Aeternus

SIGNA

La luz me cegó al abrir la puerta. Bajé las escaleras hasta el recibidor, confundida con la distribución de la casa. La luz que se colaba por las ventanas hacía que todo se viera diferente, como si no hubiera estado parada ahí mismo la noche anterior.

Seguí el ruido de los platos chocando hasta llegar a la cocina. Sorin guardaba todo en su lugar con cierto cuidado, teniendo una conversación consigo mismo en un susurro que no entendí. Deimos irrumpió su rutina antes de que yo pudiera hablar; pasó a un lado mío con una enorme pala en las manos y las botas llenas de nieve, dejando un rastro desde la entrada.

— Yo me encargo de eso, Sorin.
— Déjame ayudarte, abuelo.

Guardó la pala en el mueble junto a la puerta trasera, un pequeño organizador con picos, hachas y guantes que seguro usaba para limpiar los alrededores de su casa. Se quitó las botas y ando descalzo por la cocina, quitándole a Sorin los vasos de las manos.

— Estoy seguro de que la señorita Sloane disfrutará más de tu compañía que esta vajilla.

A penas se dio cuenta de mi presencia en ese momento. Apretó los labios en una sonrisa y se enjuagó las manos antes de acercarse a mí, secándoselas en el pantalón. Me dio un ligero apretón en el brazo y me guió al segundo piso, a unos metros de su habitación; había una pequeña terraza que daba a la parte posterior de la cabaña, oculta tras una puerta camuflada en la madera de la pared. El frío entraba por el borde inferior, delatando su posición. Un suave empujón fue suficiente para activar el mecanismo y que la puerta diera un brinco hacia nosotros.

El viento la empujó con fuerza, casi golpeando a Sorin en la rodilla. Fue él quien pasó primero, extendiéndome la mano para ayudarme a cruzar también. No hacía tanto frío como durante la noche, ahora el viento empujaba una delgada corriente fresca que pude disfrutar.

— ¿Dormiste bien? —me volteó a ver sobre el hombro—No estabas cuando me desperté.
— Lo suficiente. Salí a correr.
— ¿A correr? ¿Con toda la nieve?
— Tengo mi ruta.

Lo imaginé despertando y entrando al baño con silencio, cambiándose el pijama por ropa más apropiada para correr, poniéndose los tenis encima de las gruesas calcetas con las que había dormido y salido de la habitación con el suficiente cuidado para no despertarme. Todo para bajar y salir por la puerta a enterrar los pies en la nieve hasta el interior del bosque.

— Desde aquí se ve.

Me acerqué al barandal curiosa. Para mi sorpresa, la ruta que Sorin había mencionado seguía marcada en la nieve; pisadas que comenzaban a desvanecerse rodeaban la casa y se perdían en algún punto entre los árboles para después regresar a unos centímetros de las otras. Me explicó a detalle todo el recorrido: las marcas que le hizo al tronco de los pinos después de perderse la primera vez y cómo a este punto, ya había memorizado el número exacto de árboles hasta el río. Hablamos sobre todas las veces que acompañó a su abuelo cuando era pequeño y como correr por las montañas se había convertido en una costumbre con el paso de los veranos.

Deimos asomó la cabeza por la puerta después de un rato.

— El desayuno está listo.

La mesa del comedor desapareció bajo todos los platos. Había una enorme cantidad de platillos y bocadillos que supuse que Deimos había ido a comprar todo. Reconocí los pequeños pasteles de los que Sorin me había hablado tantas veces apilados en una bandeja al centro de la mesa. Deimos tomó un plato de la mesa y comenzó a rondar la mesa, tomando lo que se le antojaba; seguimos sus movimientos. Mi plato se llenó sin que me diera cuenta.

— ¿Qué tal la lluvia de estrellas? Sé lo que Sorin opina, pero ¿qué hay de usted, señorita Sloane?
— Fue muy linda; nunca imaginé que algo así fuera posible.

No creí conveniente contarle como las estrellas me habían arrastrado por el techo.

— Es bueno escuchar eso. Le agradezco por aceptar la invitación, llevaba mucho queriendo que nos acompañara ¿Cierto? —su mirada se dirigió a Sorin. Pensar en Sorin queriendo que estuviera ahí me sacó una sonrisa. — Espero que pueda acompañarnos en verano.
— No tenía idea. Me encantaría regresar, aunque tendría que hablar con mis padres.
— Sé que Sorin tiene sus modos y atajos.

Deimos se veía más animado por la mañana. No dejó de hablar durante el desayuno y pude conocer más sobre su historia. Era un hombre muy ocupado, sabía mucho de muchas cosas y no dudaba un solo segundo en responder lo que se le preguntara. Nos contó la historia de la casa y como todo fue hecho a gusto de la familia Karalis, desde los materiales hasta la distribución.

No pude contener la curiosidad. El desayuno constó de una larga conversación de temas varios y risas compartidas. La comida era deliciosa, la casa comenzaba a entrar en calor y abrigarnos y la plática se extendía cada vez más.
Cuando la comida se acabó, nos ocupamos en acomodar toda la herramienta de Deimos en el almacén de la cocina, escuchando sus mejores consejos para limpiar la nieve. Cuando ya no había qué acomodar, fue la vajilla, después los libros de su oficina y cuando eso se acabó, ambos me ayudaron a estudiar las runas hasta lo aprendí de memoria y Deimos fue capaz de activar algunas.

Nos despedimos en el pórtico, después de que Deimos felicitara a Sorin por la restauración del Pontiac; lo abrazó y tras darle una fuerte palmada en la espalda, me dio un cuidadoso apretón de manos.

— La veré en el verano, señorita Sloane.
— Aquí estaré; muchas gracias por recibirnos.
— Ha sido un placer.

Esta vez sonrió de verdad. Caminamos hasta el Pontiac con los brazos llenos de pastelitos y más bocadillos para el camino que no duraron demasiado. Esta vez Sorin se tomó su tiempo; iba lento a propósito, golpeaba con los dedos el volante y me veía ocasionalmente, tratando se decirme algo que no salía de su boca. No quise presionarlo.

Se orilló de golpe a la mitad del camino, cuando el cielo se veía naranja por el atardecer. Apagó el auto y se giró en su asiento en mi dirección, se estiró hasta el asiento trasero, a su gabardina. Me entregó el sobre que en el camino de ida me había quitado.



#1903 en Fantasía

En el texto hay: romance, amistad, suspenso magia

Editado: 28.03.2026

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