Adiós y Hola

Una noche diferente

—¡Valentina!

Escuché la voz de Isabella desde abajo.

—¿Qué?

—¡Tenemos una invitación!

Bajé las escaleras.

Isabella tenía una sonrisa enorme.

—Hay una fiesta esta noche en la casa de unos amigos.

—No quiero ir.

—Precisamente por eso tienes que ir.

—No.

—Sí.

—Isabella...

—Valentina, llevas tres días mirando el océano como si estuvieras esperando que te responda.

Suspiré.

—Está bien.

Ella sonrió.

—Sabía que dirías que sí.

---

La fiesta estaba llena de música, luces y personas.

Yo intentaba no sentirme incómoda.

—Relájate —me dijo Isabella—. No tienes que pensar en nada.

Asentí.

Entonces escuché una voz detrás de mí.

—¿También vienes a las fiestas a las que no quieres venir?

Me giré.

Luke.

—¿Tú qué haces aquí?

—Lo mismo que tú.

—¿No querías venir?

—No.

—Entonces tenemos algo en común.

—Otra vez.

Sonrió.

—Parece que tenemos demasiadas cosas en común.

Rodé los ojos.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Me reí.

Durante aquella noche estuvimos juntos casi todo el tiempo.

No porque alguien nos obligara.

Simplemente sucedió.

Hablamos, nos reímos y hasta terminamos bailando una canción.

Por unas horas olvidé completamente a Ethan.

Hasta que mi teléfono vibró.

Miré la pantalla.

**Ethan.**

Mi sonrisa desapareció.

Luke lo notó.

—¿Quieres que nos vayamos?

—¿Por qué?

—Porque acabas de cambiar la cara.

—Estoy bien.

—Valentina...

—Estoy bien.

Contesté.

—¿Qué quieres?

La voz de Ethan llegó inmediatamente.

—Necesito verte.

—No.

—Por favor.

—Ya te dije que no quiero hablar contigo.

—No puedes simplemente desaparecer.

Solté una pequeña risa.

—Tú fuiste quien desapareció primero. Solo que lo hiciste mientras estabas con otra persona.

Silencio.

Colgué.

Luke me observó.

—No tienes que contarme nada.

Lo miré.

—Gracias.

—Pero si quieres hablar, te escucho.

No sabía por qué esas palabras significaron tanto.

Quizá porque no estaba intentando arreglarme.

Solo estaba dispuesto a escuchar.

Salimos de la fiesta y caminamos hasta la playa.

El cielo estaba oscuro y el sonido de las olas llenaba el silencio.

—¿Sabes qué es lo extraño? —dije.

—¿Qué?

—Hace una semana pensé que estaría con Ethan durante mucho tiempo.

Luke bajó la mirada.

—Yo también pensaba lo mismo de mi ex.

—¿Y ahora?

—Ahora creo que algunas personas llegan a nuestra vida para enseñarnos algo.

—¿Y qué te enseñó ella?

Luke pensó unos segundos.

—Que nunca debería dejar de ser yo mismo para que alguien se quede.

Me quedé callada.

—¿Y tú? —preguntó.

Miré el océano.

—Que confiar en alguien no significa que esa persona vaya a cuidar de tu corazón.

Luke asintió.

—Entonces tendremos que aprender otra cosa.

—¿Cuál?

Me miró.

—Que no todas las personas van a romperlo.

Sentí que mi corazón dio un pequeño salto.

No respondí.

Pero tampoco aparté la mirada.




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