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Con mis 18 años, no encajaba en el lugar, las mujeres que estaban, tenían un promedio de 30 años. Yo me sentía perdido, acostumbrado a salir con mis amigos, me sentía incómodo, primero porque era un lugar para gente más grande y segundo porque me inhibía la presencia de mi tío y su amigo, en conclusión, empecé a manifestar ni descontento hasta que tomaron la decisión de irnos,la noche se había terminado.
Tenían que buscar otra alternativa, pero no surge nada, así que terminé llegando temprano a mi casa y ellos siguieron su camino.
Conclusión, cuando no encajas y no es tu lugar mejor no entrar.Llegamos al mes de enero y nos fuimos a la costa a festejar el cumpleaños de mi vieja.Le llevábamos un regalo sorpresa, le había comprado una tele Hitachi de 14 pulgadas, nos subimos al Fiat 600, adelante su amigo yo viajaba atrás cómodo y tranquilo, de repente empiezo a notar que a mi tío se le cerraban los ojos y ahí empezamos a distraerlo para que no se duerma.
Llegamos a y nos esperaban con un asado todo estaba como lo planeado hasta que llegó el momento de ir a dormir no había lugar, mi tío y su amigo tuvieron que dormir en el auto yo tenía mi cama, solo era una noche porque el domingo ya nos volvíamos a Buenos Aires, el lunes había que trabajar.
Estas anécdotas marcan una diferencia con las anteriores, yo ya estaba creciendo, buscaba otras vivencias, compartir salidas con mis amigos eran más productiva y las disfrutada de otra manera.
La juventud llega de repente sin avisar y con ella la madurez y la posibilidad de elegir.
Las salidas con mi tío la disfrutaba cuando era adolescente ya que vivía un mundo diferente vivía una vida acorde a su edad y eso me hizo tomar la decisión de elegir a mis amigos en el momento de organizar una salids.
Con el tiempo cada uno siguió su camino yo salía con mis amigos y él con lo suyo aunque a veces coincidíamos en el lugar elegido..
Llegó el sábado, con el, la posibilidad de volver a vivir una noche con amigos, los de siempre.
No volví a sentirme Perdido.
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Editado: 12.01.2026