El tercer día en Miami comenzó con una llamada de mi madre.
—¿Cómo estás, cariño?
Miré por la ventana.
—Bien.
—¿Segura?
—Sí, mamá.
Ella hizo una pausa.
—Tu padre y yo pensamos que sería bueno que aprovecharas estas vacaciones para descansar. No quiero que estés pendiente de lo que está pasando en casa.
Sabía perfectamente a qué se refería.
Ethan.
—No estoy pendiente de él.
—Me alegra escucharlo.
Después de despedirnos, me quedé mirando mi teléfono.
Había un nuevo mensaje.
**Ethan: "Solo quiero explicarte todo."**
Lo borré.
No quería explicaciones.
Quería olvidarlo.
Me puse un vestido ligero y salí de la casa. Había decidido ir a una pequeña cafetería cerca de la playa.
Pedí un jugo y me senté junto a la ventana.
—¿Puedo sentarme?
Levanté la mirada.
Luke.
—¿Tú otra vez?
—Parece que el universo quiere que nos conozcamos.
—O simplemente frecuentamos los mismos lugares.
—Prefiero mi versión.
Sonreí.
—Haz lo que quieras.
Se sentó frente a mí.
—¿Qué haces sola?
—Tomando algo.
—Eso puedo verlo.
—Entonces, ¿para qué preguntas?
Luke soltó una carcajada.
—Eres difícil.
—Y tú hablas demasiado.
—Eso dicen.
Por primera vez, hablar con él no me molestaba.
De hecho, comenzaba a gustarme.
Después de unos minutos, Luke recibió una llamada.
—¿Sí?
Su expresión cambió.
—No, ya te dije que no quiero hablar de eso.
Se levantó y salió de la cafetería.
Lo observé desde la ventana.
Parecía triste.
Cuando regresó, ya no sonreía.
—¿Todo bien? —pregunté.
—Sí.
—No parece.
Me miró durante unos segundos.
—Mi ex.
No dije nada.
—También me engañó —continuó.
Sentí un pequeño nudo en el estómago.
—Lo siento.
—Yo también.
Nos quedamos en silencio.
Por primera vez entendí que nuestras historias tenían algo en común.
Ambos habíamos confiado en alguien.
Ambos habíamos terminado decepcionados.
Y quizá por eso hablar con él resultaba tan fácil.
Porque no tenía que fingir.
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Esa tarde caminamos por la playa.
Hablamos de nuestras familias, de nuestros sueños y de las cosas que queríamos hacer algún día.
No hablamos de nuestros ex.
Hasta que Luke se detuvo.
—Valentina.
—¿Sí?
—¿Por qué siento que estás intentando olvidar algo?
Lo miré sorprendida.
—Porque probablemente sea cierto.
—¿Y qué estás intentando olvidar?
Respiré profundamente.
—A alguien que ya no merece que lo recuerde.
Luke sonrió ligeramente.
—Entonces estamos empatados.
—¿Cómo?
—Yo también estoy intentando hacer exactamente lo mismo.
Continuamos caminando.
Y sin darme cuenta, aquel chico que había conocido hacía apenas dos días comenzaba a convertirse en alguien importante.
Aunque todavía no estaba preparada para admitirlo.
Ni siquiera ante mí misma.