El teléfono sonó con insistencia rompiendo el silencio de la casa Yo estaba en la cocina, sosteniendo una taza entre mis manos
—¿Laura? —llamé, alzando un poco la voz.
No hubo respuesta inmediata… pero entonces escuché pasos rápidos, casi torpes, y el sonido de algo cayendo al suelo.
Laura apareció en el pasillo con el teléfono en la mano, su rostro había perdido completamente el color.
— ¿Qué pasó?... no, no entiendo… ¿cómo que…?—su voz temblaba, quebrándose entre palabras
Se llevó la otra mano a la boca.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas en cuestión de segundos.
Mi corazón se encogió.
—Laura… —susurré, avanzando hacia ella—. ¿Qué ocurre?
Ella no me respondió.
Solo asentía, escuchando.
—Sí… sí, voy para allá… ahora mismo… —dijo finalmente, casi sin aire—.
Colgó.
—¿Laura? —repetí, ahora más firme. Ella me miró. Y en sus ojos había algo que me heló la sangre. No era solo miedo. Era desesperación.
—Elena… —su voz salió rota—… tengo que ir al trabajo de Daniel… ahora… algo pasó.
Sentí un vacío en el estómago.
—¿Qué pasó?
Negó con la cabeza, como si ni siquiera pudiera organizar sus pensamientos.
—No lo sé… solo… solo me llamó Andrés… el amigo de Daniel… dijo que… que tenía que ir… que era urgente…
Sus manos temblaban tanto que apenas podía sostener el teléfono.
La tomé suavemente por los hombros.
—Ey… mírame… —le dije con cuidado—. No vas sola.
Ella tragó saliva.
—No… no quiero que vayas…
—Voy contigo.
—Elena…
—Voy contigo —repetí, más firme.
Hubo un pequeño silencio hasta que finalmente asintió.
—Está bien…
Ambas nos movimos casi al mismo tiempo.
El ambiente en la casa seguía siendo pesado, cargado de esa tristeza que aún no se disipaba desde… todo.
—Tenemos que avisarle a Vicky —dijo Laura de pronto, deteniéndose en seco antes de llegar a la puerta.
Miré hacia el pasillo que conducía al cuarto de Victoria.
Un nudo se formó en mi garganta.
—Sí…
—No. No le digas nada… por favor…
—No lo haré.
Caminamos juntas hacia la habitación.
La puerta estaba entreabierta.
Toqué suavemente.
—¿Victoria?
—Pasa —respondió su voz desde dentro.
Entramos.
Victoria estaba sentada en la cama, con un suéter sobre los hombros, sosteniendo entre sus manos algo que no alcancé a ver bien.
Alzó la mirada al vernos.
—¿Qué pasa?
Laura forzó una pequeña sonrisa que no logró sostenerse.
—Nada grave… solo… me llamaron del trabajo de Daniel…
Victoria frunció el ceño.
—¿Del trabajo?
—Sí… parece que necesitan que vaya un momento… —continuó Laura, intentando sonar normal—. Elena me va a acompañar.
Sentí la mirada de Victoria sobre mí.
Como si tratara de leer entre líneas.
Siempre había sido así. Intuitiva.
—¿Todo está bien? —preguntó con suavidad.
—Sí —respondí yo, esta vez—. Solo es… algo del trabajo.
Victoria nos observó unos segundos más.
Luego asintió lentamente.
—Está bien… pero me llaman en cuanto sepan algo.
—Sí —dijo Laura rápidamente—. Claro que sí.
Victoria se levantó con un poco de esfuerzo y se acercó a Laura.
Le tomó el rostro entre sus manos.
—Tranquila… —le susurró—. Todo va a estar bien.
Laura cerró los ojos un instante.
Como si esas palabras fueran lo único que la mantenía de pie.
—Sí…
Salimos de la habitación. Y apenas la puerta se cerró detrás de nosotras… Laura se rompió.
Soltó el aire con un sollozo contenido, llevándose la mano al pecho.
—No está bien… no está bien, Elena…
La abracé sin pensarlo.
—Shh… tranquila… vamos a ir… vamos a ver qué pasa…
—Tengo miedo…Algo no esta bien…su voz….tengo un mal presentimiento Elena
—No pasara nada, si?…
Nos separamos.
—Vamos —dije.
Salimos de la casa. Laura tomó las llaves con manos temblorosas.
—¿Quieres que maneje? —pregunté.
—No… no… yo puedo…
Encendió el motor.
Pero se quedó unos segundos sin moverse.
Mirando al frente.
Respirando.
—Laura…
—Si le pasa algo… —susurró—… si le pasa algo a Daniel…
Su voz se rompió por completo.
—No pienses eso —le dije, aunque mi propio corazón latía con fuerza—. Vamos a llegar primero.
Asintió, limpiándose las lágrimas.
Y finalmente…
El auto avanzó.
Las calles estaban casi vacías. Apenas se veían algunas personas caminando a lo lejos… algunas con mascarillas… otras simplemente… deambulando.
El silencio dentro del auto era pesado.
Denso.
—¿Qué te dijo exactamente? —pregunté después de unos minutos.
Laura apretó el volante.
—Solo… que fuera… que era urgente…
—¿Nada más?
Negó con la cabeza.
—Su voz… —murmuró—… su voz no era normal…
La miré.
—¿A qué te refieres?
—Sonaba… asustado…
Sentí un escalofrío recorrerme.
—Mucho.
El auto siguió avanzando.
Y mientras nos acercábamos…
Algo dentro de mí…sentía una sensación.
El auto apenas se detuvo cuando Laura abrió la puerta sin esperar siquiera a que el motor se apagará por completo.
—¡Daniel! —gritó apenas sus pies tocaron el suelo.
—¡Laura, espera! —intenté alcanzarla, pero ya iba corriendo.
Alcé la vista…
Y lo vi.
Patrullas con luces encendidas, ambulancias, cintas amarillas delimitando la zona… gente reunida, murmurando, señalando… un ambiente pesado, cargado de algo que no necesitaba explicación para sentirse.
Pero lo peor…
Lo peor…
Eran las tres figuras en el suelo.
Tres cuerpos.
Cubiertos con sábanas blancas.
Mi respiración se detuvo por un instante.
No…
No podía ser.
—¡DANIEL! —la voz de Laura desgarró el aire.
Corría entre la gente, empujando a quien se interpusiera en su camino.