AdriÁn City En Novela

Adrián City En Novela

ADRIÁN CITY EN NOVELA
HOJA 1
El sol de marzo caía sobre las fachadas de color crema de Adrián City, pintando las calles de un tono dorado que parecía sacado de un viejo cuadro. María Suárez apoyaba las manos en el barandal de la plaza del Molino, mirando la estructura de ladrillos rojos que se alzaba en el centro – sus ventanas rotas eran como ojos vacíos, pero para ella seguían viendo todo.
“Ese lugar tiene más historia que toda la nueva torre que quieren poner aquí”, dijo en voz baja, sin darse cuenta de que alguien la escuchaba.
Detrás de ella, Adrián Costa ajustaba los lentes de su gafas y acercó un paso. “La historia también necesita espacio para crecer, ¿no crees?”
Majo se giró de golpe, encontrándose frente a un hombre de traje gris claro, cuyo rostro llevaba la marca de la duda entre cejas. “El crecimiento no tiene por qué destruir lo que ya existe. Mi abuela me contó cómo aquí se bailaba tango los sábados, cómo los vecinos compartían mate cuando hacía frío.”
Adrián bajó la mirada hacia el suelo de piedra. “Yo también escuché esas historias. Mi bisabuelo fue quien ayudó a construir la plaza.”
Mientras ellos hablaban, un clic de cámara rompió el momento. Una mujer de cabello corto y chaqueta de jean sonreía desde unos metros atrás. “Disculpen – pero la forma en que la luz les toca… es perfecta para mi serie sobre los lugares que la ciudad olvida.”
“¿Y quién eres tú?” preguntó Majo, un poco molesta por la interrupción.
“Lucía Mendoza. Pero todos me llaman Lulu”, respondió la fotógrafa, acercándose con la mano tendida. “Y creo que los tres estamos aquí por la misma razón – aunque no lo sepan todavía.”
HOJA 2
Lulu llevó a Majo y Adrián a un café en la esquina de la calle Libertad, un local con mesas de madera y paredes cubiertas de fotos antiguas de Adrián City. El dueño, don Roberto, saludó a Majo con una sonrisa.
“¿Otra vez peleando por el Molino, mija?”
“Si no lo hago yo, ¿quién lo hará?” respondió ella, mientras pedía un café con leche.
Adrián se sentó en silencio, mirando las fotos en la pared. Había una en la que un grupo de gente bailaba en la plaza del Molino – un hombre joven con su cabello peinado hacia atrás llevaba en la solapa un pin que reconocía de la empresa familiar.
“Ese es mi bisabuelo”, dijo, señalando la foto. “Decía que la ciudad era como un árbol – tenías que cuidar las raíces para que la copa creciera fuerte.”
“Entonces ¿por qué su empresa quiere talarlo?” preguntó Lulu, sacando una libreta de su bolso. “Estoy haciendo un reportaje sobre los espacios comunitarios que desaparecen. El Molino es el último de su tipo en la zona.”
Adrián se rascó el cuello, incómodo. “La empresa tiene planes – proyectos que crearán empleos, viviendas nuevas. No es tan simple como decir que queremos destruir algo.”
Majo cerró los ojos por un instante. “Para ti puede no serlo. Pero para mí, ese lugar es donde aprendí a leer con mi abuela, donde fui por primera vez con un chico, donde celebramos cuando gané la beca para estudiar arquitectura. Es parte de quién soy.”
Cuando abrió los ojos, vio que Adrián la miraba con una expresión que no había visto antes – no era la mirada de un hombre de negocios, sino la de alguien que empezaba a entender.
HOJA 3
Al día siguiente, Lulu la encontró a Majo en la oficina de arquitectura donde trabajaba – un espacio pequeño pero luminoso, con planos desplegados en todas partes.
“Te traje algo”, dijo la fotógrafa, colocando un sobre sobre la mesa. “Encontré estas en el archivo de la ciudad.”
Dentro había fotos y documentos antiguos sobre el Molino: planos originales, cartas entre los constructores, registros de las actividades que se hacían allí. Uno de los documentos tenía una nota manuscrita: “Este lugar es para que la gente se encuentre – nunca olvidar eso.”
“Es firmado por tu bisabuelo”, dijo Majo, mirando a Adrián, que acababa de entrar en la oficina.
“Lo sé”, respondió él, tomando el papel con cuidado. “Mi padre nunca me mostró nada de esto. Siempre dijo que el pasado era un peso que teníamos que dejar atrás.”
