Agencia de Seguridad Civil: Encadenado

Prólogo: Mike

Corrían sin voltear hacia atrás. El murmullo de los guardias tras de ellos solo hacía que su acelerado corazón latiera con más intensidad, y que sus cansadas piernas tomaran fuerzas sobrehumanas para seguir corriendo. El hombre arrojó su casco a un lado, tomó en sus brazos a su hija y siguió adelante. Una flecha se clavó en un árbol a un metro de ellos. El hombre temía por su vida, hasta ese momento no había pensado en lo grave que fue su error, en lo estúpido que fue llenarse de valor y coraje para escapar junto a su familia.

Es que ya no aguantaba un minuto más sufriendo de maltratos, él quería libertad y ser uno mismo sin temor a ser calmado con aquella terrible inyección. Estaba harto de aguantar todo eso en silencio, siendo siempre un buen guardia. Por eso decidió esa noche tomar a su hija y esposa; salir por la puerta trasera y escapar lo más lejos posible.

Sin embargo, cuando aquel otro guardia los vio y sonó el cuerno de alerta, el miedo lo invadió y obligó a su familia a correr. No quería ser capturado y castigado por ello, no quería morir en aquel asqueroso lugar, ni que su hija o su esposa lo hiciera. Aceleró el paso un poco más, jaló a su esposa del brazo mientras con el otro sostenía a su hija. Las entrañas del bosque estaban cerca, sabía que nadie se atrevería a ir más allá de los límites establecidos.

Un nuevo cuerno resonó en el bosque y todo se detuvo. El hombre paró en seco con su mujer mientras la niña se aferraba a su cuello y escondía el rostro. Los guardias que los perseguían habían desaparecido. Lo habían enviado. Volvieron a correr, pero antes de que pudiera hacer algo, su esposa gritó con terror mientras era jalada hacia atrás. El hombre casi cae con su niña. Volvió la mirada hacia su esposa y ahí estaba ese demonio tomándola por el cuello.

Detrás estaba a quien todos en esas tierras obedecían, observándole con una espeluznante sonrisa. En ese momento no sabía qué hacer. Su esposa estaba bajo el agarre del Caballero Lunar, desde atrás lo observaba el Rey Blanco; y élsolamente era “El soldado inservible”. Se puso en pie, abrazó con fuerza a su hija, y lamentándose, se volvió hacia el bosque. Cruzó a toda prisa la zona prohibida y se perdió entre las sombras, donde ni la luz de la luna llena podían encontrarlo.

El Rey Blanco levantó una mano y a la orden cientos de flechas volaron por encima suyo, en dirección al hombre y su pequeña.

 

Calma asegurada, rodeado de tantos libros que le faltaría tiempo en su vida para leerlos todos, después de una terrible noche era lo que necesitaba, paz. Cuando se sentía angustiado o los recuerdos no le dejaban dormir, se encerraba largas horas en la gran biblioteca. Estudiaba de todo, armas antiguas, modernas. Ropa, instrumentos musicales, lo que quisiera lo encontraba ahí, aunque en ninguno de ellos encontró la respuesta a una de sus más grandes dudas ¿Qué eran ellos realmente?

Pero si algo de encantaba leer eran los mangas que solía comprar en los mercados cada que tenía la oportunidad. Le gustaba mucho leer aquellas historias con héroes valerosos, con chicos normales que sin darse cuenta se volvían guerreros listos para la acción donde se requiriera. ¿Tan malo era que él quisiera ser como ellos? Aceptaba que la idea de nombrar sus ataques podía ser algo infantil y sin sentido, que como dijo Santiago “Los enemigos sabrían que les esperaba”, pero ser como ellos era su sueño.

Al amanecer, una hora antes de que todos empezaran a despertar salía de su cueva e iba a la cocina. Esperaba mucho agradar a los demás cocinándoles algo delicioso, con un libro de recetas a un costado, cocinaba algo diferente a diario. Le gustaba estar ahí, podía distraerse mucho e imaginaba cómo todos le agradecerían por la comida.

Uno a uno fue bajando a la cocina, acomodándose alrededor de la barra que estaba en medio. Tenían un comedor enorme, con lugar suficiente y de sobra para todos, sin embargo, nunca lo utilizaban. Marla bajó saludando a todos, se acomodó a un lado de Mike y ofreció su ayuda. De entre todo el grupo era quien siempre estaba su lado. La comida se sirvió, huevos rancheros con frijoles puercos, receta muy pedida por Santiago; junto a un vaso de jugo o una taza de café dependiendo de la persona. Kevin y Santiago estaban discutiendo sobre un videojuego que habían encontrado en internet. Los demás los escuchaban con diversión ante las ocurrencias del moreno.

—Es hora de irnos —Meegwun asustó a todos entrando de golpe a la cocina, fumando uno de sus cigarrillos baratos. Su entrenador iba equipado hasta los dientes de armas—. El jefe los quiere ver en su oficina.

—¿Al fin nos dará una verdadera misión? —preguntó Zeth mostrando su falta de interés al día—. Estoy harto de ayudar ancianas. ¡¿Cuándo mostraré mi verdadero poder?!

—¿Se le puede llamar poder a lo que haces? —Se burló Kevin ocasionando algunas risas y un poco de molestia en Zeth.

—Lo mismo pregunto de ti —Le respondió el no-muerto bajando las piernas de la barra.

—Para tu información, mi verdadero poder no es ser intangible —dijo Kevin con orgullo.

—¿Ah no? —preguntó Alonso confundido.

—Por supuesto que ese no es mi poder.

—¿Entonces cuál es? – preguntó Marla.

—Ese es un secreto muy oscuro mi querida Marla —Kevin negó con el índice mientras volteaba la mirada creyendo haberles ganado a todos.

—Ser irritante tampoco es un poder, Kevin —dijo Marey levantándose de su asiento y colocando los platos en el fregadero. Todos rieron un poco, menos Kevin—. Vamos, antes de que Meegwun nos haga pasar la noche con los gorilas.



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En el texto hay: drama, accion, aventura

Editado: 19.09.2022

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