Amace
Cyna llegó con una pila de documentos en sus manos, dando por terminado mi tiempo en privado con Clim. Él se negó a soltarme, hasta que un soldado llegó buscándolo para resolver un conflicto entre los cadetes. Algo que debía ser resuelto por Lesson, pero ya que “nadie había podido localizarlo hasta el momento”, recurrieron al General.
A regañadientes, Clim dejo un beso en mi frente y se marchó dejándome a solas con Cyna. Sentí entonces la ausencia de su calor, su embriagadora presencia que agitaba tanto mi corazón como mi mente. Tome asiento tras el escritorio y comencé a revisar mis documentos pendientes, pero Cyna se removió inquieta, extendiendo un incómodo silencio que dificulto concentrarme.
—¿Qué sucede, Cyna? —pregunté al fin.
—Hum… —titubeo, evadiendo mi mirada—. Entiendo que el General no puede permitirse ignorar las transgresiones de Lyssa, pero…
—¿Pero? —le inste.
—El rey le dio hasta el último día del año para pensar en su retorno, sí la castigan ahora no podrá estar a su lado el tiempo que le quede a su servicio.
¿Qué?
Me sentí demasiado aturdida hasta que Clim regresó, molesto, y Cyna fue por té y bocadillos.
—¿Acaba de huir? —preguntó, indicando las puertas.
—Aquí —dije, señalando entre mis cejas—, das un poquito de miedo.
Él llevó la mano a su frente, palpandose sin perder la mala cara mientras tomaba asiento en el sofá.
—¿Resolviste el problema? —le pregunté.
—Si… —titubeo—, más o menos. ¿Regresó Lesson mientras no estuve?
Sacudí la cabeza en una silenciosa negativa.
No necesitaba ser un genio para darme cuenta que habían cosas más apremiantes, y que era egoísta de mi parte querer mantener a Lyssa conmigo, pese a que todo apuntaba a que no sería así.
—Macy, ven —dijo Clim, palmeando el lugar a su lado.
Titubeé unos segundos. Lo que más deseaba era acurrucarme a su lado, ignorando todas las cosas terroríficas del mundo.
—Ven —insistió.
¿Qué me lo impide?, me pregunté.
Tomando aire, cogí un montón de papeles y fui a su lado, deje los papeles sobre la mesita y me recargue en su costado. Él deslizó su brazo por mi espalda, abrazándome y dejando su mano en mi cadera. Mi corazón latió contento, quizá demasiado aliviado y ansioso.
—Habla conmigo, Macy —dijo—. ¿Qué te preocupa?
“Demasiadas cosas”, quería responder. Tantas que tardé más de un minuto en escoger la primera.
—¿No sería mejor contarle a todos? —pregunté—. Es peligroso, un ser demasiado malévolo como para dejarlo libre…
—Macy…
—¡Debemos encontrarlo! ¡Averiguar qué planea y detenerlo! ¡Seguramente tiene muchos cómplices, no podemos…!
—Cariño —dijo él, sosteniendo mi rostro entre sus cálidas manos—. Creeme, quiero encontrarlo tanto como tu, pero la única pista que hallamos fue un camino escarpado detrás del castillo, que llevaba hacia el acantilado. El bastardo cubrió muy bien sus huellas.
Agh.
Aparté mi rostro, sintiendo que resurgía el enfado mezclándose con el miedo. No podía imaginar nuestro futuro con claridad, todo estaba empañado por la incertidumbre, por el peligro que suponía ese hombre y mis deseos alzándose entre las mil y un obligaciones.
—Cliiiim —gimotee, deslizando mis brazos a su alrededor en un abrazo que me devolvió.
—Todo estará bien —dijo contra mi cabeza, y pude escuchar su sonrisa cuando agregó—; resolvamos una cosa a la vez.
Una frase que solía decir el maestro, y que plantó una sonrisa en mi rostro.
—Ejem. ¿Interrumpo? —preguntó Cyna desde las puertas.
—Todo bien, Cyna —le respondió Clim.
Me aparté a regañadientes, con las mejillas un poco calientes y un poco más que frustrada. Acomode mis faldas sobre el sofá, mientras Cyna servía el té y dejaba un trozo de tarta de arándanos frente a mi.
—¿Y esto…?
—Lady Noemia se lo envía. Dice que vendrá a verla en cuanto tenga tiempo, y que si el General la molesta no se contenga —dijo ella, claramente suavizando el mensaje.
—Esa mujer es una entrometida —gruñó Clim, alcanzando su taza de té.
—No digas eso, Noemia se preocupa por mi… —le regañé, mientras él llevaba el té a su boca—, y sabes que con razón.
Casi se ahoga con el té. Murmurando una maldición dejó la taza sobre la mesita, y tras toser aclarando su garganta, me miró con una mueca.
—Lo siento —dijo.
Suspiré, soltando la tensión, y asentí queriendo dejar cualquier conflicto atrás. Alcance mi taza, sintiéndome incómoda bajo la insistente mirada de Cyna.
—Ya suéltalo —le dijo Clim.
No con un tono especialmente molesto, más bien parecía cansado.
—Bueno… —comenzó Cyna—. Entonces, ¿ya son pareja?