La luz de la mañana se filtraba por las ventanas como cualquier otro día, pero dentro de esa casa… nada era igual. El aire seguía siendo pesado, cargado de todo lo que se había dicho… y de todo lo que no. Habían pasado dos días desde aquella conversación, dos días desde que Victoria, con la voz rota y el corazón en pedazos, les pidió que se fueran… no para alejarlas, sino para salvarlas… y aun así, las palabras seguían clavadas en el pecho de Elena como si acabaran de ser pronunciadas.
Cada una estaba en sus habitaciones.
Encerradas en su propio dolor.
Elena permanecía sentada al borde de su cama, con las manos entrelazadas y la mirada perdida en el suelo. No había dormido bien… no desde hace días. Pero esa mañana en particular, el cansancio no venía del cuerpo… venía del alma. Sentía el peso de cada pensamiento, de cada recuerdo, de cada decisión que sabía que no podía seguir postergando.
Porque aunque una parte de ella… una parte muy pequeña… entendía lo que Victoria había dicho… otra parte, mucho más grande, mucho más profunda… simplemente no podía aceptarlo.
No podía irse.
No porque no tuviera a dónde.
Sino porque… ellas eran su hogar.
Su familia.
Lo único que le quedaba.
Cerró los ojos un momento, intentando contener ese nudo que crecía en su garganta, pero fue inútil. Porque en cuanto el silencio volvió a envolverla… también lo hizo el recuerdo.
El de la noche anterior.
El momento exacto en el que todo cambió.
Había sido tarde. La casa estaba en calma, o al menos eso parecía. Elena había salido de su habitación buscando aire… o quizá solo buscando distraer su mente de todo lo que la estaba consumiendo. Y fue entonces cuando la via
A Laura.
Caminando hacia la habitación de Victoria.
Pero no era solo eso.
Era su expresión.
Ese rostro que días atrás estaba roto, perdido, completamente deshecho… ahora estaba… quieto.
Sereno.
Y esa calma… no le dio paz a Elena.
Le dio temor.
Porque no era una calma de sanación.
Era una calma de decisión.
Algo dentro de ella se tensó en ese instante, como una alarma silenciosa que no supo ignorar. No pensó demasiado. Solo… se movió. Se acercó despacio, sin hacer ruido, quedándose cerca de la puerta que no llegó a cerrarse del todo.
Y escuchó.
Escuchó cada palabra.
Cada pausa.
Cada respiración contenida.
Y deseó no haberlo hecho.
—Voy a irme, Victoria.
La voz de Laura no temblaba.
No estaba rota.
Y eso… dolía más que cualquier llanto.
—Ya no puedo seguir aquí.
Elena sintió cómo algo dentro de ella se apretaba con fuerza.
—Laura… —la voz de Victoria sonaba cansada, desgastada— no tienes que decidir ahora…
—Sí tengo que hacerlo.
Esa firmeza… no era la Laura que había visto días atrás.
Era alguien que ya había tocado fondo… y que ahora solo quería salir de ahí, sin importar cómo.
—Si me quedo… me voy a morir aquí —continuó Laura, más bajo—.… esto… esto me está consumiendo.
Elena cerró los ojos, apoyando la espalda contra la pared.
—Aquí todo me lo recuerda… —la voz de Laura se quebró apenas, pero no perdió su determinación—. Ellos… nosotras… lo que perdimos…
Silencio.
—No queda nada para mí aquí, Victoria…
—Tengo que irme antes de quedarme atrapada en este dolor para siempre.
Victoria no respondió de inmediato.
—¿A dónde irás?
—Con mis padres… —respondió Laura—.es lo correcto.
Elena apretó los puños.
—Está bien… —dijo finalmente Victoria, y en esas dos palabras se escuchó cómo se rompía algo dentro de ella otra vez—. Si eso es lo que necesitas…
—Gracias… —murmuró Laura.
Elena se apartó de la puerta antes de que alguien pudiera verla. Caminó de regreso a su habitación con pasos lentos, como si cada uno pesara más que el anterior. Cerró la puerta sin hacer ruido y se quedó ahí, de pie, mirando al vacío.
Sintiendo cómo todo… comenzaba a desmoronarse otra vez.
Y ahora, sentada en su cama, con la luz del día iluminando una realidad que ya no podía ignorar… entendía que ese momento no había sido el final de algo.
Había sido el inicio.
El inicio de una despedida.
El inicio de un cambio que ninguna de las tres estaba preparada para enfrentar.
Pero que ya… era inevitable.
Elena llevó una mano a su pecho, respirando hondo, intentando encontrar fuerza en algún lugar dentro de sí… pero solo encontró ese mismo vacío que había estado creciendo día tras día.
Porque si Laura se iba…
Entonces todo lo que Victoria había dicho… comenzaba a hacerse real.
Y la pregunta que ahora no podía dejar de hacerse era una sola.
¿Qué iba a hacer ella?
—---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Elena no se movió de su cama por un largo rato.
El tiempo pasaba… pero para ella, todo seguía detenido en ese mismo punto donde había escuchado a Laura decir que se iría…
Bajó la mirada hacia sus manos.
Temblaban.
Respiró hondo.
Irse.
Quedarse.
Soltar.
Aferrarse.
Palabras que chocaban entre sí una y otra vez, sin darle descanso.
Victoria tenía razón. Eso era lo peor. Que una parte de ella sabía que tenía razón. Que quedarse en esa casa… era quedarse en el dolor.
En los recuerdos. En todo lo que había perdido.