Agencia de Seguridad Civil: Encadenado

Capítulo 6: Ryanace

Lawrence condujo durante horas hasta cruzar la frontera del continente Central hasta el continente del Noroeste. Justo en ese punto el bosque comenzaba a menguar. Las planicies se hacían largas a lo extenso de aquel continente. Tomaron una desviación a solo un par de kilómetros de iniciar la carretera, rodeando al continente central. Mike observaba por ratos el viejo bosque, esperando poder regresar algún día a la ciudad que estaba del otro lado.

El chico levantó la cabeza brevemente para observar a su padre. Hacia rato Koch acercó a las dos mujeres que había seleccionado en la agencia, les entregó unas copas de vino y casi al momento ellas comenzaron a actuar muy amorosas con él. Apartó la mirada tratando de no ser visto por su padre. A lo lejos pudo observar un muro de varios kilómetros de extensión, recubriendo como hacia mucho tiempo se hizo, un pueblo. Y más atrás, viéndose impresionantemente alto, un castillo de cuatro torres.

La escolta de Koch se dividió en dos, detuvieron la marcha alrededor de la muralla. El vehículo paró lentamente frente a las puertas de madera de al menos cinco metros de altura. Hombres protegidos con armaduras oscuras, y un escudo con un tridente en medio del pectoral, funcionaban de atalayas en la cima de las inmensas masas de roca. Avanzaron de nuevo al abrirse la entrada de par en par, dejando atrás a los soldados, quienes, tras algunos segundos de espera, fueron teletransportados. Tras aquellas paredes se encontraba una pequeña ciudad.

Una sola avenida existía desde las puertas hasta el castillo. Lawrence condujo despacio, evitando atropellar a los visitantes. Hombres de finos trajes y sus guardaespaldas caminaban por la acera alfombrada que habían hecho para ellos mientras gozaban de una refrescante bebida. Mike levantó la mirada para ver más de aquello, pero en seguida Koch le arrojó una copa de vino a la cabeza.

—No te atrevas a volver a verlos —Le dijo con el desprecio que siempre había sentido hacia él—. Sería una vergüenza que te miraran.

—Amo Koch. Estamos llegando al castillo en tiempo y forma —anuncio Lawrence deteniendo su vehículo en la entrada de la enorme edificación.

Un grupo de guardias se acercó en formación hacia ellos. Se detuvieron a ambos extremos de la puerta y cruzaron sus enormes lanzas en lo alto. Lawrence corrió parar abrir la puerta trasera. La primera en bajar, con ayuda de un guardia, fue clara. Koch le siguió muy de cerca, acomodó su traje tan pronto bajo. Mike esperó lo suficiente para poder bajar. Se maravilló con la enorme estructura que componía el castillo. Las banderas colgando a cada lado de la enorme entrada con rejas de acero. Los soldados llevaban un estandarte con el mismo símbolo de sus petos, en las lanzas. Un soldado se acercó a Mike y le arrojó al suelo de un empujón. En seguida le inmovilizaron con unos grilletes en sus tobillos y muñecas.

Lo levantaron de un rápido tirón, otro soldado se acercó por delante y sin nada de delicadeza le colocó un grueso collar de metal. Sujetó una cadena al collar y el otro extremo se lo entregó a Koch.

—Apresúrate —dijo el hombre dando tirones hacia adentro—. Al amo no le gusta que lo hagan esperar —Un último tirón hizo caer a Mike. Intentó levantarse, pero Koch no dejaba de jalar de su cuello y arrastrarlo. Con cada intento de ponerse de pie era derribado, en una ocasión escuchó crujir su cuello. Finalmente pudo levantarse en una vuelta que Koch dio, caminó solo unos pasos cuando su padre lo derribó de un puñetazo—. Te ves mejor en el suelo —Clara se burló junto a Koch mientras Mike se aguantaba el dolor.

—Eso dolió —dijo el chico limpiando su rostro.

—¿Quién te dio permiso para hablar? —Koch pateó a Mike en el suelo un par de veces—. ¿Es que acaso aun no lo entiendes? ¿O ya lo olvidaste? Yo soy tu amo y harás todo lo que te diga y enseñe —Sin piedad piso una de las manos de Mike. Torció su pie de un lado a otro causando algunos quejidos en Mike—. Estamos a punto de entrar donde el amo Ryanace, si haces o dices alguna tontería, tu castigo será el peor que hayas recibido alguna vez. ¿Entendiste?

—S-sí —respondió Mike entre quejidos, haciendo enfurecer aún más a Koch por hablar sin permiso. El gran hombre piso con fuerza la mano de Mike, haciendo crujir algunos de sus huesos.

—Pues parece que no —Koch se alejó de Mike, reacomodó su saco, esperó a que el dolido Mike se pusiera de pie y se encaminó al comedor.

El interior del castillo era muy ostentoso. candelabros de siete brazos cada uno. El suelo estaba cubierto por una fina alfombra roja con bordados en las orillas. La iluminación venia de algunos candelabros colgantes que sostenían velas de gran tamaño, que no se consumían. La flama se mantenía alta, dando luz a todo. Llegaron a pararse frente a un par de puertas de madera, que custodiaban dos guardias más. Tomaron una posición firma al ver a Koch y empujaron las puertas.

Mike observó sorprendido el enorme salón que comprendía el comedor. Frente a ellos una mesa de mármol blanco en la que se extendía un mantel oscuro. Sillas echas de madera tallada. En las paredes los cuadros eran, extrañamente, ajustados al fondo dibujado en la pared. Un árbol, el cual sus raíces parecían salir del marco y adherirse a la pared, y la copa brotando cerca del techo donde algunos animales buscaban cobijo. Al otro lado de la habitación descendían un par de escaleras de piedra que daban a un balcón, sostenido por algunas columnas con forma de soldados.

Se acercaron a la mesa, Koch ayudó a Clara a sentarse al lado izquierdo de la silla más grande. Koch se llevó a Mike consigo. Pararon a la derecha del asiento y ahí obligó a Mike a arrodillarse, después tomó asiento. Mike estaba sorprendido, jamás había visto a Koch tomar asiento a la derecha de nadie. Siempre era el quien estaba al centro de todo, donde las personas pudieran verlo.



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En el texto hay: drama, accion, aventura

Editado: 19.09.2022

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