“Pero si no conoces tu pasado, ¿cómo sabes hacia dónde vas?” preguntó Lulu, sacando su cámara. “Vamos – hay algo más que quiero mostrarles.”
Los llevó hasta el tejado del edificio más alto de la zona cercana. Desde allí se veía toda Adrián City: las torres modernas al fondo, las calles estrechas del casco antiguo al costado, y en el centro, la plaza del Molino como un pequeño oasis de piedra y verde.
“Mira”, dijo Lulu, señalando con el dedo. “El Molino es el punto donde se conectan todas las calles antiguas. Si lo quitan, la ciudad pierde su corazón.”
Adrián se quedó mirando el paisaje por varios minutos. “Mi empresa tiene una reunión la semana que viene para aprobar el proyecto de demolición. Tienes cinco días para convencerlos de que hay otra forma.”
Majo sonrió por primera vez en días. “Cinco días son suficientes.”
HOJA 4
Los tres pasaron los siguientes días trabajando juntos. Majo rediseñaba los planos, buscando una forma de integrar el Molino en el nuevo proyecto. Lulu entrevistaba a vecinos mayores, registrando sus historias sobre la plaza. Y Adrián – aunque no lo decía en voz alta – empezaba a usar sus contactos dentro de la empresa para conseguir más tiempo y información.
Una tarde, mientras organizaban los materiales en el apartamento de Majo, encontraron un viejo álbum de fotos en un cajón. Había imágenes de su abuela joven, bailando en la plaza con un hombre que parecía mucho a Adrián.
“¿Quién es él?” preguntó Adrián, señalando la foto.
“Mi tatarabuelo”, respondió Majo, sonriendo. “Decía que se conocieron allí, que fue amor a primera vista. Se casaron en la plaza, con todos los vecinos como testigos.”
Lulu sacó su cámara y tomó una foto del álbum. “Esto es perfecto – la historia de amor que unió a dos familias, y ahora su descendencia tiene que decidir el futuro del lugar donde todo empezó.”
Adrián se quedó callado, mirando la foto. “Mi padre nunca me habló de esto. Quizás no lo sabía.”
“O quizás no quería saberlo”, dijo Majo, colocando una mano sobre la suya por un instante. Cuando se dio cuenta, la retiró rápidamente, sonrojándose.
“Tenemos que preparar la presentación”, dijo Lulu, rompiendo el silencio con una sonrisa entrometida. “Pero primero, ¿alguien quiere tomar un mate? Necesitamos energía.”
HOJA 5
La reunión de la empresa se acercaba y la tensión crecía. Majo pasaba las noches revisando los planos una y otra vez, asegurándose de que todo estuviera perfecto. Adrián llegaba cada tarde con nuevos datos sobre los costos y las regulaciones municipales. Y Lulu terminaba su reportaje, seleccionando las fotos más impactantes y las historias más emocionantes.
Un día antes de la reunión, se encontraron en la plaza del Molino al atardecer. El sol pintaba el cielo de naranja y rosa, y el viento susurraba entre los ladrillos de la vieja estructura.
“¿Crees que lo conseguiremos?” preguntó Majo, apoyando la cabeza en el hombro de Lulu.
“Si no lo hacemos, no será por falta de esfuerzo”, respondió la fotógrafa. “Y aunque la demolición se apruebe, al menos habremos dejado constancia de lo que este lugar significa para la gente.”
Adrián se acercó con un papel en la mano. “Conseguí que permitan que hagamos la presentación mañana – no solo yo, sino los tres. Mi padre va a estar allí, junto con el consejo administrativo.”
Majo se puso de pie, mirándolo a los ojos. “Gracias, Adrián. No sé cómo pagarte esto.”
“Quizás no tengas que hacerlo”, dijo él, acercándose un poco más. “Quizás simplemente tengas que creer que algunas cosas valen la pena luchar por ellas.”
En ese momento, un grupo de niños llegó a la plaza y empezó a jugar entre las piedras. Lulu tomó su cámara y capturó la imagen: los niños jugando, el Molino al fondo, y Majo y Adrián mirándose como si el mundo se hubiera detenido.
“Esa será la foto de portada”, dijo ella con una sonrisa.
HOJA 6
La mañana de la reunión, los tres se reunieron en el café de don Roberto para tomar un último café antes de enfrentarse al consejo. El dueño les puso tres cafés grandes en la mesa.
“Para la suerte”, dijo, dándoles una palmada en el hombro. “El Molino no se va a ir tan fácilmente – tiene raíces profundas aquí.”
