Aeternus

JAMAIS VU

Kanae me entregó un vaso con agua del que apenas tomé un par de sorbos. Buscó una respuesta en los ojos de sus hermanos, pero ellos estaban tan confundidos como yo.
No logré entender por qué esos recuerdos perdidos regresaron al escuchar su nombre y no al verlo en la sala de combate la semana anterior.

Jaques se encargó de buscar a Azura con la breve descripción que fui capaz de formular: bajita, de ojos grandes y cabello blanco.

—Sabrás quien es cuando la veas.

Caminé enganchada del brazo de Kanae. Melian caminaba del otro lado con las manos dentro de las bolsas de su pantalón. Ninguno dijo nada; siquiera cuando Jaques y Azura nos alcanzaron a la entrada. Caminamos todos juntos de regreso a Kandvo.

Apenas logré entender lo poco que decían, pero, por más preguntas que Azura le hiciera, Jaques evitaba dar demasiada información.

—Seguro que más tarde nos cuenta.

Se limitó a decir; como si el no tuviera ya la respuesta.
La voz de Kanae me distrajo de todo lo demás, una delgada voz bien entonada que hacía parecer una canción cada relato.
El instituto en la noche del Aeternus se veía mejor que nunca, como si también se arreglara para la fiesta. Con todas las luces apagadas y siendo iluminada por velas; y esos banderines del recibidor a juego con la alfombra que vestían las escaleras. Todo casi como en las viejas fotos de sus inicios. Una tradición que me alegraba se hubiera retomado el año anterior.

El agua de la fuente también brillaba y algunas de las flores más cercanas emanaban un fuerte aroma, tres o cuatro veces más de lo usual. Nos detuvimos a admirarlas. Kanae le habló de todo lo que sabía sobre plantas a Azura, respondiendo cada duda que le surgía sin musitar.

Nuestro dormitorio parecía vació cuando llegamos. Ni rastro de que Yvaine hubiera puesto un pie ahí dentro. Nos sentamos todos en la pequeña sala que te recibía al entrar; a penas un sillón para dos personas, café y de un material que bailaba entre tela y piel; y un banco acolchado del mismo material que usaba para tronarme la espalda por las mañanas. La alfombra de Yvaine seguía enrollada y recargada en la pared al fondo de la habitación.

Fue Kanae la que rompió el silencio con un tema completamente distinto que, a todos, sin excepciones, nos dejó aún más confundidos.

—¿Recuerdan a Figoh?
—¿De qué hablas?
—¡No pueden haberlo olvidado! ¡Dahra! —se lanzó a mí con una sonrisita de esas que piden ayuda—. Tu si lo recuerdas ¿Verdad?
—Lo siento, peque, pero no tengo idea.

Que ninguno recordara al tal Figoh la desanimó más de lo que alguno de nosotros podía imaginar.
Kanae pasó los siguientes veinte minutos recordándonos a Figoh; el peluche que intercambiábamos cada cumpleaños para que "nos cuidara". La velada se convirtió en un intercambio de relatos sobre esos recuerdos compartidos durante nuestras infancias y la pequeña parte de nuestras adolescencias antes de que Melian entrara a Kandvo.

Kanae huyó a su dormitorio en cuanto escuchó el primer trueno romper nuestra conversación. Un miedo que ha tenido desde pequeña. Ellos la siguieron, insistiendo en que debería descansar después de lo que pasó.

—Descansa, Ryuu.

Tras la despedida de Melian, Jaques solo levantó la mano y salió tras su hermano.
Regresó casi enseguida, antes de que pudiera cerrar por completo la puerta; un segundo más y habría hecho de su mano una sola con la puerta.

—¿Puedo? ¿Podemos hablar? Seré breve, lo prometo. —lo dejé pasar, escondiendo la mitad del cuerpo tras la puerta—. Quería ofrecerte una disculpa por lo de hace rato.
—Descuida, Jaques. No debes.
—Pero quiero disculparme —interrumpió.

Volvimos a tomar asiento, esta vez sobre el piso de la sala. Se tomó su tiempo antes de empezar a hablar, pero nunca pudo relajar el ceño.

—No sabía que mencionarlo te provocaría eso, pero esto ya había pasado antes.
—¿A qué te refieres?
—Fue un fin de semana antes de las vacaciones, de esas noches en las que Melian y yo hacíamos turno para cuidarte. —soltó un suspiro tan profundo que me movió el cabello—. Era mi turno de estar despierto cuando empezaste a repetir su nombre una y otra vez. Cuando me acerqué a tu camilla ya estabas llorando. Traté de despertarte durante un rato, pero despertaste sola y me aprestaste tan fuerte que creí que ibas a romperme el hueso.
—¿Jaques? —tenía la mirada perdida en el suelo.
—Empezaste a contarme todo lo que pasaste ahí dentro. Hablaste tan rápido que casi no te entendí y después de eso, solo te volviste a dormir.

Me tragué todas las dudas. Se veía abrumado, como si fuera él quien hubiera estado en mi lugar esa noche. Se congeló por unos segundos. No respiró, no parpadeó; no hizo nada por seis largos segundos.

—Jaques ¿Por qué no me dijiste nada?

Silencio.

— ¿Jaques?
—Dahra, creo que hay algo distinto en ti desde aquel día. Creo que ese "algo" es lo que se llevó tantos de tus recuerdos. Volvió a pasar en tu casa después de un par de semanas de tu alta. Te desperté antes de que Melian o Kanae se dieran cuenta.

Recordé un fragmento de la noche que mencionaba. Desperté de golpe con las manos sacudiéndome los hombros. Ver a Kanae dormida a mi lado y a Melian en el piso junto al saco vació donde antes dormía Jaques.

—Desperté con dolor de cabeza. Pero no recuerdo haber-
—Soñado nada —interrumpió; completando mi oración—. Lo mismo dijiste esa noche.

Me estaba viendo con la misma expresión con la que me vio esa ocasión. El ceño fruncido con los ojos bien abiertos y los labios ligeramente separados; y ese tic en la mejilla que era más notorio cuando estaba nervioso.

—Gracias. —lo despedí a la puerta.

Jaques se fue después de un largo silencio y yo volví a mi habitación. Sus palabras dieron vueltas en mi cabeza por varios días: Algo en ti que se está llevando tus recuerdos.
Era cierto. Antes de ese día, nunca había tenido problemas para recordar. Siempre asumí la respuesta que me dieron los doctores: un golpe en la cabeza, combinado con el trauma que experimenté podrían borrarle o bloquear la memoria de cualquiera.



#1903 en Fantasía

En el texto hay: romance, amistad, suspenso magia

Editado: 28.03.2026

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