Ademia

Capítulo 23: Matar para vivir

Cuando el rojo del cielo ya no me pareció descabellado a la vista, supe que lo más raro no era ver a Tyler flotando inconsciente y alejándose cada vez más, sino lo tan asimilado que tengo todo lo que estoy haciendo.

La quemazón de mi mala respiración filtrándose a bocados enormes por mi boca, y lo fuerte que exhalo, no compiten con el ardor punzante de la planta de mis pies. Tal vez estoy empezando a perder la conciencia, tal vez estoy esforzándome mucho y el efecto de la adrenalina ya no me hace inmortal. Pero no puedo detenerme. Y sé que no estoy loca, pero llevo corriendo y tropezando un buen rato, y el panorama no cambia. Crucé el lago, y ya debería de estar en el pueblo, pero solo estoy atravesando un nuevo bosque, o tal vez se está volviendo un bucle o en verdad todo se ensanchó y parece que no terminaré de recorrerlo.

Mis dudas son tantas, pero no creo poder detenerme a pensar en cada una de ellas al detalle. Ninguna tiene sentido. Corro... porque en este momento es lo único en lo que soy buena.

—Tyler —suplico, y mi voz apenas emite sonido.

Tyler, por favor, ya deja de hacer eso...

Mí andar va disminuyendo, y poco a poco trastabillo hasta caer de rodillas.

Maldición...

Comienzo a toser. Escupo un poco de ese líquido negro frente a mí. ¿Qué diablos? ¿Por qué me siento llena de esto? La sensación de saber que cuando me desmayé en ese lodo oscuro probablemente habré tragado sin darme cuenta, me asquea.

Sigo tosiendo y esa sustancia sigue saliendo. Coloco una mano en mi garganta. Por favor, ¿de dónde saco todo esto? Miro al cielo, y noto que Tyler se mueve un poco más lento, pero me he quedado bastante atrás. Maldición.

—¡Choclo! ¡Choclo!

Busco en la dirección donde escucho esa voz.

—¡Choclo, aquí! ¡Estoy aquí!

De entre los árboles, aparece Travis, junto a dos personas más. ¿Estoy alucinando?

—Travis —murmuro. Me pongo de pie como puedo, y camino el resto de distancia que nos separa—. Travis, Dios mío, dime que eres real, que eres tú.

Él corre hacia mí y me sujeta justo antes de flaquear y caer.

—Tranquila. Te tengo. Ya estoy aquí, como ves. Soy yo.

Esbozo una sonrisa desde lo más profundo de mi corazón.

—Es un milagro encontrarte... No te haces una idea.

Lo abrazo con fuerza. Escondo mi rostro en su pecho. Se siente tan cálido y reconfortante. No quiero mirar, no quiero separarme, quiero que me cubra. Tengo frío y tengo miedo. Ya no me siento valiente. Ya no puedo seguir. Todo está mal. Probablemente pronto despertaré en mi cama y esto jamás habrá pasado.

—¿Por qué estás así? ¿Por qué estás toda lastimada y tan sucia?

Niego con la cabeza.

—No me hagas preguntas...

—Chlorine, mírame.

—No.

—Mírame —Con un tirón firme, me aleja un poco, sus manos se posan a cada lado de mi cara.—. ¿Por qué estás en este estado? Si no fuera porque Ab me llamó, yo no sabría que estabas así.

¿Ab?

Ahora soy yo la que voluntariamente me separo y corto el contacto con él. Miro sobre su hombro y noto un rostro conocido. La chica que viaja con Travis, una de las siluetas que vi aquél día en el parque, la tengo vista de otro lugar.

—Tú... ¿Tú eres Ab? —La señalo.

Ella, encogiéndose de hombros asiente con la cabeza.

—Soy Ab Ilify.

¿Y qué me importa su apellido? Meneo la cabeza.

—Eres la chica de la biblioteca... —me acaricio la sien.

—Me recuerdas —sonríe—. Así es.

Miro a Travis. No le pienso decir nada. Solo espero que con mi expresión entienda lo que con palabras no quiero decir. No hay un solo pensamiento en mí que llegue a una conclusión coherente, y mucho menos amable sobre todo esto.

Se rasca la nuca.

—Verás, primero quiero saber qué te pasó y por qué terminaste en este estado.

Bajo los párpados un segundo.

—Tyler desapareció —una ola de emociones me invade al recordar todo lo que he pasado hasta este punto. Casi me olvido de lo más importante por pensar solamente en mí—. Lo estuve buscando desde entonces. He hecho cosas... que... no lo sé, hasta me he tirado al fondo de una montaña para llegar hasta él. Y ahora que salimos, simplemente empezó a levitar muy alto. Tiene los ojos blancos y, y... y no responde a mis llamados.

Desvío la vista por un segundo hacia Ab.

Ab Ilify.

Su nombre me incomoda. Su nombre completo en realidad. Pero recuerdo sentirme bien cuando la tenía cerca. ¿Ella también es extraña como Tyler y Travis?

—Vaya... ¿Y por qué no lo dijiste desde un principio? —busca en el cielo hasta encontrar el cuerpo de Tyler alejándose lentamente de nosotros—. Ya has hecho mucho. Creo que no hay más nada que pueda decirte. Es momento de ayudarte.

—¿Ayudarme?

Los tres se colocan alrededor de mí. Travis toma mi mano y me mira con esos ojos de amor que tanto me han acompañado de niña.

—Tyler en este momento de la historia, está siendo secuestrado. Ahora mismo, tú más que nadie tienes que ir detrás de él, porque no debes permitir que suceda lo que pasará más adelante.

¿Se-cuestrado...?

—¿De qué estás hablando?

Quiero saber por qué Ab, la chica a la que debía darle las instrucciones de la biblioteca, está junto a él. Quiero saber por qué estuve todo el tiempo rodeada de personas que me conocían pero fingían no saber nada de mí.

—Es hora de que nosotros seamos útiles para ti.

—Estás... Estás diciendo cosas sin sentido.

—Yo soy Pento. Pento Barbital —busco al segundo chico que se mantuvo en silencio todo este tiempo. Delgado, cabizbajo, serio. El cabello le cubre hasta los ojos. ¿Por qué de pronto habló?

—Ah...

—Ab te ha servido como médica, te ha curado y te ha otorgado la tranquilidad que has sentido en ocasiones poco convencionales donde pudieron alterarte de gran manera, ya que esa es su magia. Pento... Pues no sabemos mucho de su magia, pero al parecer es muy importante y siempre nos ha acompañado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.