Agencia de Seguridad Civil: Encadenado

Capítulo 12: El hipócrita

Thomas y Ary paseaban por la muralla perimetral del reino. Pasaban a un lado de los atalayas que mostraban su respeto hacia ellos inclinándose cada que los veían para posteriormente volver a su posición. La noche era alumbrada por la luna que estaba a poco de estar totalmente llena. Las estrellas se veían con claridad al igual que algunas nebulosas. A Ary le gustaba mucho ver las estrellas, más si se encontraba con Thomas.

Disimuladamente tomó la mano del de la armadura plateada. El joven no volteó a verla ni mostro emociones en su cara, pero supo que su amor era bien recibido cuando Thomas le apretó su mano con firmeza y a la vez delicadeza, como si estuviera frente a una flor tan delicada que cualquier movimiento podría romperla.

Habían pasado una cena espectacular junto a su amo Ryanace, y ahora caminaban viendo las estrellas. No podía haber nada mejor para Ary que estar con su enamorado. Se apoyó en su brazo, rodeándolo con la mano que tenía libre.

—Hoy el amo Ryanace habló conmigo —Thomas fue el primero en tomar la palabra en su caminata nocturna, cosa que rara vez hacía, solo cuando era importante.

—¿Sobre qué? —preguntó Ary alejándose un poco, pero sin soltarlo.

—Dijo que me veía distraído, y pregunto si algo sucedía entre nosotros dos. También me dijo que podía pedirle cualquier cosa —Thomas volteó la mirada hacia las afueras de la muralla. Buscando entre aquellas colinas una cabaña, la cual distinguía apenas por sus luces.

—¿Y qué pasa con eso? ¿Por qué te preocupa tanto? —La enamorada se puso frente a Thomas de un salto.

—Yo pensaba… —Thomas giró y descansó sus manos en la muralla— Pensé en lo que me dijiste esta mañana. De escapar.

—No es necesario, no si no quieres hacerlo —Ary comenzó a preocuparse. Nunca debió decirle algo como eso, ella misma reconocía que antes de sus deseos estaba la lealtad a sus amos.

—El problema es que si quiero —admitió Thomas. Se volvió para ver a Ary, a quien le brillaban los ojos de amor y cariño hacia su persona—. Pero no quiero que sea un escape, quiero que sea algo diferente, algo que podamos sentir más especial

—¿Cómo qué? —preguntó nerviosa.

Los ojos se le llenaron de lágrimas a Ary al ver como Thomas se arrodillaba en una pierna delante de ella y de entre su armadura sacaba un anillo. Uno de una sola piedra, sencillo, pero que para ella era el más hermoso de todos. No podía hablar, no sabía que decir y al ver a Thomas sonriendo mientras se lo pedía hacia ese momento aún más especial.

—Quiero que sea la primera noche juntos de verdad, con nuestras vidas entrelazadas —Thomas tomó aire tratando de no vacilar— Ary Scavone ¿Te casarías conmigo?

—Claro que sí —Ary aceptó el anillo de Thomas emocionada. Nunca imagino que su novio llegaría a ser capaz de hacer eso, siempre pensó que ella daría ese paso, uno que ahora dudaba estuviera lista, pero que también la emocionaba mucho. Lo amaba con todo su corazón, claro que quería estar con el todo el tiempo. Abrazó con fuerza a su amado y le regaló un largo beso.

—Hagámoslo mañana —Ary no pudo evitar alterarse. Se separó rápidamente de Thomas—. Se que suena demasiado apresurado, pero quiero que lo hagamos cuanto antes. Y mañana es el gran Banquete del amo, es un gran momento para hacerlo.

—Thomas yo… —Ary se giró en otra dirección. Era demasiado apresurado una fiesta en tan poco tiempo. Aunque si lo pensaba bien, solo tenía que buscar un vestido para la ocasión, no había muchos a quienes invitar y la comida ya estaría preparada. Solo hacía falta que Ryanace lo aprobara—Esta bien, acepto. Pero ahora tenemos que hablar con el amo Ryanace.

—No te preocupes —Thomas acercó a su prometida hacia él y la beso en la frente— Yo me hago cargo de eso.

Tan pronto salió el sol la mañana siguiente, Thomas ya se encargaba de hablar, con mucho respeto, con Ryanace, el cual aceptó gustoso, prometiéndole una noche inolvidable y en la cual no se tendría que preocuparse de nada en lo absoluto. El resto del día solamente tendría que preocuparse por lucir bien para esa noche. Aun así, Thomas tenía un mal presentimiento. No dejaba de ver por la ventana desde que Mike llegó. Sabía que ese chico los atraería, la atraería a ella, y todo se arruinaría.

 

Era el tercer día desde que Koch sentencio a la ASC. Se preparaba para enfrentar nuevamente a Gabriel. Sabiendo que no habían conseguido nada, que Zeth era un cobarde y no aparecería nunca. ¿Quién lo haría? Él era un miembro del alto mando, una de las diez personas más poderosas que existían en el mundo y todos deben de obedecer, también era el peor hombre que podía existir cuando se le faltaba el respeto, y Zeth lo había hecho, tenía el plan perfecto para demostrarle hasta donde podía llegar con quien no hiciera lo que él decía.

Se colocó su traje blanco de gala y un pañuelo rosa. Llevaba con él su infaltable bastón en el cual apoyarse. Aunque no lo necesitara para eso todo el tiempo, si era un arma u objeto de castigo cuando se le necesitaba. De ejemplo estaba Mike delante suyo. Apaleado después de recuperarlo de las manos de Melvil.

Aún tenía mucho coraje que desquitar con él, no se había cobrado lo que, por culpa suya, Ryanace le había hecho. Ese golpe que dejó una humillante marca. Golpeó a Mike con su bastón mientras el chico seguía dormido en aquel rincón junto a la ventana de la cual no se movió en toda la noche. Colocó las cadenas en sus grilletes para comenzar a jalar de él, como el perro que era.



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En el texto hay: drama, accion, aventura

Editado: 19.09.2022

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