—¿Estás segura de que quieres ir?
Miré a mi hermana desde el asiento trasero del automóvil y suspiré.
—Necesito hacerlo, Isabella.
Ella guardó silencio.
No necesitaba preguntarme por qué.
Durante las últimas tres horas había llorado tanto que ya ni siquiera sentía ganas de hacerlo.
Hasta esa mañana creía que mi vida era perfecta.
Tenía diecisiete años, una familia con dinero, una casa enorme, amigas, buenas calificaciones y un novio al que había amado durante casi dos años.
**Ethan.**
Había imaginado que él estaría conmigo durante mucho tiempo.
Incluso había pensado que algún día podríamos mirar hacia atrás y recordar nuestros primeros años juntos.
Qué ingenua había sido.
Todo comenzó con un mensaje.
Uno que jamás debí leer.
Pero quizá necesitaba hacerlo.
Había tomado el teléfono de Ethan porque quería enseñarle una fotografía que tenía guardada. Su teléfono estaba sobre la mesa y, justo cuando iba a desbloquearlo, apareció una notificación.
No decía mucho.
Solo:
**"¿Cuándo vas a volver a verme?"**
Sentí que algo dentro de mí se congeló.
Ethan intentó quitarme el teléfono.
Demasiado tarde.
Después vinieron las explicaciones.
Las excusas.
Las mentiras.
Y finalmente, la verdad.
Había otra chica.
No era un error.
No había sido una sola vez.
Y lo peor era que muchas personas lo sabían.
Mientras yo presumía que tenía el novio perfecto, probablemente todos se reían de mí a mis espaldas.
—Valentina...
La voz de Isabella me devolvió al presente.
—¿Qué?
—No tienes que fingir que estás bien conmigo.
Miré por la ventana.
—No estoy fingiendo.
—Entonces deja de decir que estás bien.
No respondí.
El automóvil continuó avanzando hasta que los edificios de la ciudad comenzaron a desaparecer detrás de nosotros.
Mi padre había organizado todo en cuestión de horas.
Un mes.
Eso era lo que iba a pasar en Miami.
Treinta días lejos de mi colegio, de Ethan, de los rumores y de todas las personas que me conocían.
Treinta días para olvidarme de todo.
O eso esperaba.
---
Cuando llegamos al aeropuerto, mi teléfono no dejó de vibrar.
**Ethan llamando.**
Lo ignoré.
Volvió a llamar.
Lo ignoré otra vez.
Después apareció un mensaje.
*"Necesitamos hablar."*
Solté una pequeña risa amarga.
¿Hablar?
Ya había hablado demasiado.
Había tenido toda una relación para decirme la verdad.
Ahora era demasiado tarde.
Apagué el teléfono.
—¿Segura? —preguntó Isabella.
—Completamente.
Por primera vez desde que había descubierto la traición, sentí algo parecido a tranquilidad.
Tal vez Miami era exactamente lo que necesitaba.
---
Horas después, el avión aterrizó.
El calor me recibió apenas salí del aeropuerto.
Respiré profundamente.
El aire era diferente.
No sé por qué, pero tuve la sensación de que algo estaba a punto de cambiar.
Quizá era solo una sensación.
O quizá era el comienzo de algo que todavía no podía imaginar.
---
La casa de mi familia estaba frente al mar.
Era enorme, con grandes ventanales, una piscina y una terraza desde donde podía verse el océano.
Cualquiera habría pensado que estaba viviendo un sueño.
Pero yo solamente quería estar sola.
Dejé mi maleta en la habitación y salí al balcón.
El sol comenzaba a bajar.
El cielo estaba cubierto de tonos naranjas y rosados.
Por primera vez en todo el día, sonreí un poco.
—Treinta días —murmuré.
Treinta días sin Ethan.
Treinta días sin explicaciones.
Treinta días para empezar de nuevo.
O al menos eso creía.
Porque al otro lado de la playa, sin que yo lo supiera, un chico observaba el mismo atardecer.
Un chico que también había llegado a Miami intentando escapar de una historia que terminó mal.
Un chico que todavía no sabía que estaba a punto de conocerme.
Y que, probablemente, habría preferido no hacerlo.
Porque cuando dos personas llegan al mismo lugar intentando olvidar el amor...
a veces terminan encontrando uno nuevo.
**Fin del capítulo 1.**