Agrio y Dulce Amor

Capítulo 45. Pasar página

No te quedes releyendo lo que fue entre páginas viejas.

Concéntrate en las nuevas letras que estás escribiendo

y sigue mirando hacia adelante

Ethan

Algo me hacía falta además de mi puto teléfono…

El Minion de peluche.

Suspiré molesto y con la cabeza como un trompo acomodé la moto coleccionable en la mesita de noche, al lado de la lamparita.

¿Cómo carajos se me olvidó?

—No jodas —murmuró poniendo una bolsa y las llaves sobre el pequeño comedor—. ¿Aún le temes a la oscuridad?

Tomé la jarra de vidrio y me serví más de ese refresco que llevaba bebiendo las últimas dos horas en su ausencia.

—¿No estás grandecito para eso?

Le saqué el dedo medio sin saber por qué. No objetó nada, tan pronto se acercó más divisé sus ojos entrecerrados con sospecha y bebí todo de un solo trago.

—¿Tienes migraña? —Escudriñó el líquido con ahínco—. Pareces ebrio.

El vaso volvió a llenarse. Su sabor era como una mezcla de verano y otoño embotellado, un poco dulce, un poco agrio. Era dorado y olía a limón recién exprimido.

—¿Vas a seguir con la cara larga?

Lo ignoré recostando la espalda en el sofá y retomé la lectura como pude. Las letras se duplicaban y mi cuello parecía estar hecho de arena. Tuve que dejar el libro un momento.

—Traje hamburguesas.

—No tengo hambre —susurré, observándolo sacar la comida de las bolsas.

—Debes comer, Ethan.

A mi alrededor las paredes se contrajeron, haciendo el espacio más pequeño de lo que ya era. El sofá, el comedor y su cama estaban en una misma habitación, la cocina quedaba más al fondo y el baño en un cuarto algo estrecho.

—Gracias por dejar que me quede. —Me froté los ojos—. Te pagaré por…

—Descuida. Sabes que cuentas conmigo.

Se sentó junto a mí con las hamburguesas en una cajita de cartón.

—Gracias, Leo.

Volteando mi rostro hacia otro lado disimulé las náuseas que me provocó el olor de la comida.

—¿Has dormido bien aquí?

El sofá amplio de varios cojines ordenados resultó más cómodo de lo que esperé.

—¿Hay otra opción? —Me costaba mantener los párpados arriba—. Podemos dormir de cucharita si quieres.

El golpe en la nuca casi me hace besar el suelo.

—Que chistoso. —Mi risa lo molestó aún más—. ¿Dónde tienes tu moto?

¿Mi moto? ¿Cuál moto? Ah, sí, yo tengo una moto. Y es muy bonita. Es mi bebé.

Desgoncé la cabeza hasta encontrar su rostro y responderle:

—La dejé con LJ. La tendrá lista para mañana.

Las vueltas frente a mí me empujaron hacia atrás, como si el aire fuera una espiral succionándome con deseos de arrebatarme toda la energía.

—¿Te pasa algo?

Moví la cabeza de un lado a otro. De improviso me tomó de la mandíbula y me sostuvo con su mirada penetrante, escrutando todo a su paso.

—Respiras como si tuvieras una faja. ¿Qué es lo que te pasa?

Le aparté la mano con fastidio. Desde hace cuatro días que llegué con la cara envuelta en sangre y la gran maleta no había pronunciado palabra más que la petición de que me dejara quedar.

—No es nada.

El burbujeo en aquel recipiente de vidrio aumentó la inexplicable sed.

—Ethan… —Me arrebató el vaso y el líquido cayó sobre mis piernas—. Creí que estabas así por la migraña.

Olfateó el refresco como un perro policía, armando piezas en su cabeza por una respuesta y si pudiera acuchillarme con la mirada, lo estaría haciendo justo ahora.

—¿Cómo se te ocurre beber a poco de las preliminares?

—No estoy bebiendo.

Y no lo estaba. El refresco era dulce y efervescente… Como Gabriela. Como la extraño.

¿Qué estará haciendo? ¿Durmiendo quizá? ¿Leyendo? ¿Comiendo sus bolitas de colores? ¿Estará llorando por culpa de Esteban o Steven? ¿Habrá tenido un buen día? ¿Estará pensando en mí tanto como yo en ella? ¿O tal vez… estará preocupada? ¿Estará molesta?

—Quisiera tenerla aquí conmigo —murmuré para mí mismo.

Se pasó las manos por el rostro y se llevó la jarra con él hacia la cocina.

—Es shandy, Ethan. ¿No sentiste el sabor?

¿Y qué era eso? Nunca había tomado esa mierda.

Escuché el sonido de la nevera abrirse y salió con una expresión extraña.

—¿Y te tomaste las dos jarras? —Suspiró como si llevara horas corriendo—. Yo los hago diferente, Ethan. Tienen mucho alcohol.

—No estoy borracho, ¿bien? —Froté las palmas contra mis rodillas—. Solo algo mareado.




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