Cuando llegaron a la oficina central de Costa Inmobiliaria, el ambiente era serio. El consejo estaba sentado alrededor de una gran mesa de madera, y el padre de Adrián, don Carlos Costa, los miró con una expresión impasible.
“Adrián”, dijo, “esperamos que esta presentación justifique el tiempo que hemos perdido con este asunto.”
Adrián se acercó al podio, mientras Majo colocaba los planos en la pantalla y Lulu preparaba las fotos.
“Señores”, empezó Adrián, “cuando mi bisabuelo ayudó a construir la plaza del Molino, lo hizo con una idea clara: crear un espacio para la comunidad. Hoy, queremos mostrarles que esa idea sigue siendo válida.”
Majo tomó la palabra después, explicando los nuevos planos: el Molino se convertiría en un centro comunitario, con espacios para talleres, reuniones y eventos culturales. El proyecto nuevo se integraría alrededor suyo, conservando la estructura original y creando un puente entre el pasado y el futuro.
“Cada piedra de este lugar tiene una historia”, dijo ella, mostrando las fotos de Lulu. “Historias de amor, de amistad, de familias que se han reunido allí durante décadas. Si lo destruimos, destruimos parte de la identidad de Adrián City.”
HOJA 7
Mientras Majo hablaba, Lulu mostraba las entrevistas que había hecho a los vecinos. Un señor de ochenta años contaba cómo había conocido a su esposa en la plaza. Una mujer joven hablaba de cómo allí había organizado la primera reunión de su grupo de teatro. Un niño pequeño explicaba que era su lugar favorito para jugar con sus amigos.
Don Carlos escuchaba en silencio, mirando las imágenes en la pantalla. Cuando terminó la presentación, hubo un largo silencio en la sala.
“¿Y los costos?” preguntó uno de los miembros del consejo. “¿Cómo vamos a financiar esta modificación del proyecto?”
“Ya calculé todo”, dijo Adrián, colocando papeles sobre la mesa. “Podemos conseguir subsidios municipales para la restauración del Molino, ya que se trata de un espacio de interés cultural. Además, los estudios muestran que los proyectos que integran elementos históricos tienen más valor a largo plazo y generan más actividad económica en la zona.”
Don Carlos se puso de pie y caminó hacia la pantalla, donde se veía la foto de los niños jugando en la plaza. “Yo también jugué allí cuando era pequeño”, dijo en voz baja, para que solo Adrián lo escuchara. “Mi padre me prohibió ir cuando empecé a trabajar en la empresa – dijo que tenía que pensar en el futuro, no en el pasado.”
“El futuro no tiene por qué olvidar el pasado, papá”, respondió Adrián. “Eso es lo que hemos estado tratando de decirles.”
El consejo se reunió en privado por unos minutos. Cuando volvieron, don Carlos tomó la palabra. “Después de analizar la presentación y los datos que nos han mostrado, hemos decidido aprobar el proyecto modificado. El Molino se quedará.”
Majo sintió cómo las lágrimas llenaban sus ojos, mientras Lulu abrazaba a Adrián con emoción.
HOJA 8
La noticia se extendió por Adrián City como un fuego de paja. Vecinos se reunieron en la plaza del Molino para celebrar, llevando mate, pastel y música. Don Roberto trajo una cafetera grande y sirvió café a todos los que pasaban.
Majo caminaba por la plaza, saludando a la gente y escuchando sus historias. Cuando se detuvo frente al Molino, sintió que la mano de Adrián se posaba en su espalda.
“Lo hicimos”, dijo él, sonriendo.
“Lo hicimos nosotros”, respondió ella, volviéndose para mirarlo. “Sin ti, nunca hubiéramos podido convencer a tu padre.”
Adrián tomó su mano entre las suyas. “Mi padre me dijo algo después de la reunión – me dijo que mi bisabuelo estaría orgulloso de lo que hice. Y que quizás él mismo había estado equivocado al querer olvidar el pasado.”
Lulu se acercó con su cámara, rodeada de niños que querían ver las fotos que había tomado. “¡Vamos a tomar una foto grupal!” gritó, llamando a todos los vecinos que estaban allí.
Mientras se organizaban para la foto, Majo se volvió hacia Adrián. “¿Qué pasa ahora?”
“Ahora empezamos a trabajar en la restauración”, dijo él. “Y espero que puedas ser la arquitecta a cargo del proyecto.”
“¿Y tú?” preguntó ella.
“Yo estaré ahí, ayudando en todo lo que pueda. Y tal vez… tal vez podamos encontrar tiempo para conocer mejor esta ciudad que tanto amamos.”
