Ethan
—¿Cuánto va a tardar?
Sam regresó con dos vasos de limonada y se sentó en el suelo. Desde el sofá negro, observé la luna por el gran ventanal de vidrio reluciente.
—Ya te dijo que estará listo para mañana —respondió casi volcando los ojos.
—Pero…
—Tómate esto. —Me ofreció el vaso—. Relájate un poco.
Lo recibí sin la intención de beber un sorbo.
Necesitaba tener el collar listo lo antes posible. Todo debía salir bien. Era su día y quería que lo disfrutara al máximo. Deseaba en lo más profundo de mi corazón que viera lo importante que era para mí.
Resultó que, los muros a mi alrededor no fueron hechos de concreto como yo creí. Para Gabriela fueron una montañita frágil de piedras que derrumbó sin dificultad.
No fue una sonrisa. No fue una mirada. No fue un roce. Fue un insulto. Un choque bastó para tener mi corazón entre sus manos.
—¿En qué piensas?
La voz de Sam me regresó de mis pensamientos.
—Nada —respondí observando la soledad del apartamento lujoso, bastante descuidado—. ¿Algunas vez limpias?
Avergonzado, se apresuró a recoger varias cosas que hasta ahora me di cuenta de que eran envoltorios de comida, algunas latas y muchas colillas de cigarrillo.
¿Cómo podía vivir así?
Si yo hiciera algo así seguro que mamá me echaría a patadas.
—¿En serio, Sam?
Recogí el sostén rosado que se asomaba por debajo de la mesa de centro. Me lo rapó con una sonrisa temblorosa y lo tiró detrás del sofá.
—Es de Ashley —me aclaró al ver la reprimenda en mis ojos, los volqué, exasperado de que el collar no estuviera en mis manos y de las malditas boronas de comida a mi lado.
El suspiro cargado de cansancio llamó mi atención como si suplicara ayuda en silencio.
—¿Tus padres cuando vienen? De seguro se van a molestar cuando vean el apartamento así.
—Solo fue hoy, no creas que me gusta vivir así —respondió con grado menor de molestia—. No hubiera traído a Ashley con este desorden.
Continuó recogiendo las latas, sacudiendo los cojines y aplicando un aromatizante en el aire que mejoró la estadía aquí. Activó la aspiradora inteligente y en pocos minutos se deshizo de la suciedad en el suelo.
Aun así… Miré la hora en mi reloj. ¿Por qué sus padres no habían vuelto? Ya era muy tarde.
—¿Sam? —Apretó las envolturas en sus manos—. ¿Estás bien?
Pensé que diría algo, pero se recompuso en un momento y me sonrió, bebiendo de su limonada.
—Lo estoy.
—¿Dónde está Josephine?
Juntó los labios en una delgada línea hasta desaparecerlos y me miró sin decir nada.
—¿Y tus padres? ¿A qué hora llegan del trabajo?
Le di el tiempo que necesitó y con mucho esfuerzo habló con la vista clavada en sus manos.
—Josephine está en su penthouse de lujo con sus fantásticos amigos y su nuevo novio. —Cuando él subió la mirada yo la desvié—. Y, mi madre vive en Londres, mi padre en Italia.
—Espera… —Volví a mirarlo—. ¿Has estado viviendo solo desde que llegaste?
Soltó una risa que quiso ser divertida, pero no fue así. Se levantó con el vaso en la mano y se hizo en frente del reflejo de la enorme ciudad delante de él.
—Vivo solo hace años.
No podía creerlo. Nunca lo había dicho y tampoco lo había notado jamás. Un pinchazo de culpa me invadió la mente cuando memorias de él insistiendo para que me quedara a jugar eran rechazados bruscamente por mí.
—¿Quieres hablar de eso? —pregunté con cautela, haciéndome a su lado.
—Mamá dice que destruí a la familia —no tardó en responder, decidido en quitarse ese notable nudo de la garganta.
—¿Por qué diría algo así?
Tragó como si tuviera vidrios en la boca.
—Vi a mi padre engañarla con muchísimos hombres.
Se acomodó los lentes sobre el puente de la nariz, suspirando con cansancio.
—¿Hombres?
Movió la cabeza de arriba abajo solo una vez, perdido entre los carros diminutos.
—Era pequeño, pero sabía que estaba mal. Creí que ella querría saberlo y se lo dije.
—¿Y qué pasó?
—Me dijo que me hubiera quedado callado, que ella ya sabía que él le era infiel. Según sus palabras todos los hombres son iguales, pero que le dolía que al menos no la hubiera engañado con una mujer.
Contraje el ceño con un repudio que se me subió por el esófago.
—Meses después se divorciaron, inventaron cualquier cosa para la prensa y papá compró este apartamento para mí solo.
Su madre era una famosa actriz con varios escándalos que aún trataba de ocultar y su padre tenía una marca de joyería bastante exclusiva y ostentosa.