Affliction: Cara

PROLOGO RESURRECCIÓN

Mayo de 1914.

Era uno de esos días tan escasos en que la lluvia caía con la intensa luz y el frío del principio del invierno.

Lilith y yo estábamos en el salón principal, contemplando el jardín, las dos solas.

—¿No es exquisito? —Lilith tomó uno de los pastelillos que tenía en su plato.

El mayordomo, Gustav, se había encargado de preparar cada uno de los platillos de esa gigantesca mesa para cumplir todos los deseos de ella

—. ¿Qué sucede? ¿No tienes hambre? Deberías comer; tal vez pase algún tiempo hasta que puedas hacerlo otra vez.

—No tengo mucha hambre —respondí. Los panqueques recién hechos seguían intactos delante de mí.

—Me lo imaginaba. No obstante, acepta mi consejo y come algo.

Parecía más una amenaza que un consejo. No quería comer en ese instante; lo único en lo que pensaba era en obtener respuestas.

—Come y te diré lo que quieras saber.

Tomé un par de bocados, sabiendo que sería incapaz de comer si me respondía primero. Pero tan pronto como tragaba, volvía a fijar mi atención en ella.

—¿Todos morirán? —pronuncié esas palabras con voz inexpresiva e, instantáneamente, supe que había perdido la esperanza.

—Más del cincuenta por ciento, sí —afirmó en voz alta. Su rostro no mostraba remordimiento. Era un simple hecho.

—Entonces, ¿la guerra vendrá hacia nosotros?

—Por el momento no. Estarás más disgustada luego, cuando el sortilegio haya perdido su efecto.

—Tal vez sea más fuerte de lo que imaginas —la desafié, aunque era consciente del aturdimiento de mi cuerpo.

—Eso sería una sorpresa. Mi sortilegio es un agente calmante —Lilith entrecerró los ojos y terminó el bocado—. De todas maneras, ¿cuál era tu plan?

—¿Qué plan?

—No seas estúpida, Scarlett —gruñó—. Encontraron tres refugios bajo tierra, cada uno en lugares demasiado específicos y con suficientes recursos para salvar a miles. ¿A dónde pensabas ir?

—No tengo idea. Realmente no sabía nada de la existencia de los túneles —era la verdad. Sería incapaz de mentir, sobre todo en estos momentos. Sin embargo, nunca habría imaginado lo lejos que algunas personas estaban dispuestas a llegar para mantenerse con vida.

—Por supuesto que no lo sabías. Igual que no pretendiste fallar en tu misión.

Levanté los ojos rápidamente hacia los suyos, preguntándome cuánto sabía de ese asunto, pero no dije nada.

—Bien, no digas nada. No existe manera alguna de que tus amigos sobrevivan —añadió con frialdad—. Tuvimos que limpiar las zonas después de que mi equipo llenara nuevamente los túneles.

—¿Limpiarlas? —pienso en la conversación que escuché por casualidad. Fue breve y Lilith estaba furiosa, pero el resto permanece en bruma—. ¿Estás diciendo que mataron a todas las personas que se encontraban ahí?

—No exactamente —respondió—. Las hemos arreglado un poco.

Cuando la gente intente pensar en ti, te recordará de una manera un tanto borrosa. Ahora tu historial indica que enloqueciste y que permaneces en casa para tu recuperación total, por si alguien se toma la molestia de indagar sobre ti aunque nadie lo hará.

—Han hecho que desaparezca todo —susurré.

—Fue muy fácil gracias a esos tontos refugios —afirmó, tomando un trozo de macarrón—. Seguramente te parecerá horroroso, pero no hay necesidad de provocar un ataque de pánico generalizado.

—¿Quieres decir —me acerqué a ella— que no es necesario que las personas sepan que morirán dentro de poco?

La sonrisa perversa desapareció de su rostro.

—Algún día lo entenderás; todo lo que hacemos garantiza la vida. Limpiar toda una era no es algo que nos tomemos a la ligera, y tampoco resulta sencillo. La mayoría de las veces es necesario hacer un gran impacto en la sociedad para que lo demás fluya. Sería prudente que recordaras tu puesto en la Hermandad.

—¿Como una simple arma? —dije, indignada.

—Tu régimen es hacer lo que sea necesario para garantizar la vida de todos, pero siguiendo las órdenes. Y no solo se trata de garantizar la seguridad de los mortales, sino de tu gente; exigimos lealtad. Nunca lo olvides.

El tono de su voz me advertía que no siguiera insistiendo, así que relajé mi mano.

—Espero que hayas comido lo suficiente —espetó, levantándose de su asiento. Parece que dos bocados han sido suficientes para mitigar su apetito.

Al instante, el mayordomo entró a la habitación. Lilith tomó un poco de vino que se encontraba en la mesa y asumí que se iría sin dirigirme la palabra. Sin embargo, se dio la vuelta y me observó una última vez.

—Scarlett, te aconsejo que tomes en cuenta mis palabras. Aprende a escuchar antes de que sea tarde.

Gustav me escoltó a mi habitación, a lo que siento como mi eterna celda. Mantuve los ojos fijos en el fondo del pasillo.

No me molesté en responder. No quería su arrogante consejo.

La miré fijamente hasta que la puerta se cerró tras ella.

Gustav me tomaba del brazo mientras el efecto del sortilegio se desvanecía lentamente y, con cada paso que daba entre los fríos muros, me preguntaba cuánto más tendría que soportar este infierno.



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#623 en Fantasía

En el texto hay: distopia, drama, poderes

Editado: 02.03.2026

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