Agencia de Seguridad Civil: Infiltración

Capítulo 19: Presiones

Zeth se lanzó en contra de Esteban, cortó con su guadaña una de sus patas traseras haciéndolo caer de costado sobre el complejo. Los rebeldes corrieron lejos, cargando a cuanto compañero herido pudieron. Las cosas empeoraron tan pronto apareció Esteban. Por más que Zeth trató de hablarle no logróhacerlo entrar en razón, tuvo que recurrir a la violencia para enfrentarlo, pero había algo distinto en aquel sujeto de pesadilla. A diferencia de otras ocasiones donde se transformaba y al pasar los minutos perdía fuerzas, parecía todo lo contrario. Se volvía más fuerte conforme los soldados y rebeldes caían inconscientes y la pela se extendía.

—Andrea —llamó Zeth por el comunicador—. Esteban no se está debilitando, algo sucede con él.

—Trata de hacerlo entrar en razón, Zeth —pidió la chica viendo la cámara de Zeth en las pantallas. Un estruendo la hizo agitarse y volverse a Aya, la pelirroja tenía una cara de preocupación,

—¿Qué fue eso? —preguntó el no-muerto—. ¿Está todo bien por allá?

—Si, de momento estamos bien, por favor encárgate de Esteban —respondió nerviosa—. Tengo que dejarte un momento.

—¿Andrea? —Zeth se preocupó, no era normal que actuara de esa forma—. Maldición ¿Qué está pasando?

—Parece ser que estas solo —Judge se paró sobre la cabeza de Zeth viendo hacia abajo. Flotaban lo suficientemente alto para no ser alcanzados por Esteban—.¿Quieres que te dé un abrazo? ¿O quieres que peleemos hasta el final? Este podría ser un gran momento para morir, ¿no crees?

—Cierra la boca Judge, no es momento para juegos —Zeth centró su atención en Esteban.

Esteban se convirtió en una gigantesca masa negra. Se revolvió en su lugar, comprimiendo el líquido que lo cubría. Pasó de ser una bestia de varios metros de alto a una masa de por lo menos dos metros. Zeth empuñó su guadaña fuerte, nada bueno podía provenir de él. Antes de que pudiera actuar algo parecido a una lengua se enredó en el mango de su arma para arrebatárselo de un tirón. Alzó la mirada y vio a una criatura de piel viscosa color café volar con su arma.

Era como ver a un murciélago, cuatro veces más grande de lo habitual, con enormes alas membranosas de tres puntas que terminaban en una especie de garra, estas al estar en contra del sol se transparentaban; sus patas eran como las de un águila y su cabeza era demasiado chica y puntiaguda para su tamaño, tenía un par de ojos rojos como la sangre, que no se apartaban de Zeth. El monstruo abrió su boca en cuatro partes, pudo abrirla tanto que cubrió toda su cabeza con cuatro membranas llenas de colmillos. Chilló agudo, molestando los oídos de Zeth que tuvo que tapárselos con ambas manos.

—Y pensé que los Ludenks éramos asquerosos —Sequejó Judge al ver al monstruo.

—¿Tienes idea de que es? —preguntó el aturdido muchacho.

—No, pero vienen más.

Zeth dio la vuelta. Cientos de esos monstruos se desplegaban desde el complejo del noroeste, aquel del que Kevin debía encargarse. En el centro de todos ellos volaba un monstruo descomunal, mientras que el que robo la guadaña de Zeth media dos metros de extremo a extremo, el que se aproximaba tenía una envergadura de doce metros.

—¿Qué demonios es eso? —La incredulidad de Zeth no le permitía comprender lo que esos monstruos hacían—. ¿De dónde salieron esas cosas?

—Mira, traen algo entre sus patas —anunció Judge—.Parece oro.

Parte de la parvada comenzó a descender en picada al llegar al complejo. Tomaron gran velocidad en la caída. Soltaron los lingotes de oro y alzaron el vuelo una vez máscon un chillido que erizó la piel del que lo escuchó. La lluvia de oro azotó a todos por igual. Rebeldes y soldados de la paz cayeron muertos ante semejante golpe.

—¡¿Eso es lo que querían?! —Zeth centró su vista en el monstruo más grande, alguien montaba a sus espaldas—. ¿Por eso vinieron no es cierto?

—Debe ser el alto del Noroeste —Judge se preparó para el ataque, montándose en la cabeza de Zeth.

—Desgraciado, debemos detenerlo antes de que mate a todos aquí —Zeth apretó el puño pensando en que su guadaña estaba a la mano, pero recordó a aquel ser que se la habíaarrebatado y volaba en dirección al Alto.

Zeth se lanzó al ataque, sus alas negras se agitaron con fuerza y en un instante estaba sobre aquella ave repugnante. Sujetó su guadaña y la uso para lanzar al monstruo contra el Alto. Se sorprendió al ver como una espada negra partía a la mitad al ave. Esteban estaba de vuelta, en una versión mucho más pequeña, como aquella con la que los atacó cuando la mansión explotó.

Zeth notó un gran salto de poder en comparación a lo que fue en un pasado. Su cuerpo, a excepción de brazos y piernas, estaban libres de la masa oscura que caracterizaba sus transformaciones. Su cabeza era una unión entre un aparato mecánico y la masa oscura que caía como cabello sobre su rostro. El monstruo paró su vuelo a escasos centímetros de Esteban, con el Alto presumiendo su victoria.

—Supongo que has eliminado a Norte —exclamó el sujeto. Apuntó un dedo a Zeth—. Tu debes ser su hijo, el portador del anillo.

—Otra vez con eso, ¿quieren conseguir sus propias cosas? —Zeth se preparó para enfrentarlos.

—Eres un ignorante, si supieras la verdad temerías de solo tener ese anillo —El Alto observaba a Esteban de reojo, envidió a Norte por obtener ese juguete, pero ahora que no estaba podía divertirse—. Tú, monstruo, quítale el anillo.




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