Affliction: Cara

UNO

Han pasado más de una década desde la última vez que hablé con Lilith. Y aunque juré borrarla de mi memoria, todavía escucho su voz repitiendo la frase que más detesto.

"Aprende a escuchar, incluso cuando no quieras oír la verdad".

La ironía es que ahora escucho todo. Incluso lo que no debería.

Desde entonces, el mundo cambió aunque no estoy segura de que algo haya cambiado en mí.

—¡Scarlett! —la voz de Stephanie interrumpe mis pensamientos.

—¿Sí?

—¿Ya pensaste en qué sector te quedarás?

Estaba tan perdida en el pasado que casi olvido el presente. Intento retomar el tiempo. Vacilo un instante. Si alguien va a alegrarse de mi sector, es ella.

Si le digo la verdad, gritará y aplaudirá. Me dará un abrazo y, tal vez, por un instante, podré absorber su felicidad y creer que todo va a salir bien.

—No, en realidad —miento.

—No importa, está bien —afirma con gesto decidido—. Al menos así tendrás más tiempo para pensarlo.

Preferiría fingir que Stephanie está en lo cierto y perderme así en las decisiones de una chica de diecisiete años, en vez de enfrentarme a lo que me espera. Tengo toda una vida para cumplir con mi deber y solo un día más para ser yo.

Nos levantamos de nuestros asientos y nos dirigimos hacia la salida de la institución. Lanzo exclamaciones en los momentos adecuados y ella cree que la estoy escuchando.

Es una tarde como cualquiera en la cafetería, en un día común y corriente. Suena el tictac del reloj de la estancia, todos al fin salen de sus clases y, fuera, el cielo se desvanece con la última gota de sol que precede a la noche. Es un día como cientos de los anteriores, aunque esta vez no dormiré en mi departamento.

Desde hace mucho tiempo vivo sola en Weetmare, donde me asignaron a una escuela Delmus temporalmente hasta las pruebas de selección. Adam me contó que solicitó mi estancia en la sección 7, pero le fue denegado.

El costo de reubicación de cada individuo obliga a la Hermandad a controlar la población. Me lo explicó con naturalidad una mañana, mientras cepillaba mi cabello. Supongo que si alguien escuchara esto pensaría que soy la típica protagonista desolada de alguna historia. Que tontería.

Me concentro en el vacío de mi copa, pienso en todas las restricciones que tengo al ser una integrante no valorada de la familia Corson, y me doy cuenta de lo fácil que sería todo si al menos entendiera qué esperan de mí.

—Scarlett —Tom se acerca a mí, tomando un sorbo de su bebida, como si estuviera intentando aligerar el ambiente—. Te ves extraña. Las pruebas terminaron y, al fin, tenemos permiso de beber algo más fuerte. Pensé que estarías feliz por eso.

Él sabe exactamente cómo mostrar una actitud tranquila, aunque en ocasiones me pregunto si la forma de decir las palabras en el momento indicado no será una táctica para ayudarlo a mantener el equilibrio. Da la sensación de que no supone ningún esfuerzo. Su imagen refleja justo lo que se esperaría de un Magcourt (juzgado de paz): persuasión, perseverancia y carisma.

—Estoy bien —mi respuesta suena apagada y poco convincente.

La Hermandad avanzó mucho en cuanto a tecnología, creando así lo que llamaban un mundo futurista, dividiéndose en secciones de dos jerarquias; la Atrix conformada por nosotros, seres con habilidades únicas como lo es el control de clima, el ser profeta y leer las mentes de los demas y claro está la jerarquia Delmus, personas mortales y comunes, seres frágiles pero al parecer funcionales para la vida en Nebulous.

Sin enfermedades, sin guerras, sin emociones fuertes, un mundo "perfecto". A pesar de eso, los Delmus aún deben cursar diversas etapas (educativas y de crecimiento) para, al final, poder ser asignados a trabajos de medio a bajo nivel.

Muchos se guían por el liderazgo, pues tienen mayor ventaja en cuestión de poder. Algunos de mis compañeros de clase prefieren las cápsulas de rejuvenecimiento, ya que tienen más posibilidad de ser ascendidos. Yo, en cambio, no tengo elección. La Jerarquia Atrix elige por nosotros dependiendo del perfil de nuestros padres y habilidades peculiares, algo a lo que las personas suelen llamar "Damlers", o aprendices de Atrix. Si al menos hubiera sido un primogénito indirecto, tal vez me habría quedado en Bloodymoon, pero no fue así. Seré una dignataria; por supuesto que ese siempre ha sido mi destino, aunque no estoy segura de lo que realmente signifique.

—¿Y qué piensan de los Atrix? —pregunta Tom, bebiendo un poco de vodka—. Algunas personas quisieran ser un Damler. Tienen toda la vida resuelta.

—Yo también quisiera serlo —dice Stephanie, entrecortadamente, mientras bebe—. Se imaginan, las Damlers son muy guapas y tienen todo.

—Supongo que sí —murmuro mientras tomo pequeños trozos de comida.

El primer paso de la Hermandad ha sido tratar de sembrar confianza en la mente de las personas. Las personas como Stephanie, por supuesto, saben que la mayoría de los Atrix suelen ser seres que cuidan de cada una de las secciones; son ricos y prestigiosos.

Todos aprenden eso en los primeros años de escuela. Pero no solo se trata de lujos, también debemos mantener el control sobre Nebulous de una manera que esté perfectamente equilibrada. Aunque, con el poder absoluto, aparece la corrupción. Y la Hermandad tiene poder absoluto sobre nosotros. Sin embargo, ellos también nos alimentan y protegen, por lo que nadie se atreve a juzgar ninguna de sus reglas.

Escucho a Tom, aunque realmente yo tampoco lo entiendo. "¿Puede ser tan terrible pasar toda tu vida llena de lujos y riquezas con tal de dar seguridad a los demás?" Lo único que tengo claro es que lo que está a punto de suceder los dejará con miles de preguntas, y que una vez que me haya ido, jamás tendré la posibilidad de responderlas. Supongo que deberé seguir esta noche como cualquier otra y tratar de no pensar más en eso.

—He oído decir que aumentarán los puestos de los mentores para las instituciones —comenta Tom.



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#623 en Fantasía

En el texto hay: distopia, drama, poderes

Editado: 02.03.2026

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