Marey no creía lo que sus ojos miraban. «¿De verdad estaba frente a él?» Después de tantos años escuchando aquel nombre que les heló la sangre en más de una ocasión se daba la oportunidad de conocerlo. «¿Qué debía hacer? ¿Se lo informaba a Andrea? ¿Llamaba a los demás?» Creía imposible que en las condiciones en las que se encontraban los demáspudieran hacer algo, solo quedaba ella, frente a Dunkel.
—Deberías inclinarte, niña estúpida —reprochó Sanit.
El cuerpo de Marey actuó solo. Sus músculos la obligaron a arrodillarse y agachar la cabeza. Por más que se resistió y luchó contra la fuerza que la obligaba, no pudo hacer nada. Comenzó a temer por su propia vida, debía escapar de aquel lugar de alguna forma. Pensó rápidamente, sus explosiones la podrían ayudar a salir con algunos rasguños apenas.
—Basta, Sanit —La áspera voz de Dunkel se hizo escuchar por primera vez en cientos de años en la tierra.
—Como ordene, amo —Sanit se inclinó ante Dunkel. Liberó a Marey de su poder, no sin antes mirarla de forma amenazadora.
Dunkel se levantó de su asiento, acomodó el saco de su traje y comenzó a avanzar hacia adelante, bajando los nueve escalones que separaban el trono de las butacas. Marey alzó la mirada, viendo primero sus zapatos de charol, subiendo por su largo y fornido cuerpo hasta ver su rostro. Logró ponerse en pie, retroceder algunos pasos y prender sus brazos en fuego.
—No te acerques ni un paso más —dijo la morena. Aumentó la intensidad de las llamas en señal de advertencia.
—¡Desgraciada ya verás! —Sanit se llenó de coraje. «¿Cómo podía esa tonta niña ofender a su amo de es amanera?» Dio un paso adelante, pero Dunkel la detuvo alzando una mano.
—Marey, huérfana de Maria y Maximiliano. Hija de Isa. Teniente de la Agencia de Seguridad Civil. Líder de Los chicos de Andrea —Dunkel comenzó a titular a la chica. Detuvo su andar, tal como ella había pedido—. ¿Qué te parecesi conversamos un poco?
—¿Cómo sabes todo eso de mí? —preguntó Marey. Sintió un sudor frio descender por su cuello.
—Llevo observándolos durante mucho tiempo —respondió Dunkel haciendo ademanes con sus manos—. A ti en específico, desde el terrible accidente con tu tía. Cuando surgió un sentimiento de venganza en el corazón de tu primo.
—No he olvidado lo que le hiciste —El recuerdo angustiaba a Marey. Nunca dejó de pensar en su primo y en lo terrible que debió ser su vida, y como es que ella sintió el mismo odio.
—Yo no le hice nada, querida.
—¡No me hables así! —Las llamas de Marey se intensificaron.
—¡Tu no le grites a mi amo! —respondió Sanit—. Si vuelves a desobedecer te arrancaré esos brazos.
—Tranquilícense —ordenó Dunkel—. Mira Marey, Alex fue quien se acercó a mí, suplicando que le ayudara a saciar esa sed de venganza que guardaba en su corazón. Yo le di la oportunidad de hacerlo, y trabajó duro hasta demostrar que podía hacerlo. Fue una lástima que tus amigos interfirieran. Entiendo tu coraje, que me odias, pero te pido que me des una oportunidad y te unas a mí, como mi aliada.
Dunkel extendió su mano, Marey lo miró por algunos segundos, con evidente confusión en el rostro. Respiróprofundo, tranquilizando los nervios que hacían latir su corazón como una locomotora. Tenía muy claro que unirse a Dunkel era lo último que iba a hacer. Después de ver todo el daño que le ocasionó a sus amigos y que ella misma sufrió, era impensable que se uniera a sus filas. Al contrario, debía detenerlo antes de que comenzara a actuar y los siguiera lastimando.
—No voy a aceptar tu propuesta —respondió la chica con seguridad.
—Entiendo —dijo Dunkel. Suspiró decepcionado, reconocía el potencial y la fuerza que ese grupo tenía y le hubiera gustado tener algo de ello de su lado.
—¿Quiere que la elimine, señor? —preguntó Sanit dando un paso adelante.
—No, Sanit —respondió el hombre—. Me gustaría hacerlo personalmente.
Dunkel se quitó el saco, entregándoselo a su sirvienta y dejando al descubierto un par de tirantes; se arremango con todo el tiempo del mundo. Sus brazos se marcaron tan pronto se puso en posición de combate. Marey trató de no sentirse intimidada por eso, ya había luchado contra personas fornidas.
—Marey —escuchó por el comunicador a Andrea, su voz sonaba aterrada—. ¿Qué está sucediendo ahí donde estas?
—Y-yo… —No sabía cómo explicarle la situación a la que había llegado, ni siquiera ella sabía cómo llego hasta ahí—, creo que… voy a pelear contra Dunkel.
Hubo un largo silencio al otro lado de la línea. Todo el mundo escuchó las palabras de Marey. Pareció que el mundo se detuvo. Los chicos detuvieron su andar, buscando localizar el complejo central. Andrea estaba pálida frente a su escritorio, apoyándose para no caer de frente a este mientras Isa entraba a la oficina con una expresión de terror. Le costaba articular palabra, la voz se le fue. «¿Escuchó bien? ¿Dunkel?»
—Marey, sal de ahí ahora mismo —ordenó Andrea sin ocurrírsele nada más.
—Entendido —La chica dio un salto al ventanal, impulsada por sus explosiones, pero antes de lograr salir su cuerpo se movió solo, redireccionándola con violencia hacia atrás, impactándose en una columna y cayendo al suelo.