Despertó. ¡Despertó al fin!
Respiro con dificultad. Estoy temblando. Camino hacia él. Suelto una risa ahogada.
—Tyler... estás bien...
Una felicidad abrumadora me hace tambalearme un poco. Por Dios, lo logré. Te encontré. Te he salvado, y ya estás de nuevo.
Luce desconcertado. Su torso está al descubierto, solo lleva unos pantalones rasgados color negro. Inspecciona sus brazos, y luego el resto de su cuerpo. Yo hago lo mismo. No tiene un solo rasguño. Sus ojos, que ya no son blancos sino que volvieron a su color miel habitual, se mueven detrás de mí, hacia el lugar de donde vengo. Sigo su mirada.
La sangre.
Me congelo. El cuerpo de Camila, o mejor dicho, los restos de ella, siguen allí, esparcidos. Mi desastre camuflado entre el caos de los árboles arrancados. Tyler me mira otra vez. Mis pupilas se vuelven a comprimir. Algo en mi cabeza está fallando, y parecen nublarse todos y cada uno de mis sentidos que no me hacen percibir la profundidad de mis actos hasta el momento.
Pero ahora, de pronto, solo me importa que él no piense nada malo de mí.
—¿Qué pasó aquí? —pregunta.
No puedo hablar. Mi garganta se cierra.
—Chlorine, te hice una pregunta.
—Yo... Yo solo me defendí. Ella estaba a punto de quitarte la vida.
Por primera vez, noto sorpresa genuina en su rostro. Sus cejas se levantan ligeramente.
—La mataste.
No fue pregunta. Fue afirmación. Trago saliva.
Abro y cierro mis manos a los costados. El viento sopla otra vez, frío, arrastrando el olor del polvo y la sangre. Todavía tiemblo. Todavía siento el calor de su cuerpo cuando intenté no lastimarla, y su sangre circulando por su mano mientras me ahorcaba. Lo último que tuve de ella con vida.
—Si supieras todo lo que he pasado para llegar hasta este punto, no lo creerías. Pero estoy aquí y todo ha pasado sin que pueda evitarlo.
—No me estoy quejando de eso. No busco que te excuses. Estoy impresionado nada más —habla pausado y tranquilo—. Esto no había pasado antes, nunca pudiste matarla cuando llegaba el momento.
—¿Por qué hablas como si esto ya hubiera pasado?
Se hace un largo silencio. La forma tan intensa pero amable con la que me mira, por primera vez no despierta enfado en mi interior. Solo siento paz. Siento que lo hice bien. Que llegué a tiempo.
Relajo los hombros.
¿Lo hice bien, cierto?
Él todavía luce tan pulcro, y yo embarrada hasta el cuello. Puedo soportarlo, estoy bien con esto.
—Descuida, no es momento de hablar de eso. No viene al caso.
—Ella nombró a mi madre...
Abre la boca pero la cierra de prisa. Aprieta ligeramente los labios.
—¿No pudiste descifrarlo todavía?
Supongo que es hora de pensar en eso de una vez por todas. Me encojo de hombros.
—Creo que siempre lo supe —trago saliva—, pero por alguna razón decidía ignorar ese hecho. Sabes, como una especie de defensa, pero es que ni siquiera lo hacía consciente. Algo dentro de mí me mantuvo sumisa a todo lo que sucedía, y en el fondo solo quería reprimir la verdad.
—Siempre supe que existían cosas que no me habías contado —entrecierra los ojos. No percibo hostilidad en sus expresiones, solo genuina reacción—. Es parte de entender todo esto. No te culpo.
En un rincón torcido de mí, echaba de menos su forma de decir sin decir, de esconder cosas en sus palabras y dejarme sacada de onda por no obtener nunca nada concreto de él.
—Todo es mi culpa, ¿cierto?
—Claro que no, Chlori —suaviza su voz—. Hasta tengo la sensación de que esta vez será diferente.
Tyler se acerca, y el espacio entre nosotros se disuelve. Pasa su mano por mi mejilla, la roza con cuidado y luego la retira antes de que procese lo que acaba de hacer. Yo contengo la respiración. ¿Qué acaba de pasar? Con un movimiento ágil, me levanta entre sus brazos.
—Pero, ¿qué haces? —mi voz tiembla, y mis manos se aferran a su cuello con fuerza—. Estás loco, acabas de despertar y...
—No me subestimes. Soy muy fuerte, más de lo que crees.
Sus alas se despliegan.
—Iremos a tu casa.
Él en serio va a volar... Escondo mi cabeza en su pecho, y rápidamente empezamos a movernos.
Frunzo el ceño y el aire me devuelve un cosquilleo extraño, una especie de murmullo de millones de criaturas que parecen observarnos, correr hacia mí desde los rincones más pequeños del mundo. Cada sombra, cada hoja, cada sonido tiene vida propia y siento el peso del universo comprimido y gritando en un solo instante.
Mi mente explotará.
—Presiento que todo va a colapsar en cualquier momento —susurro, temo que el viento me escuche y decida confirmarlo.
—Eso no pasará, porque antes de que suceda habrás ganado la guerra sin haberla empezado. Te lo aseguro.
—¿Por qué estás tan convencido?
Lo miro, buscando en su rostro alguna pista, alguna grieta que me revele por qué está tan seguro.
—Porque estoy aquí. Y cuando estoy, todo sucede como se debe. Ya me salvaste, ahora puedes proseguir tranquila en todo lo que pasará de ahora en más.
De ahora en más.
—Si algo sale mal... —mi voz se quiebra—. Travis, Ab y Pento habrán muerto en vano... y mi promesa, y...
—Confía en mí.
Cierro los ojos mientras el viento nos envuelve durante el viaje. Sus enormes alas nos llevan hacia mi casa, ese lugar del que escapé y que ahora se alza ante mí como un enorme signo de interrogación. Todo lo relacionado con mi familia se siente incierto, lleno de secretos que aún no me atrevo a enfrentar. Pero sé que debo hacerlo. Durante todo este tiempo, la única persona con la que han jugado he sido yo, y yo solo intentaba protegerlos de algo que ni siquiera llego a comprender.
Aterrizamos con rapidez. En cuanto pongo un pie en el porche de mi casa, siento el ambiente mucho más tenso. Como si pudiera masticarlo. Lleno de aire mis pulmones y exhalo lentamente. Giro el pomo de la puerta, extrañamente sin seguro, e ingreso. Tyler se queda afuera.