¿no les has dicho a tus padres?

—No —niego—. Creen que estoy imaginando todo, o al menos eso dice mi madre. —
Mi amiga suspira. —No te pido nada más, solo que guardes el secreto.

—Está bien, lo haré, pero en mi humilde opinión, si pasa algo más raro, cuéntale aunque sea a tu abuelo. —Asiento.

Un par de horas después, Eleonore toca la puerta.

—Chicas, perdón por llegar tarde. Estuve discutiendo conmigo misma si era buena idea venir y hablar con Aura —me toma de las manos—. Quiero saber qué está pasando.

—Eleonore, perdón, pero llegaste cuatro horas tarde de la que ya se había acordado —dice Grecia, agotada.

—Lo sé, pero como había dicho, con todo el revuelo tuve que reunir fuerza de voluntad para venir —responde con sarcasmo—. Y sí, tal vez me demoré.

—Eleonore, disculpa, pero sé lo mismo que todo el pueblo —digo mientras ordeno mis cosas.

—Lo entiendo, pero eres la hija del alcalde. Algo más deberías saber, ¿no? —ríe nerviosa.

—Y tus padres son amigos del mío. Algo más deberías saber tú ¿no?—respondo.

Ella rueda los ojos.

—Eleonore, ya es tarde. ¿Puedes llamar a tu padre para que venga a buscarte? —pregunta Grecia.

—Sí, en un momento —dice sin apartar la vista de mí—. Estoy conversando con Aura, ¿no es verdad?

—Mira, Eleonore, estuve horas estudiando; quizá no adore estar en mi casa, pero ya es momento de que me vaya —sonrío y paso a su lado.

De pronto, me toma de la muñeca.

—¿Qué carajo haces?— le reprocho

—¿Hay algo que no me estás contando, Aurora, querida? ¿Estás completamente segura de que esto no lo hicieron tus estúpidos padres?

—¿Qué te pasa? Estás en mi casa, sal de inmediato —le reprocha Grecia

—¡CÁLLATE! Y NO TE METAS SI NO QUIERES SALIR PERJUDICADA IGUAL, GRECIA LINDA —grita Eleonore.

—Escuché hablar hoy a tu madre con mi padre —continúa, sin soltarme—. Espero que no sea un juego que termine en adulterio y perjudique a mi familia. Quiero que eso te quede claro.

Sonrío, incrédula.

—¿Estás loca o no me oyes?

—Te escucho perfectamente, pero no podría importarme menos. Tengo que volver a casa —me suelto de su agarre.

—Esto es lo que hacen los pobres como tú —escupe—. Pretenden que, por estar cerca del poder, ya son mejores, cuando la ordinariez siempre la llevan en la sangre. Y espero que todo esto no sea un juego de tu madre, esa cortesana.

Respiro hondo.

—Mira, Eleonore, una cosa es que intentes intimidarme por errores que tu intachable padre probablemente ya cometió, y otra muy distinta es que desacredites a mi familia siendo tan doble cara que, cuando mi padre está presente, apenas te sale la voz.
Así que no intentes intimidarme. Podrás tener mucho dinero, pero lo que crees tener de recatada lo tienes de ordinaria

Avanzo hacia la puerta.

Entonces alguien me jala del cabello.

El dolor me hace caer de inmediato. En un segundo, Eleonore está sobre mí.

—No te atrevas a darme la espalda cuando te estoy hablando —me escupe.

—¡ELEONORE, BASTA! —grita Grecia, intentando separarla.

Pero Eleonore la empuja con una fuerza que no le conocía, haciendo que se golpee en la cabeza

Entonces, con una sonrisa burlona y cruel, dice:

—Si así está tu abuela de loca, no me sorprendería que la nieta también lo esté —y me mira directamente, disfrutando mi incomodidad.

Intento zafarme, pero algo cambia.

El aire a mi alrededor se vuelve denso, como si algo invisible se hubiera interpuesto entre nosotras. Eleonore se queda rígida. Su agarre se afloja y pierde el equilibrio, dando un paso torpe hacia atrás. No cae, pero le cuesta afirmarse.

Se pone de pie de golpe. Su rostro ya no muestra rabia.

Muestra miedo.

Entonces la madre de Grecia interrumpe la discusión intentando despertar a Grecia.

—¡BASTA! Eleonore Russell, a partir de este momento tienes prohibido pisar mi casa y acercarte a Grecia.

Eleonore se queda rígida, con miedo, mientras Grecia me ayuda a ponerme de pie.



#1353 en Fantasía
#329 en Joven Adulto

En el texto hay: misterio, romace, magia

Editado: 01.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.