Aeternus

KARALIS

Las imponentes puertas del instituto se abrieron frente a mis ojos, como si ya estuvieran esperando mi regreso.
Amelie, nuestra directora, me esperaba a la entrada con una pequeña canasta entre las manos. Llevaba un largo vestido de holanes que le llegaba a los tobillos y el cabello liso, perfectamente acomodado en un moño. Se sintió como si estuviera viendo a la misma señora que me recibió casi cuatro años atrás en mi primer día.

— Señorita Sloane, nos alegra mucho al fin tenerla de vuelta.

Los brazos de la directora me rodearon el torso en uno de esos apretones que tenía tiempo sin recibir. Aún olía a esa combinación de café y cigarros a la que le había agarrado el gusto. Se separó al percatarse de la presencia de mis padres a nuestro lado.
El profesor Pierson me saludó con un ligero movimiento de manos, ayudándome a sostener la canasta que la directora me entregó sin que pudiera darme cuenta. Encontré una nota escrita a mano al interior de la canasta; escondida entre el montón de caramelos y bocadillos dulces que me había obsequiado.

Cuando mis padres se fueron, la directora se despidió con un sutil movimiento de cabeza y encomendó al profesor para guiarme al dormitorio.
El profesor Pierson tenía alrededor de cuarenta años y una barba tupida que casi escondía su rostro por completo, había sido el profesor de runas el año anterior, pero nunca pude terminar de entenderle. Prometió ayudarme a repasar cada runa antes de iniciar las clases. Pensé que el tono teatral de su voz me ayudaría a centrar mi atención en las lecciones.

— Tengo entendido que sus compañeras llegarán pronto, será mejor que me retire.
— ¿Compañeras? – le interrumpí antes de que saliera.
— La directora pensó que ustedes serían "el par ideal" para incluir a una nueva alumna.

Señaló el pasillo del dormitorio antes de retirarse, dejándome confundida al centro de la sala. Desde la apertura del instituto, solo había registros de un nuevo integrante a la mitad del año en la generación de nuestros padres, pero nadie sabe quién es actualmente. La llegada de una nueva alumna sería sin dudas algo de lo que se hablaría durante un tiempo, y tener otro motivo para que las miradas estuvieran sobre mi no sirvió para entusiasmarme.

Tomé asiento sobre el suelo y la primera caja entre mis manos. Había una pila de cajas junto a mis maletas con todo lo que había dejado en el dormitorio el año pasado. En el preciso momento en que la destapé, una extraña nostalgia creció al centro de mi pecho; revisé los dibujos de Kanae y las fotos instantáneas de los años anteriores en los marcos de material reciclado que mis hermanos hacían para mi cada festivo.

Revisé las cajas una por una, dejando pasar de largo algunas de mis pertenencias hasta que la puerta de la entrada se abrió. Yvaine cruzó el umbral con esa sonrisa que siempre lograba contagiarme; llevaba el cabello rojo atado en una coleta desarreglada y la chamarra cerrada hasta la mitad, dejando a la vista el mismo collar delgado de siempre.

— Ya no puedo cargar otra maleta. – afirmó tirándose al suelo junto a mí.
— Aún debes llevarlas a tu habitación.

Como si hubiera leído mi mente, nos levantamos de un brinco y corrimos al fondo del pasillo. Yvaine abrió por error la puerta del baño, dándome la ventaja. Elegí la puerta derecha al final del pasillo; una habitación tan grande o pequeña como el resto, pero con una hermosa ventana de bahía que dejaba entrar toda la luz del día y el olor a pino del bosque; en ese momento, la cama estaba desnuda y el escritorio, la mesa de noche y el armario vacío despertaron en mi la emoción que necesitaba para iniciar.

Nos llevó todo el día, pero para la hora de la cena todo estaba en su lugar y las maletas vacías escondidas bajo la cama.
Aún faltaba una semana para que las clases iniciaran, pero todos los alumnos de primer año comenzaban a llegar para instalarse y tomar tantos cursos de practica como pudieran. Todos hicimos lo mismo en su momento. Bajamos las escaleras hasta el primer piso, donde la mayoría de los estudiantes se concentraban, tratando de hacerse amigos entre todos.
A lo lejos, algunos apenas llegaban y lloraban entre los brazos de sus padres como si se despidieran para siempre; todos de primer año.

— ¿Crees que llegará hoy? – su voz cortó mis pensamientos tan rápido, que tuve que repasar sus palabras para comprenderlo por completo.
— ¿Quién? – al verla le entendí. – Ah, te refieres a la nueva. Bueno, quizás llegue hoy o mañana. Seguro Amelie ya le dio una lista de recomendaciones.

El comedor estaba casi vacío cuando llegamos, apenas unos cuantos alumnos curiosos que recorrían la escuela se asomaban y terminaban cautivados por el fuerte aroma de la comida.
Cerca de las diez, los alumnos de primer año estaban concentrados en el comedor; todos igual de emocionados, incluso aquellos que unas horas atrás lloraban al despedirse.

Esa noche no pude dormir. Aproveché el tiempo para mover los muebles por la habitación hasta que me sentí verdaderamente cómoda, pero no hubo mucha diferencia. Organicé mis uniformes en el armario y, los libros, sobre el escritorio. Tomé el libro que mi madre me había regalado la semana anterior y lo devoré en un par de horas.

La poca luz que se colaba entre los árboles se coló también a mi nueva habitación. Me di cuenta de que me había quedado dormida sobre el final del libro. Al despegar la hoja de mi mejilla, vi las lágrimas secas que ya habían arrugado el papel del final. Cerré el ejemplar y lo dejé sobre la mesa de noche antes de levantarme al baño.
La puerta de Yvaine – frente a la mía – ya estaba abierta y ella había desaparecido de la cama mucho antes de lo acostumbrado.
Cuando salí del baño, la encontré en la sala, de espaldas a mi teniendo una plática con una voz que hasta entonces no conocía.

Al estar cerca, pude notar a nuestra nueva compañera; un poco más baja que Yvaine, pero con el mismo tono de piel pálida que la caracterizaba. Llevaba el cabello corto y blanco hasta los hombros, y las pestañas tan rizadas que hacían ver sus ojos más grandes de lo que eran. Me acerqué con una sonrisa que me devolvió enseguida, extendiendo la mano para saludarme.



#2200 en Fantasía

En el texto hay: romance, amistad, suspenso magia

Editado: 14.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.