Adeline: El Mito De La Bruja Amatista

Capítulo 5

—¡Pues yo podría saberlo!

—¿Cómo? — ella suspira mirando hacia otro lado

Tarda en responder. Se pasa los dedos por la sien, como si le doliera la cabeza.

—Porque esto iba a pasar. —El silencio cae de golpe

—¿Cómo que iba a pasar?

—Es decir —corrige —, en un contexto así era esperable que aparecieran personas armadas. Grupos aprovechándose del miedo.

—No — intervengo sin pensar—, no eran así. -—Ambos me miran

—Aura... —Empieza mi madre

—No parecían humanos, mamá, ni siquiera tenían armas. ¿Comprenden eso?

—El shock distorsiona la percepción —dice—. Estabas asustada

—Lo estaba, pero no confundida

—¿Y el hombre que te ayudó? ¿Estaba armado? — niego

— No, papá, pero aun así todos los obedecieron...

La casa está en silencio, pero no es un silencio tranquilo. Es uno que pesa. Mi madre se fue hace un rato a la habitación de la abuela, diciendo que iba a verla un momento. Mi padre y yo nos quedamos en la sala de estar, sentados uno frente al otro, como si ninguno supiera muy bien qué hacer con el cuerpo.

—Deberías intentar dormir — me dice; niego con la cabeza.

—No puedo —él suspira

—Hoy fue demasiado para todos

—Para mí, no solo hoy. —Él me mira

—¿A qué te refieres? — rio.

— En el instituto siempre hablaban de que el pueblo estaba maldito —él suspira

—¿Maldito cómo?

—Como esas historias viejas que nadie se toma en serio —digo—. Que hace años, cuando el pueblo empezó a crecer, algunos alcaldes hicieron cosas raras para mantenerse en el poder.

—¿Qué tipo de cosas?

—Decían que llamaban los dal'gamols, demonios.

— Aura... -dice mi padre

— Ya sé cómo suena — lo interrumpo —. Pero no lo decían como cuentos para asustar niños. Decían que al principio solo servían para meter miedo. Para correr gente. Para callar a otros.

— ¿Y después? — rio

— ¿No que no querías que siguiera contando?

— Hay que aprovechar; tu madre nos hubiese callado

— Bueno, después con el tiempo algunos se descontrolaban, dejaban de obedecer, empezaban a cazar.

El reloj de la pared para en seco.

—Esas son leyendas... —suspira el

Antes de responder, golpean la puerta, con fuerza.

—FRANCESCO —la voz de mi abuelo suena agitada— . Abre.

Mi padre se para de inmediato

— Vengo del pueblo de Catanea; está pasando exactamente lo mismo allá

— ¿Cómo?

— Personas desaparecidas, animales encontrados muertos.

—¿Cuándo empezó? — pregunta mi padre

—Anoche, casi a la misma hora que acá

—¿Y ahora? — mi padre se pasa la mano por la cara

—Se detuvo.. De golpe, como si alguien hubiese puesto orden —responde—, los vecinos dicen que vieron a otros... enfrentarlos

—¿Otros? Válgame Dios.

—No sabría decir qué eran, pero después de eso ya no hubo más muertes

—ÉL — digo sin darme cuenta— el mismo que me salvo

—Pero esto aún no termina.

—No, pero alguien evitó que empeorara

POV' MARGARET

Mi madre generalmente no duerme cuando el pueblo está así.

—¿Volvieron a llamar? — pregunta sin mirarme; cierro la puerta

— No como antes, era solo para asustar — ella suelta una risa corta

— Eso mismo dijimos las dos, eso te dije a ti. —contesta—. El llamado nunca viene solo; me acerco a la cama

— Algunos obedecen — insisto—; hay algunos que aún conservan conciencia.

—Siempre hay alguno así -me mira cansada —. El primero cree que puede controlar el daño. Ya empezaron a cazar, te lo advertí.

— No deberían llegar tan lejos; la regla era asustar nada más.

— Las reglas no existen para ellos, Margaret, tú más que nadie deberías saberlo — tragó saliva

— En Catenea no se fueron — responde —; allá el llamado fue distinto, más ambicioso

El silencio cae entre nosotras

— Esto ya no es política, es caza. — Aprieta mi mano con fuerza — y esta vez, hija, no vas a poder fingir que no sabías cómo terminaba

La madre de Aurora no permitía que se hablara mucho de la abuela, ni dentro de la casa ni fuera de ella. Sostenía que una persona con trastornos mentales podía dejar mal parada a la familia, y prefería el silencio antes que la vergüenza.

POV 'Aurora

A la mañana siguiente, mientras iba al instituto, veía como todo volvía a la normalidad: las tiendas volvían a abrir, el sol resplandecía; todo lo que pasó estos días desapareció, o eso esperaba.

En la entrada del instituto, vi a William apoyado en la reja, como si llevara ahí demasiado tiempo. Grecia estaba a su lado, revisando su teléfono.

— Pensé que hoy no vendrías — dijo ella cuando me acerqué.

— ¿Ya te llegó el chisme? — ella sonríe

— Perdón, tu madre llamó a la mía. — William apenas sonríe

— Yo también pensé en no venir, pero es mejor que estar en casa

— Todos están fingiendo — dijo mi amigo —. Es lo que mejor se nos da. — Grecia lo mira de reojo

— ¿Siempre hablas así de inquietante o es solo hoy?

— Solo hoy — sonríe

Caminamos juntos por el pasillo. A nuestro alrededor, las conversaciones bajaban de volumen.

-— Anoche mi mamá no durmió — comentó Grecia— . Dice que escuchó ruidos, pero que seguro fueron animales

— Siempre son animales — susurro— William se queda observándome

— ¿Tú qué viste, Aura? — me tense

— Nada que tenga sentido y eso es lo peor

— Ten cuidado, Aura, no todos los que parecen normales lo son.

Grecia se detiene en seco.

— Ya basta. Eso no es normal, William. — Él se gira sorprendido

— ¿Qué cosa?

— Cómo hablas — respondió — . Lo que dices estas completamente raro.

— Anoche — continúa Grecia — nadie te contó nada. Nadie. Y aun así sabías exactamente lo que hizo Eleonor.

— ¿Espera qué? — pronuncio

— Perdón Aura, no te conté, pero ayer a penas te fuiste me llamo y me describió absolutamente todo lo que paso



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En el texto hay: misterio, romace, magia

Editado: 22.02.2026

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