Agua en sus venas (radwulf 3)

CAPÍTULO IX

Los lastimeros gimoteos fueron apagados por las puertas que Lady Wet de Minkah cerró. Volteo con una sonrisa “felina” tirando de sus labios, y caminó por el pasillo tarareando una melodía. La conocida Regwos nahé, originaria de Quajk.

El distrito de Minkah, al otro lado del río Onode, se alza como una última mancha de profundo verde antes del comienzo de las áridas tierras, de las cuales gran parte pertenece al distrito de Ghnom. Enfocado en la silvicultura y la alfarería, fue bendecido con un gran desarrollo económico y social, muy cerca del nivel que ostentan Ro´ime y Tallneh. Mientras que Onode, al otro lado del antiguo puente que le conecta con Minkah, no ha sido tan bendecido. La población se mantiene estable, la economía no crece mucho y la agricultura se limita al cultivo y recolección de frutos cítricos. Es por ello que era normal ver a sus habitantes cruzar hacia la vecina Minkah, en busca de nuevas oportunidades.

Cuando los Monstruos del Abismo se alzaron como una amenaza, se previó un incremento en la afluencia migratoria. No obstante, sólo fue así durante un par de años. Para sorpresa de la sociedad, la migración habitual se invirtió. Las miles de personas que cruzaron hacia el oeste, regresaron junto a otros tantos miles, especialmente ancianos y niños. Y durante al menos cinco años, un estimado de dos mil personas desaparecieron sin dejar rastro.

¿Qué sucedió?

Las personas tienen tanto miedo como ansias por encontrar una explicación, y algunos valientes se atrevieron a escribir al rey. Así fue que Ambon supo de los extraños sucesos y tomó la decisión de enviar a su Virreina. No a Macy, su Virreina. Uno de los tantos deberes que corresponden a su título, incluye actuar en nombre del rey y ordenar detenciones por sobre cualquier reglamento militar.

Algo que Amace sabía muy bien.

La posibilidad de encontrar alguna pista de aquel monstruo que la aprisionó, o quizá, atraparlo en el lugar, podía tomarse como una prueba de su valía. Aunque otros dirían que era una manzana colgada frente a su rostro, tentándola.

Hazel de Duhjía, la reina, estaba al tanto de la situación y era muy consciente de que no podía decirle nada a Clim. Era indudable la explosiva reacción que tendría. Como su amiga, comprendía las razones que podían empujarlo a no escuchar, a correr tras su pareja y protegerla, más allá de toda queja por parte de la misma.

Sentada junto a su esposo, en un salón del ala perteneciente a la familia real, ella pensaba en aquello cuando Lesson llamó a las puertas.

—Buenos días, su alteza, su majestad —saludó sonriente.

Intercambiaron cortesías y él tomó asiento frente a ambos, dejando los documentos que traía consigo sobre la mesita en medio. No tenía intenciones de entretenerlos por mucho tiempo, así que fue al grano;

—Terminé con las últimas revisiones del plan de entrenamiento para los Tamers, su majestad. Adecue los cambios que usted sugirió, implemente algunas sugerencias de los documentos de Lord Balkar y comprobé con Lyssa que los ejercicios son adecuados.

—Esas son buenas noticias, Lesson —asintió Ambon, cogiendo los documentos para leerlos con detenimiento.

—Así es. Sólo falta preparar la plantilla del primer grupo y escoger una fecha de incorporación —dijo Lesson, incapaz de ocultar su emoción.

Tras la boda entre Hazel y Ambon, comenzaron a aparecer las criaturas místicas a lo largo y ancho de Radwulf. Seres creados por los dioses, como compañeros de almas afines y especiales. Desde la fundación del reino y durante siglos, fueron poderosos aliados y protectores, alabados como héroes hasta su declive… Décadas después de que los Bletsun fueran declarados como “no gratos”.

Su resurgimiento, era tanto una buena como mala noticia. Y la primera Tamer registrada, fue una joven que la reina llevaba en su corazón.

—Pero la señorita Raisa todavía no podrá iniciar su entrenamiento —se lamentó Hazel.

—Me temo que no podemos hacer una excepción, su alteza —dijo Lesson.

—Si te preocupa tanto, podría contratar a alguien para que le de lecciones privadas —dijo Ambon, dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de evitarle preocupaciones o disgustos.

Para él, era una necesidad por encima del deber, procurar el bienestar de su embarazada esposa.

—Es una buena idea, pero primero le preguntaré, ¿si? —asintió ella, sonriéndole contenta.

El ambiente amoroso de la pareja, fue incómodo y triste para Lesson. A pesar de que solo transcurrió un día desde la última vez en que había abrazado a Lyssa, él la extrañaba. Mucho.

—Bien, con su permiso…

—Un momento —le detuvo Ambon, antes de que hiciera algo más que ponerse de pie—. Alerta a algunos soldados de confianza, quiero que mantengan un ojo sobre Clim. Temo que podría ceder a su preocupación por Amace e ir tras ella.

—¿Qué dices? No es un niño, Ambon —le regaño Hazel, pese a ser consciente de que tenía razón en preocuparse.

—Lo sé, cariño —suspiró el rey—, pero sabes que cuando se trata de ella…

Los tres sabían que no sería fácil detenerlo.

—Mantendré un ojo sobre él —asintió Lesson, y tras una reverencia, se fue.

Sólo los Dioses pueden saber qué sucederá en el futuro próximo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.