Majo sonrió, apretando su mano. “Me gustaría mucho eso.”
HOJA 9
Las semanas siguientes estuvieron llenas de trabajo. Majo coordinaba con los contratistas y los expertos en restauración. Adrián se encargaba de los trámites administrativos y los acuerdos con la empresa. Y Lulu continuaba con su reportaje, registrando cada paso del proceso de renovación.
Un día lluvioso, los tres se encontraron en la plaza para revisar los avances. El Molino ya tenía algunas ventanas nuevas, y los trabajadores estaban limpiando los ladrillos para devolverles su color original.
“Mira”, dijo Lulu, señalando una piedra en la base de la estructura. “Hay algo grabado ahí.”
Se acercaron y vieron unas letras talladas en la piedra: “Aquí empezó todo – y aquí seguirá.”
“Eso debe ser de cuando lo construyeron”, dijo Adrián, pasando los dedos por la inscripción. “Nadie lo había visto antes.”
“Quizás solo se ve cuando la lluvia moja la piedra”, respondió Majo. “Como si el lugar mismo quisiera mostrarlo ahora que sabe que se va a quedar.”
Lulu tomó una foto de la inscripción, luego de los tres mirándola. “Mi reportaje se va a llamar ‘Aquí empezó todo’. Ya hablé con una revista local que quiere publicarlo.”
Majo se sentó en un banco nuevo que habían instalado en la plaza. “A veces pienso que todo esto fue demasiado fácil – que algún día vamos a despertar y será un sueño.”
Adrián se sentó a su lado. “No es un sueño. Es el resultado de que tres personas decidieron luchar por algo que creían. Y de que una ciudad decidió recordar quién es.”
La lluvia dejó de caer, y el sol apareció entre las nubes, creando un arcoíris que se alzaba sobre Adrián City.
HOJA 10
Seis meses después, la inauguración del centro comunitario del Molino fue un éxito total. La plaza estaba llena de gente: niños jugaban en el nuevo espacio de juegos, adultos asistían a un taller de arte, y mayores se reunían para tomar mate y charlar.
Majo, Adrián y Lulu estaban en la entrada del Molino, mirando la gente con satisfacción. La estructura había sido restaurada con cuidado, conservando su encanto original pero añadiendo todos los elementos necesarios para su nueva función.
“Tu abuela estaría muy orgullosa”, dijo Adrián a Majo, tomándola de la mano.
“Y tu bisabuelo también”, respondió ella. “Creo que ambos están mirándonos desde algún lugar.”
Lulu cerró su cámara y la guardó en el bolso – había tomado la última foto del reportaje: la inscripción “Aquí empezó todo – y aquí seguirá” iluminada por el sol de la tarde, con la multitud feliz de fondo.
“El reportaje sale la semana que viene”, anunció, sonriendo. “Y la portada es justamente esta imagen – porque es la verdad de Adrián City.”
Don Carlos se acercó a ellos, acompañado de varios vecinos mayores que habían estado en la lucha por salvar el Molino. “Quería decirles gracias”, dijo, estrechando la mano de Majo y luego la de Lulu. “Adrián tenía razón – esta ciudad necesita sus raíces para seguir creciendo.”
Mientras tanto, un grupo de jóvenes empezó a tocar música en el centro de la plaza – un tango antiguo que hacía recordar las fiestas de otoño. La gente se fue acercando y empezó a bailar, justo como hacían sus abuelos en esas fotos antiguas.
Adrián extendió la mano a Majo. “¿Quieres bailar?”
Ella aceptó con una sonrisa radiante. Mientras bailaban entre la multitud, bajo los ladrillos rojos del Molino que ahora brillaban como nunca, Lulu capturó un nuevo instante – dos personas que habían encontrado el amor mientras luchaban por un lugar, en una ciudad que había aprendido a valorar tanto su pasado como su futuro.
“Adrián City no es solo un nombre”, dijo Lulu en voz baja, mirando la pareja bailar y la gente alrededor. “Es un hogar que se construye todos los días, con historias, con sueños… y con encuentros que cambian el rumbo de todo.”
En la piedra de la entrada, la inscripción brillaba bajo la luz de las farolas que acababan de encenderse – un recordatorio de que lo que se construye con amor y respeto nunca desaparece.
FIN DE LA Novela....
Fecha de publicación, lanzamiento mundial 2026-02-26
© DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS
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CONCEPTO Y REDACCIÓN: Adrián city Adrián city En Novela
DISEÑO DE PORTADA Y ESTILO
Adrián city .




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