El grupo de la Virreina llegó a Onode aquella tarde, y siguiendo las órdenes del rey, se dirigieron hacia el palacete de esa ciudad en lugar de ir hacia Minkah. Pese a que ante la sociedad aquella acción podía interpretarse como un desplante contra el Alcalde, Lord Evron y su esposa, Lady Wet. La respetuosa actitud de la esposa del Alcalde, Lady Bashe y sus empleados, quienes se inclinaron ante la Virreina y guiaron a sus escoltas a las habitaciones preparadas, era una señal de apoyo a la Virreina y su misión.
Por supuesto, Macy creía que era una decisión bastante arriesgada. Pese a que el rey había insistido en que sería más seguro para ella, dadas las circunstancias, le costaba trabajo dejar a un lado las instrucciones de su maestro.
Sin embargo, todos los habitantes de la zona estaban al tanto de que el Alcalde de Minkah no estaba en condiciones para ejercer sus deberes. A los ojos de la sociedad, era la razón por la que su majestad decidió enviar a la virreina. Y en el fondo, los susurros temerosos contaban una historia más siniestra.
La habitación de invitados que habían preparado para Amace, se ubicaba en el ala sur del palacete. Ella entró y tomó asiento en un sofá individual junto al gran ventanal, siendo seguida por Lyssa, a quien le correspondía estar a su lado mientras los demás dejaban sus cosas en sus habitaciones. Un agradable aroma a rosas fue arrastrado por la brisa hacia el interior, y la doncella que le servía una taza de té, comentó;
—A Lady Bashe le gustan las rosas, por lo que plantaron muchas en el jardín central.
—Huele bien —dijo Lyssa.
—Así es —Macy asintió y preguntó a la doncella—. ¿También tienen un invernadero?
—Si, por supuesto. Lady Bashe puede disfrutarlas durante todo el año —asintió efusivamente—. Puedo guiarle hacia él cuando guste, aunque es probable que Lady Bashe quiera mostrarselo por sí misma.
Macy agradeció su asistencia y la despidió, junto a la doncella que había acomodado sus pertenencias en la alcoba contigua, prefiriendo beber su té y descansar con la familiaridad y serenidad que le transmitía Lyssa.
Ella le ayudó a entender y asimilar las diferencias entre sus cuerpos femeninos, y los cuerpos masculinos del promedio militar. Por supuesto, Macy no se consideraba a sí misma un miembro de las fuerzas armadas de Radwulf. Tan sólo seguía las enseñanzas de su maestro, quien le había recalcado más veces de las que podía recordar, que la condición física de un Bletsun es importante, y que el entrenamiento militar es una forma efectiva de mantenerse estables.
La experiencia ganada por Lyssa en las catacumbas, era una de las razones por las que Clim estaba a pocos meses de nombrarla como una de sus Comandantes Mayores.
—¡Milady! —canturreo alegremente Wills, irrumpiendo en la habitación.
—Mayor Wills, no sea grosero —le regañó Lyssa.
—A milady no le molesta —refutó él, y cerrando la puerta a su espalda, se acercó a Macy—. ¿Verdad?
—Está bien —ella le resto importancia y dio otro sorbo al té.
—¿Ves? —le sonrió a Lyssa, irritándola.
—No peleen —les amonestó Macy,¿ dejando la taza ya vacía sobre la mesita, y le pregunto a Wills—; ¿Por qué viniste?
—Oh, cierto. Me encontré con Lady Bashe y dijo que su esposo ya terminó con el papeleo. Que ya puede recibirla en su oficina —dijo, y Lyssa le arrojó una almohada al rostro.
Ignorando los pucheros de Wills y el ceño fruncido de Lyssa, Macy se puso de pie y llenó sus pulmones del aire con aroma a rosas.
Debía continuar su misión.
Fue Wills quien le escoltó hacia la oficina del alcalde, dándole así tiempo a Lyssa para que tomara un descanso y ordenara su equipaje. El hombre la esperaba con sus puertas abiertas, bocadillos y tazas de humeante té.
—Bienvenida, su excelencia Lady Amace. Y disculpeme, por favor. He sido terriblemente descortés —fue lo primero que le dijo, inclinándose profundamente—. Debí recibirle en las puertas, como dicta el protocolo y las buenas costumbres…
—No piense en ello, Lord Richard —dijo Macy, restándole importancia—. Comprendo su posición y lo que conlleva.
—Gracias, su excelencia. Por favor, tome asiento. Estoy a su entera disposición —dijo señalando el sofá frente a él.
Ambos se sentaron, y Macy se dispuso a ir directo al asunto.
—Hábleme sobre Lord Evron —le pidió.
—Por supuesto —asintió él—. Evron y yo hemos sido amigos desde la infancia. Nuestros padres tenían una relación comercial, así que convivimos gran parte de nuestras vidas… Él solía ser carismático y gentil, un noble ejemplar. Al menos, hasta que su primera esposa falleció poco después de la aparición de los Monstruos.
»Desde entonces él cambió. Se volvió retraído y huraño. Creí que era por el duelo… envió a su hija menor lejos, a casa de una tía en Ro´ime y expulsó de su hogar a su hijo. Un par de años después se casó con Wet de Minkah. Una mujer que bien podría ser su hija, para serle sincero.
»Casi dos años después, fue escogido como Alcalde. Cosa que me tomó por sorpresa, puesto que nunca se había interesado por la política. Fue Lady Wet quién se involucró en las reuniones sociales, en los orfanatos y asociaciones diversas. “Se hizo escuchar por el pueblo”, como se suele decir.
—¿Por qué los habitantes de Minkah no la escogieron a ella como Alcaldesa? —le pregunto Macy.
—No lo sé con certeza, su excelencia. Pero estoy bastante seguro de que se debió a la propia decisión de Lady Wet, quizá… la obediencia con que todos en Minkah inclinan sus cabezas hacia ella…
Con una risita nerviosa, Lord Richard alcanzó su taza y dio titubeantes sorbos al té en su interior. Sabía que la Virreina tenía el deber de tomar muy en serio sus palabras, aún si fuesen mentiras, en su posición, ella no podía dejar fuera ni siquiera aquello tachado como “meros rumores”.
—Toda información es valiosa —dijo ella, recordando las palabras de su maestro—. Incluso los rumores más absurdos guardan información veraz.